Militares de Maduro violan territorio brasileño: entraron disparando contra indígenas

Los uniformados buscaban amedrentar a un grupo de indígenas que ha venido pronunciándose por las precarias condiciones en las que se encuentran

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Militares venezolanos cruzaron la frontera hacia Brasil disparando contra indígenas pemones (Wikipedia)

Militares venezolanos cruzaron la frontera hacia Brasil disparando contra una comunidad de indígenas pemones que logró neutralizarlos.

El grupo de militares cruzó la frontera para atacar a los indígenas venezolanos; sin embargo la «jugada» les salió al revés, pues los funcionarios terminaron amarrados y bajo custodia de los pemones hasta que llegaron las autoridades brasileñas.

De acuerdo con el portal El Pitazo, los uniformados buscaban amedrentar a un grupo de indígenas que ha venido pronunciándose por las precarias condiciones en las que se encuentran, debido al cierre de la comunidad por el COVID-19.

Como los militares no encontraron a los indígenas, cruzaron hacia territorio brasilero y fue allí cuando los pemones que permanecían escondidos decidieron defenderse junto a pemones brasileños que también fueron atacados.

«Los golpearon en defensa de los otros indígenas, amarraron y mantuvieron bajo custodia en el límite brasilero durante toda la noche», señala El Pitazo.

No es primera vez que militares venezolanos cruzar ilegalmente la frontera hacia Brasil e irrumpen en territorio ajeno. En diciembre de 2019 el Ejército brasileño retuvo a cinco uniformados venezolanos que se encontraban en una reserva indígena. Se desconoce si eran soldados desertores del régimen de Nicolás Maduro.

Persecución indígena

El régimen de Nicolás Maduro se ha caracterizado por perseguir a las comunidades indígenas del país, sobre todo a aquéllas ubicadas en el Arco Minero de Venezuela, donde la tiranía comete un ecocidio explotando minerales como el oro y el coltán.

Un reciente informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ACNUDH), Michelle Bachelet, presentado ante el Consejo de Derechos Humanos hace referencia al sistema de abusos y torturas del régimen venezolano en el arco minero del Orinoco.

En abril de 2019 se conoció que unos 900 indígenas venezolanos huyeron de la violencia y la minería ilegal en Venezuela, buscando refugio en Brasil.

De acuerdo con Olnar Ortiz, representante para comunidades indígenas de la ONG Foro Penal, el éxodo se aceleró tras la muerte de siete miembros la comunidad indígena de Kumarakapay, en el fronterizo estado Bolívar (sur), durante el fallido intento de pasar por la frontera donaciones de Estados Unidos en alimentos e insumos médicos el pasado 23 de febrero de 2019.

Ortiz destacó que el desplazamiento de comunidades indígenas venezolanas hacia Brasil está igualmente relacionado con la acción de grupos armados que se disputan el control de la minería ilegal en Bolívar.

Hay violaciones de los derechos colectivos de los pueblos indígenas a sus tierras, territorios y recursos tradicionales. Han perdido el control de sus tierras, incluso debido a la militarización por parte de los agentes del Estado. Su presencia ha provocado violencia e inseguridad en sus territorios en los últimos años”, señaló esta organización en un informe presentado el pasado 5 de julio de 2019 a la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre Venezuela.

Régimen busca militarizar territorio indígena

El régimen de Nicolás Maduro busca desplazar a la comunidad indígena de las zonas ricas en minerales. Al parecer su intención es apropiarse de territorio donde pueda seguir explotando oro sin la mirada de las comunidades ancestrales.

El Arco Minero de Venezuela es el refugio de la corrupción y uno de los mayores crímenes ecológicos perpetrados por la tiranía de Maduro.  El Arco Minero se convirtió en el famoso mito de «El Dorado», donde el régimen de Maduro destruye la selva venezolana para apropiarse del oro y las piedras preciosas.

La tiranía ha concedido tierras vírgenes a China, Rusia, Turquía y hasta a guerrillas como el ELN o las FARC, para mantener su apoyo político y permanecer en el poder.

El Arco Minero del Orinoco está ubicado en este estado, y contempla una zona de 114.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente, ubicada al sureste de Venezuela, limítrofe con Brasil. Allí se extraen minerales como el carbón, el manganeso, oro, hierro, bauxita, cobre, níquel, diamante, fosfato, caliza, feldespato, dolomita, yeso, caolín, grafito y talco.

De acuerdo con un reportaje del periodista holandés Bram Ebus, las mafias, muchas de ellas dirigidas desde las cárceles, comenzaron a tomar el control de las minas venezolanas desde 2011, luego de que el régimen de Venezuela nacionalizara gran parte de su industria minera.

Explica Ebus que los militares venezolanos están clandestinamente involucrados en la industria ilegal del oro, apoyando a las pandillas a cambio de una parte de sus ganancias. “Los mineros pagan dinero de extorsión, conocido como vacuna, a los pranes o líderes carcelarios, a cambio de que se les permita trabajar”, señala el reportaje.

Las sangrientas batallas de las bandas rivales por el control sobre las minas han convertido a Bolívar en uno de los estados más peligrosos del país. Los cuerpos de mineros, criados por balas, se han convertido en una visión inquietantemente común. En este mundo, donde los asesinatos violentos y las políticas corruptas forman parte de la vida cotidiana, el Gobierno venezolano está tratando de atraer a las empresas mineras multinacionales, un movimiento que muchos temen puede minar aún más la integridad ambiental de esta remota región y exacerbar los abusos de derechos humanos.

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