Virales

Newsletter

Borrar el pasado confederado de Nueva Orleans es una mala idea

Por: Scott Myers - Dic 16, 2015, 11:59 am
The monument of Confederate General P.G.T Beauregard is one of four monuments targeted for removal by the mayor of New Orleans.
El monumento al general de la Confederación P.G.T Beauregard es uno de los cuatro monumentos que el alcalde de Nueva Orleans tiene en la mira para ser removidos. (@MrInternationl)

EnglishEste jueves, 17 de diciembre, el concejo municipal de New Orleans, Luisiana, decidirá el destino de cuatro monumentos construidos hace más de un siglo y dedicados a líderes confederados, que están distribuidos en puntos claves de la ciudad. La votación, que tendrá lugar en una reunión especial a las 10 a.m., llega seis meses después de que el alcalde, Mitch Landrieu, declarara que los monumentos son una “molestia” y llamó a retirarlos del espacio público.

La propuesta del alcalde es solo un ejemplo de los varios debates caldeados que se desarrollan a lo largo del país sobre el rol de símbolos históricos y nombres de áreas públicas, y el proceso mediante el cual se toman esas decisiones. Esto aplica especialmente sobre monumentos conmemorando individuos y causas que fueron considerados generalmente aceptados en el pasado, pero que no encajan con las normas sociales y culturales de la actualidad.

Landrieu hizo el anuncio en julio luego de que la legislatura de Carolina del Sur aprobara un proyecto para remover la bandera de batalla de la Confederación de los espacios públicos. La histórica legislación fue aprobada en reacción a la masacre de nueve personas negras que llevó adelante Dylan Roof, un autodenominado supremacista blanco, en la Iglesia Episcopal Metodista Africana Emanuel en Charleston.

Muchos le atribuyen la aprobación del proyecto a la increíble demostración de indulgencia de las familias de las víctimas hacia Roof, cuyas fotos (y el manifiesto racista) en las redes sociales lo mostraban posando con la polémica bandera.

Personalmente creo que la remoción de la bandera de la Confederación del Capitolio estatal fue una decisión correcta. Aunque estoy seguro que muchos en Carolina del Sur ven a la bandera como un símbolo de su herencia y un homenaje a sus ancestros —al igual que muchos otros sureños en la región—, hay muchos, si no una mayoría, que ven la bandera únicamente como símbolo de la opresión y el odio. Un símbolo que encierra tantas paradojas como este no debería flamear sobre el edificio del Gobierno donde se se supone que las voces de todos están siendo representadas.

Sin embargo, lo que propone el alcalde Landrieu en Nueva Orleans es claramente diferente y la forma en la que está avanzando hace esperar problemas. Los cuatro monumentos designados para ser trasladados son los que homenajean al presidente confederado Jefferson Davis, a los generales Robert E. Lee y P.G.T. Beauregard, y un obelisco en honor a los caídos de la Liga Blanca en la Batalla de Liberty Place. Este hecho tuvo lugar en 1874, durante el período de la Reconstrucción que sucedió a la Guerra Civil.

En un discurso a la ciudad el pasado 9 de julio, Landrieu dijo: “Este debate no es sobre ellos (aquellos homenajeados en el pasado); es sobre nosotros, el pueblo de Nueva Orleans y nuestra querida ciudad (…) mediante conversaciones facilitadoras (…) Nueva Orleans encontrará una forma para superar lo relacionado con los cuatro monumentos confederados”.

Sin embargo, la única manera de superarlo parece ser que es removiéndolos. Por primera vez desde que comenzó el proceso, este jueves, 10 de diciembre, el concejo celebró la primera audiencia pública sobre el tema. Mientras tanto, las “conversaciones” transcurren entre el alcalde y comisiones municipales, cuyos críticos afirman que está dominado por integrantes designados por Landrieu. Como señala el Baton Rouge Advocate, el proceso está siendo integralmente manejado por Landrieu de forma autocrática, y no de manera democrática, como pudimos ver en Carolina del Sur.

Desde el retiro de la bandera confederada en Carolina del Sur, una ola de presentismo sobre monumentos y designaciones de lugares públicos ha recorrido el país. Muchos nos preguntamos: ¿dónde marcamos la línea?

Recientemente, estudiantes de la Universidad de Princeton exigieron cambiarle el nombre del expresidente Woodrow Wilson a edificios del campus universitario debido a sus opiniones y acciones racistas durante su Gobierno (1913-1921). Durante el verano, estudiantes de la Universidad de Yale solicitaron renombrar el edificio que hoy lleva el nombre del ex vicepresidente John C. Calhoun (1825-1832). Un hombre de muchos logros y uno de los grandes estadistas de la historia de Estados Unidos, quien también resultó ser un ferviente defensor de la esclavitud. Para los estudiantes de Yale ya era demasiado para tolerarlo.

[adrotate group=”8″]

Siguiendo este criterio, ¿deberíamos considerar demoler el Monumento a Thomas Jefferson o renombrar Washington? Y aunque Thomas Jefferson y George Washington fueron fundamentales para la fundación del país y los principios que tanto valoramos hoy, ellos también eran dueños de esclavos.

¿Y el Monte Rushmore? ¿Deberíamos demoler la escultura mundialmente famosa del expresidente Theodore Roosevelt? Este hombre vivió de acuerdo a las reglas que estableció en su discurso en Nueva York de 1866: “Yo no iría tan lejos como afirmar que el único indio bueno es el indio muerto, pero creo que nueve de cada 10 ya están muertos y no me importa mucho investigar de cerca el caso del décimo”.

No quiero ser irónico porque estamos ante un caso muy complejo, pero la “conversación” que el alcalde Landrieu y los grupos estudiantiles quieren tener se mueve hacia esa dirección. Quizás el aspecto más dañino de la propuesta de Landrieu es la falsa antinomia que plantea: un voto por la afirmativa o la negativa para remover los monumentos”.

El hecho de que no existan planes alternativos propuestos por el Gobierno habla de la urgencia con la que fue presentada esta iniciativa. Indudablemente despierta dudas en torno a las verdaderas motivaciones del alcalde, las cuales, asumo, son bienintencionadas.

Nueva Orleans cumplirá su 300 aniversario en 2018. Es por lejos la ciudad más histórica de Estados Unidos. Como escribí anteriormente, su historia no solo define a la ciudad, sino que es el motor que la mantiene económicamente a flote. Detrás de toda esta historia y símbolos hay una ciudad con exceso de problemas. La mala calidad educativa, la violencia y la extrema pobreza han plagado a esta gran ciudad desde su fundación. ¿Demoler un par de estatuas mejorará algo de todo esto?

En 2012, en vez de retirar un controvertido monumento confederado, la Universidad de Louisville en Kentucky construyó el Freedom Park al lado de él, en homenaje a “la historia de los afroamericanos en Louisville y en la mancomunidad en ocasión de su lucha universal por la libertad”

Ahora locales y turistas podrán experimentar las valientes historias de incontables afroamericanos, y luego caminar unos metros y aprender sobre los hombres y las ideas que combatieron.

Y ahí es donde creo que la “conversación” debería comenzar en Nueva Orleans, porque, como Walt Whitman dijo: “en el momento que las historias son bien contadas no hay más necesidad para los romances”.

Traducido por Adam Dubove.