Detrás del diálogo: analistas explican cómo Maduro gana tiempo en el poder

Cristopher Figuera, exjefe de la policía política de Nicolás Maduro, confirmó que "Maduro es un estafador y utiliza el diálogo como válvula de escape"

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Mientras Noruega exige discreción, nadie conoce nada y solo se sabe cuándo se dan los encuentros, entre tanto el régimen de Maduro sigue violando los derechos humanos y mostrando su talante represivo ante Venezuela y el mundo (Fm laser)

Acabó en Barbados la jornada de diálogo entre el chavismo y el presidente (e) de Venezuela, Juan Guaidó; sin embargo no se conocen avances, se mantiene el hermetismo y lo único evidente es que Maduro se mantiene en el poder ganando tiempo.

Cristopher Figuera, exjefe de la policía política de Nicolás Maduro, el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), confirmó lo que se ha convertido en un secreto a voces: Maduro es un estafador, utiliza el diálogo como válvula de escape cuando se encuentra acorralado.

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En una entrevista para el diario español El País, Figuera, quien fue un hombre cercano al dictador confesó: » Maduro habla de diálogo cada vez que se encuentra acorralado. Por eso digo que es un estafador. Él lo que quiere es seguir en el poder. Maduro lo está utilizando (el diálogo) como una válvula de escape. El diálogo debe darse para restituir la democracia, pero Maduro no debe estar. Es una maniobra para ganar tiempo. Está haciendo cualquier cantidad de marramucias, diríamos en Venezuela, para ganar tiempo y permanecer ahí».

Este miércoles 10 de julio en Barbados terminó una jornada de reunión en el marco del intento de diálogo. El encuentro se caracterizó por el hermetismo, donde nadie conoce qué está pasando o qué se negocia puertas adentro. En esta oportunidad ni la prensa ha podido tener información extraoficial al respecto.

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Los aliados de Guaidó han rechazado el diálogo con el chavismo pues Maduro ha violado todos los acuerdos en negociaciones previas, y ningún encuentro ha sido positivo para el país; por el contrario el régimen sigue en el poder.

¿Por qué se dice que cada diálogo fortalece a Maduro y le otorga más tiempo?

La dictadura en Venezuela ha encontrado la fórmula para retrasar sanciones internacionales en su contra; mientras afirma que está dispuesta a negociar, dialogar y conversar con Guaidó, distrae a la comunidad internacional del principal objetivo: salir del régimen que ha causado la mayor crisis humanitaria de la región y el mayor éxodo de refugiados en la historia de América Latina.

Celia Mendoza, periodista de la Voz de América, quien se encuentra en Barbados dando cobertura a los diálogos mediados por Noruega informó a PanAm Post que posiblemente las conversaciones continúen el próximo lunes.

«Uno de los miembros de la mesa de trabajo de Guaidó me decía que el mecanismo es continuo, se divide en jornadas y reuniones», explicó.

«Tendría sentido que se mantenga el mecanismo de Noruega, esta jornada que acabó sería la de Barbados, pero existe la posibilidad de que inicien otras jornadas, en otros espacios y momentos. El mecanismo continuaría el lunes, pero como mecanismo con los mediadores de Noruega viajando a Caracas. Me dicen que a Maduro le interesa esto por lo de las sanciones porque siente que no tiene el poder o la fuerza», señaló la periodista.

Y es que hablar del mecanismo de Noruega significa más tiempo con Maduro en el poder. Pasa el tiempo, pasan las jornadas, las negociaciones herméticas y no se ven los avances; entre tanto, la comunidad internacional, sobre todo la Unión Europea han preferido postergar las sanciones.

Jorge Tricás, profesor de Sociología Política de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), explicó a PanAm Post que con los diálogos lo único que se ha logrado es que el chavismo gane tiempo e imagen.

«Lo que está en juego es prolongar la estancia de la tiranía en el aparato del Estado. Si tú planteas unas elecciones en 9 meses significa que ya Maduro ha ganado tiempo. Pero lo importante es que aquí ganar tiempo supone ganar imagen. El chavismo quiere mejorar la imagen y cuando tú aceptas y promueves ir a un diálogo conviertes al enemigo en justo y razonable», explicó el especialista.

Tricás señaló que con las negociaciones, Maduro pasa de ser criminal a un «enemigo razonable» y esa es una imagen que te da tiempo.

