Desmintiendo a mercenarios chavistas que diseminan fake news

El chavismo les pagó alojamiento en el hotel Gran Meliá Caracas, con comidas incluidas, pasajes, traslados y hasta escoltas en el país con una de las ciudades más inseguras del mundo.

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El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias (i), y el diputado de la formación Diego Cañamero (2d), durante la presentación del libro «La clase obrera no va al paraíso. Crónica de una desaparición forzada», junto a los autores Ricardo Romero (2i) y Arantxa Tirado (d). EFE/Fernando Villar

Desde hace unos días políticos e influencers (influenciadores) de izquierda de diferentes partes del mundo se dieron a la tarea de compartir desde sus redes sociales videos en los que algunos calificandose como «turistas» mostraban «la verdadera realidad de Venezuela», y en los que «desmentían» que el país vive bajo una dictadura y enfrenta una crisis humanitaria causada por el socialismo.

Sin embargo, y como ya es costumbre, estos líderes y medios no se dieron a la tarea de analizar por qué, casualmente, se presentó una avalancha de videos y notas en los que se intenta legitimar al régimen de Maduro. Pues el PanAm Post no solo se dio a la tarea de hacer lo que la izquierda no hizo, sino que también quiso mostrar algunos aspectos de lo que realmente ocurre en Venezuela.

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La dictadura de Maduro, con el objetivo de ocultar la grave crisis humanitaria que vive Venezuela, contrató a 30 «invitados internacionales» (los que se hacen pasar por simples turistas) a los que les fue encomendado crear una serie de videos y notas para engañar a la opinión publica sobre lo que ocurre en el país suramericano.

A estos «turistas»,  el chavismo les pagó alojamiento en el hotel 5 estrellas Gran Meliá Caracas, con comidas incluidas, pasajes, traslados y hasta escoltas del Sebin, la policía política del régimen, en el país en una de las ciudades más inseguras del mundo.

Los 30 «invitados», aliados todos de partidos y movimientos de izquierda, fueron contratados para desvirtuar la crisis en Venezuela, grabar videos tratando de desmontar la crisis humanitaria y hacer creer ante el mundo que el país suramericano está «en perfectas condiciones».

Mientras un venezolano de a pie tiene prohibido grabar videos adentro de locales comerciales para mostrar la escasez de alimentos y medicamentos, con el peligro de ser arrestado y condenado a prisión, estos «comunicadores» del chavismo sí pudieron hacerlo bajo el auspicio del régimen dictatorial.

Arantxa Tirado, una supuesta turista española que llegó a Venezuela, generó gran polémica después de haber subido varios videos de una supuesta “Venezuela normal”, un país que, según ella, no necesita ayuda humanitaria y no vive bajo un régimen dictatorial.

Para Tirado y el resto de los 30 invitados, que existan restaurantes de comida rápida como McDonald’s en Venezuela es síntoma de que un país está «normal».

Esta manipulación no fue pasada por alto por la eurodiputada y compatriota de Tirado, Beatriz Becerra, que le repostó con dureza en su cuenta Twitter.

Y es que la verdad, no obstante, es que en Venezuela las pocas empresas privadas que quedan solo intentan sobrevivir ante la crisis. La mayoría de los negocios se encuentran vacíos, y los precios de los productos superan el sueldo mínimo de un venezolano.

Tirado, auspiciada por el chavismo, logró grabar un video en Farmatodo, una de las cadenas de farmacias más grandes de Venezuela, que a simple vista se observaba llena de productos. Sin embargo, lo que ella no mostró es que los anaqueles solo estaban llenos de un mismo artículo, demostrando que en el país suramericano no hay variedad de productos y servicios y además, tampoco hizo zoom-in para mostrar los precios exhorbitantes en medio de una hiperinflación única en su historia y con una inflación diaria que supera el 4%.

Gonzalo Martín, venezolano, y reportero gráfico colaborador del PanAm Post en Venezuela, demostró a través de las redes sociales la contraparte de lo reflejado por los invitados de Maduro. Mostró cómo un centro comercial en el país suramericano se encuentra vacío, con tiendas sin clientes ni compradores, porque en Venezuela salir a pasear, recrearse o comer en restaurantes se ha convertido en un lujo.

