Perú supera los 100 000 casos de COVID-19 con un panorama desalentador

Perú fue el primer país de la región en decretar una cuarentena total a nivel nacional

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La situación es grave, y aunque Vizcarra ha mostrado optimismo, con el paso de las horas la crisis empeora. (Efe)

Perú, el segundo país de la región con más contagiados por coronavirus, acabó con las «buenas» expectativas del Gobierno de Martín Vizcarra. Esto en medio de una cuarentena que ha sido violada de manera masiva bajo un Ejecutivo de manos atadas.

Los hospitales de la nación inca están al borde del colapso. Ya hay más de 100 000 casos y unos 3 000 muertos. Una situación que ha puesto en jaque a la población de ese país, a su Gobierno y a su economía.

Las autoridades destacan que el país hizo más de 700 000 pruebas para detectar el virus, pero entonces ¿cómo Perú llegó hasta ese punto?

Después de que el presidente Vizcarra decretara cuarentena obligatoria el pasado 16 de marzo, el número de peruanos que sale a las calles es cada vez mayor y con ello el aumento de los casos. Pareciera que la medida implementada por el Gobierno no ha servido de mucho y solo ha dejado desempleo y miles de empresas al borde de la quiebra.

Perú fue el primer país de la región en decretar una cuarentena total a nivel nacional, pero se ha convertido en el segundo país de Latinoamérica, después de Brasil, con más casos de contagio de COVID-19.

En las últimas 24 horas hubo 4 537 nuevos casos, el segundo aumento más alto en un solo día en lo que va de la pandemia. El miércoles ocupó el lugar 12 en el mundo en número de diagnósticos confirmados, por encima de China continental y debajo de India.

Aunque hubo una cuarentena temprana, Perú es un país con 70 % de informalidad donde millones de ciudadanos viven de los ingresos que generan día a día. Esta situación ha hecho imposible que la cuarentena se cumpla a cabalidad: «Si no morimos por el coronavirus moriremos de hambre, necesito trabajar», dijo un ciudadano del sector informal al PanAm Post.

Aunque al iniciar la pandemia los primeros contagios se vieron alrededor de la clase media, esta se ha difundido en los sectores más populares. De hecho, según estudios del mismo Gobierno, los hospitales, mercados populares, bancos y transporte público son los principales focos de contagio en el país.

Las clases en instituciones públicas y privadas han sido paralizadas, el sector comercio está prácticamente inactivo a pesar de que poco a poco se van reactivando los servicios de entrega a domicilio. Entretanto, las estimaciones indican que en el país habrá unos 6 millones de desempleados.

De acuerdo con estimaciones de José Ignacio Beteta, presidente de la Asociación de Contribuyentes del Perú, «probablemente un millón de microempresas o emprendimientos pequeños podrían quebrar este año».

«En Perú hay 4,5 millones de trabajadores formales, de los cuales aproximadamente 700 mil perderían el empleo. Además, de los 12 millones de trabajadores informales, podrían perder el empleo el 50 %, lo cual implicaría que más de 1 millón de micro y pequeñas empresas quiebren». Y agregó que estos aún son «números muy conservadores».

Por otro lado, el sector salud ya llegó a la «fase de selección». Médicos intensivistas aseguran que «no reciben adultos mayores en cuidados intensivos» y que solo aceptan a personas con «mejor pronóstico». La situación es grave, y aunque Vizcarra ha mostrado optimismo, con el paso de las horas la crisis empeora.

Sin la esperanza de sobrevivir al virus

Un reportaje publicado por El Clarín refleja la realidad: enfermos infectados y desesperados por atención médica han decidido acabar con sus vidas. El artículo hace referencia a Faustino López, un peruano de 68 años que tras no recibir los cuidados necesarios para atender el coronavirus decidió suicidarse.

«Desesperado, tocó las puertas de un albergue estatal donde se recuperan casi 2 000 enfermos del virus. No fue aceptado porque no había sido referido desde un hospital. Retornó a su hogar y la madrugada del 5 de mayo bebió ácido muriático y se ahorcó con un cable de electricidad», reseña Clarín.

«Ricardo Noriega, vendedor de ropa de 77 años, no encontró un taxista que lo llevara al hospital cuando enfermó y ningún familiar estuvo disponible. Entonces, se sentó en el sillón principal de su sala y falleció mirando una pared donde tenía colgadas las fotografías de su familia», revela el reportaje.

Debido al aumento de la mortalidad, las autoridades han instalado casi dos decenas de contenedores marítimos en los hospitales de Lima en donde mantienen los cadáveres a cero grados.

Entre tanto, hay 7 533 pacientes hospitalizados con COVID-19, mientras crematorios trabajan día y noche para incinerar a fallecidos y se forman filas de carros fúnebres afuera de algunos hospitales.

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