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Lo que tienen en común “Black Lives Matter” y la milicia de Oregon

Por: Scott Myers - Ene 7, 2016, 2:21 pm
Ammon Bundy speaks to reporters after he and his armed militia took over a federal building in Oregon (NBC News)
Ammon Bundy se dirige a los periodistas después de que él y su milicia armada tomaron un edificio federal en Oregon. (@KATUNews)

EnglishEn 2012, un tribunal de Estados Unidos encontró a los ganaderos de Oregon Dwight Hammond, de 73 años, y a Steven Hammond, de 46, culpables de incendiar tierras federales premeditadamente. Ambos cumplieron, respectivamente, tres meses y un año de prisión.

Recientemente, un juez federal consideró que la sentencia original fue insuficiente, citando una ley de 1996 que clasifica sus acciones como una forma de terrorismo doméstico, lo que requeriría una pena mínima de cinco años. El lunes, los Hammond se entregaron a una prisión federal de California para completar su condena.

A modo de protesta por la dura condena del juez, el pasado 2 de enero, un grupo de activistas armados tomó el control de un edificio en una reserva nacional de vida silvestre cerca de Burns, Oregon. Muchos habitantes del lugar inicialmente vieron la ocupación del edificio por parte del grupo como una muestra de solidaridad entre compañeros ganaderos. Sin embargo, esta noción se disipó rápidamente cuando el portavoz del grupo, Ammon Bundy, se dirigió a los medios de comunicación y consideró el enfrentamiento armado como un medio para luchar contra lo que él llama la “gestión inconstitucional de tierras federales”.

Bundy no es ajeno al conflicto armado con el Gobierno federal de Estados Unidos en relación con las tierras públicas. En 2014 participó en un enfrentamiento armado dirigido por su padre, el ranchero de Nevada Cliven Bundy, cuando agentes federales intentaron confiscar su ganado debido al pastoreo ilegal realizado en terrenos públicos.

Con las tragedias de Ruby Ridge (1992) y Waco (1994) en mente, los agentes federales decidieron retirarse. Como resultado, muchos conservadores y libertarios celebraron la retirada como una victoria contra un Gobierno federal extralimitado.

Se equivocaron al hacerlo.

Tal como Charles C.W. Cooke del National Review, señaló, durante el enfrentamiento de 2014, “ésta es una nación con un ‘Gobierno de leyes y no de hombres’ —y no al revés—, y me parece que este principio no debe considerarse nulo y sin efecto solo porque resulta que uno de esos hombres tiene una historia aceptable…”

Esa misma lógica aplica en la actualidad. Todo conservador y libertario concuerda: el Gobierno federal se extralimita de su mandato con sus excesos. Y no hay ejemplo más claro de este exceso que la propiedad del Gobierno federal de la inmensa mayoría de la tierra en los estados del oeste (e.g. 84% en Nevada). Sin embargo, esa frustración no debe ser mezclada con la injusticia.

[adrotate group=”7″]La hipocresía en los grupos libertarios y conservadores en este momento no se diferencia de la de los progresistas. Los conservadores denunciaron enérgicamente los disturbios y protestas ilegales causados por los movimientos progresistas como Black Lives Matter y Occupy, pero han sido lentos para reaccionar ante los eventos en Oregon. Por el contrario, los progresistas (y medios de comunicación tradicionales) se apresuran a etiquetar los eventos de estos días como “terrorismo interno”, aunque a menudo justifican las acciones ilegales de aquellos partidarios de sus políticas.

A menudo escucho a los conservadores y libertarios hablar sobre “igualdad ante la ley”. Si la ley hubiese sido aplicada correctamente, Ammon Bundy no estaría donde está hoy, poniendo en peligro la vida de agentes federales y civiles.

Cuanto más habla Bundy, más me recuerdan él y su grupo de “patriotas” a los movimientos liderados por activistas progresistas. Sus palabras son incoherentes; sus intenciones, al azar; sus acciones, sin ley.

Y es precisamente su falta de leyes y de claridad lo que impide cualquier posibilidad de debate honesto sobre las diversas causas que estos movimientos dicen defender: la reforma del sistema de justicia, la desigualdad económica y la mala gestión de las tierras públicas, entre otros.

Independientemente de su postura sobre el tema, la aprobación tácita de acciones ilegales por parte de conservadores y libertarios debe ser llamada como es.

Traducido por Rebeca Morla.