El sueldo mínimo en Venezuela son 18 000 bolívares (USD 6), mientras que un combo en McDonald’s, por ejemplo, cuesta mínimo 11 000 bolívares (USD 4), lo que significa que si un venezolano come una vez en el mencionado local de comida rápida, no podrá cubrir el costo la canasta básica en el país suramericano. A esto habría que adicionarle que el salario mínimo mensual no permite cubrir los alimentos de una semana.

En socialismo los «negocios tratan de sobrevivir con muy pocos clientes, precios exorbitantes por los costos cambiarios, centros comerciales con tiendas desoladas y con gente que pasea con manos vacías sin compras en las manos», demostró Martín en sus videos.

Mientras los invitados del régimen intentan mostrar una Venezuela pujante, que, por cierto, desmentiría la supuesta guerra económica de Maduro, las principales zonas comerciales de Venezuela y los negocios de la ciudad bajan sus santamarías desde muy temprano para evitar que la delincuencia les quite lo poco que tienen y ante la falta de mercancía para los usuarios.

Para desmentir a Arantxa Tirado, Martín también se acercó a las 15:00 horas al bulevar de Sabana Grande, una de las principales zonas comerciales de Caracas. Allí solo se encontró con negocios cerrados y una tétrica soledad en las calles.

«Debo reconocer que hacer este vídeo hoy en pleno bulevar casi me cuesta en dos oportunidades que el celular me fuese arrebatado (…) calculé un 35 % de comercios cerrados; luego me encontré con que casi todas las calles transversales tenían este panorama. Lo que hace unos años era una pujante zona comercial hoy se extingue poco a poco» señaló a través de las redes sociales.

Pero ninguno de estos «invitados» del chavismo pudo acercarse a ningún hospital en Venezuela donde no hay insumos para tratar simples afecciones. Tampoco retrataron la cantidad de personas que actualmente se alimentan de la basura porque no tienen qué comer.

Mientras en Venezuela recientemente murieron once niños por vómitos y diarrea (enfermedades fácilmente tratables en países con medicinas básicas), y pacientes con apendicitis se encuentran al borde de la muerte, el régimen usurpador asegura que la crisis humanitaria es un “show” auspiciado por Estados Unidos y sus aliados.

Además, el país suramericano tiene la inflación más alta del mundo, los salarios más bajos de la región y una escasez de alimentos y medicamentos que superan la economía de un país en guerra.

¿Quiénes son los invitados de Maduro?

Los invitados del chavismo fueron argentinos, españoles, bolivianos y cubanos, en su mayoría miembros de organizaciones de izquierda.

En la habitación 1102 del gran Hotel Meliá, se alojó Arnold August, periodista de Canadá, defensor del régimen castrista de Cuba y el de Venezuela.

En el mismo piso se alojó Esteban Silva Cuadra, chileno, del Movimiento del Socialismo Allendista, que dedica sus redes sociales a mostrar sus fotos en compañía de Jorge Arreaza, canciller del régimen usurpador de Maduro.

También fue invitado Fernando Casado, profesor español que en redes sociales dice que “Maduro es un ejemplo para los pueblos del mundo”.

Otro invitado es Israel Arkonada Gomes, un fugitivo de la justicia española por su larga historia de apoyo a la ETA. Ha trabajado para Evo Morales, Maduro y, ahora, se convirtió en asesor del partido de López Obrador en México.

Según pudo constatar el PanAm Post en la página del hotel en donde el régimen alojó a sus invitados, cada noche costó USD $117, más impuestos, lo que por cuatro noches significó por invitado USD 542,88. Esto por los 30 «periodistas» tuvo un costo total de USD 16.286.

De acuerdo con la periodista Elizabeth Fuentes, «las comidas y bebidas consumidas en el hotel también corrieron por cuenta del Gobierno, lo que significó un promedio de gastos en comida -por cada invitado y durante los cuatro días que estuvieron en Caracas- de otros 1.308.000,00 Bs.S»,q ue en dólares serían 397,28 por persona, lo que significa que el costo total por alimentación, por los 30 invitados, fue de USD 11 918, lo que da un total de 28 204 por cuatro días por los 30 invitados.

Esto quiere decir que cada periodista, por cuatro días, sin saber cuánto les proporcionó el régimen para el resto de sus gastos fuera del hotel, contó con aproximadamente USD 940. Esto, reiteramos, en un país donde los ciudadanos tienen que aprender a sobrevivir con USD 6 mensuales.

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