«No se trata de un diálogo cuando el oficialismo no está dispuesto a ceder. Cuba por ejemplo tiene una imagen bondadosa internacional con el deporte o la cultura, pero esa imagen no se corresponde con lo que sucede en la isla, y eso es lo que quiere lograr la tiranía con estas reuniones en Barabados», agregó Tricás.

Maduro quiere parecer negociador y bondadoso, pero mientras habla de la necesidad de sentarse a hablar, por el otro lado asesina al capitán de corbeta, no le entrega el cuerpo a sus familiares y le arrebata la vista a un niño de 16 años.

«No se entiende como se dialoga con gente que mientras dice que está dispuesto a conversar, al mismo tiempo asesina y le arrebata la vista a un niño», señaló.

El especialista agregó que «esos encuentros generan unas expectativas falaces . Al final siempre nos quedamos con lo mismo, las expectativas se ven frustradas, nos quedamos con las manos vacías y un tiempo perdido», sentenció.

D´mar Córdoba Salamanca, abogado Constitucionalista colombiano dijo a PanAm Post que la negociación anunciada entre el chavismo y la oposición no es un buen augurio.

«Pienso que la estrategia siempre será la misma y es darle oxígeno y más oportunidades de visibilización al narcogobierno de Nicolás Maduro como lo hicieron con las FARC. El acuerdo de paz en Colombia se convirtió en un blindaje a los terroristas de las FARC y lo mismo puede suceder con la dictadura», agregó.

Hay que recordar que según informó la emisora pública noruega NRK, los contactos “ocurrieron en Cuba antes y han continuado durante mucho tiempo”, y hasta ahora no se ven avances en relación con Venezuela.

Diálogos infructuosos

El Venezuela existe el temor de que Guaidó esté dispuesto a negociar en condiciones deplorables o que acepte un acuerdo inaceptable, tal y como iba a hacerlo el pasado 30 de abril cuando se conoció la existencia de un diálogo con el chavismo, en el que el ilegítimo Tribunal Supremo de Justicia se mantendría al mando del Poder Judicial a pesar de haber violado constantemente la Constitución.

En enero de 2017, la oposición venezolana aseguró que no participaría más en negociaciones si el régimen no cumplía con los compromisos adquiridos, entre ellos la liberación de presos políticos, la aceptación de ayuda humanitaria y la presentación de un calendario electoral. Sin embargo, la dictadura no cumplió, y pese a ello la MUD ha cedido, con esta nueva negociación, tres veces más.

Y es que para Venezuela ha sido un “dolor de cabeza” cada intento de diálogo con el chavismo. Los presos políticos son usados como “fichas de ajedrez”, liberan a algunos y apresan a otros; es un efecto de puerta giratoria.

Con los pasados intentos de negociación solo se multiplicaron los presos de consciencia, la crisis humanitaria se agravó y la oposición quedó expuesta ante el mundo. Mientras más cedía, más se fortalecía el chavismo. Entre diálogo y diálogo la oposición optó por un referendo revocatorio que no tuvo éxito, porque fue desmontado inconstitucionalmente por la dictadura. En vez de exigir a toda costa que se ejecutara, la MUD lo dejó pasar.

Lo mismo sucedió con una prometida marcha al palacio presidencial de Miraflores, una manifestación exigida por el pueblo para presionar aún más al régimen de Maduro. Sin embargo, la misma MUD decidió posponerla bajo la excusa de un nuevo intento de diálogo con la participación del Vaticano. La dictadura no cedió, el Vaticano se paró de la mesa y la dirigencia nuevamente fue humillada.

Con el paso de los meses, tras ese intento fallido de dialogar, la población venezolana salió a las calles descontenta, a la que se sumó una vez más la dirigencia opositora. Luego de cuatro meses de manifestaciones, la brutal represión dejó como consecuencia más de 150 venezolanos asesinados a manos de cuerpos policiales y colectivos paramilitares del oficialismo, entonces surgió la necesidad de otras alternativas más radicales. De allí la celebración de un plebiscito en el que, primero, se rechazaría la Constituyente; segundo, se daría una exigencia a los militares; y tercero, un mandato a la Asamblea Nacional con la conformación de un Gobierno de unidad nacional a través de la renovación de los poderes; y además, una “Hora Cero” que nunca llegó.

El mandato de la población nunca se ejecutó: la ilegítima Constituyente sigue vigente y los militares no cumplieron con el resultado del plebiscito. Han pasado 168 días desde la juramentación de Juan Guaidó, y Nicolás Maduro sigue en Miraflores.

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