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¿Será Obama acusado de traición por intervenir en Guatemala?

Por: Steve Hecht y David Landau - Feb 9, 2016, 4:08 pm
The little elephant to the big elephant, Ambassador Todd Robinson does President Barack Obama's dirty work in Guatemala. (<a href="https://flic.kr/p/Cpvsrr" target="_blank">US Embassy Guatemala</a>)
El embajador Todd Robinson hace el trabajo sucio del presidente Barack Obama en Guatemala. (US Embassy Guatemala)

EnglishUna variedad de analistas estadounidenses, incluyendo militares retirados y oficiales de inteligencia, se han preguntado lo mismo. Ellos afirman que la estrategia del presidente Barack Obama en Guatemala —llevada a cabo por dos secretarios de Estado y por la mismísima Primera Dama— constituyen un crimen de traición.

Desde siempre, los presidentes de EE.UU. han sido acusados de traición. Abraham Lincoln probablemente más que nadie en la historia estadounidense ha sido llamado un “traidor”. Contra John F. Kennedy se repartieron panfletos de “se busca por traición”. George W. Bush, a pesar de haber dejado la presidencia hace casi una década, todavía es considerado un traidor por haber empezado la guerra en Irak.

Pero Obama tiene en su haber algo que esos presidentes no tenían: una legión de defensores que piensan que él necesita su protección. Y aunque a Obama le gusta jugar el papel del indefenso, en realidad él es un gigante contra un ejército de hormigas.

“¡Te morderemos una y otra vez hasta que caigas!” las hormigas le dicen constantemente. “¿Ah, sí?” le gusta responder al elefante. “Si alguna vez hacen eso y me entero, ustedes estarán en grandes problemas”.

En Guatemala, el elefante ha encomendado una tarea a uno de sus esbirros. El pequeño elefante en este caso es el embajador estadounidense Todd Robinson. En consonancia con las órdenes del gran elefante, Robinson tiene bastante libertad para influir en el Gobierno de ese país.

A finales del año pasado, Guatemala eligió a un presidente que no era del agrado del gran elefante, así que el pequeño elefante puso en marcha el plan de su jefe. El presidente guatemalteco pronto se dio cuenta de que no podía poner en los ministerios a la gente que él quería.

El Ministerio de Gobernación había contratado a un oficial del ejército retirado por su experiencia en desarticular redes criminales, lo cual significaba que pronto las estructuras delictivas de la guerrilla estarían en aprietos.

El hombre en cuestión fue abruptamente despedido. La razón fue que el oficial retirado no mantenía una buena relación con la Cicig, la comisión de las Naciones Unidas cuyo trabajo es supuestamente detener a grupos clandestinos, como los de la facción guerrillera.

Sucede que la comisión de la ONU es la institución más corrupta del país. Tiene una impunidad casi perfecta y está aliada tanto a la guerrilla como a la embajada estadounidense — un ménage à trois bastante peculiar.

La salida del oficial retirado del Ministerio de Gobernación era solo el comienzo de una gran purga de militares. Esta purga ahora está siendo llevada a cabo por simpatizantes de la guerrilla que ahora han copado las instituciones judiciales del país y que cuentan con el apoyo del gran elefante en Washington.

El rol del nuevo ministro de Gobernación es proteger a las organizaciones violentas que la Cicig ha blanqueado como “organizaciones de derechos humanos”. Esas milicias armadas pretenden tener el apoyo de los campesinos, pero la verdad es que los oprimen y los obligan a participar de acciones criminales que luego son publicitadas como protestas espontáneas.

El verdadero objetivo de la guerrilla es la república constitucional que no pudieron derrocar. Durante la mayor parte de su existencia, el movimiento guerrillero contó con la oposición de los Estados Unidos. En 1968, el primer embajador estadounidense en ser asesinado durante una actividad oficial fue masacrado por una pandilla guerrillera.

[adrotate group=”7″]En 2009, la facción guerrillera obtuvo un inmenso apoyo cuando el gran elefante —un radical que tiene simpatía por los movimientos guerrilleros— se convirtió en el presidente de los Estados Unidos. En Guatemala, el gran elefante ha estado ayudando a los partidarios de la misma guerrilla que en 1968 asesinó al embajador estadounidense.

Por sí solo, el último hecho demuestra la traición según lo estipula la Constitución de Estados Unidos: “Traición contra los Estados Unidos consistirá … en adherirse a sus enemigos, darles ayuda y protección”.

Junto con el elefante, ¿cuántos más están implicados en este crimen?

En su rol como embajador, el pequeño elefante asistió al último juicio de oficiales retirados. En el caso conocido como Sepur Zarco, se los acusa de “crímenes contra la humanidad”. El caso contra uno de ellos, un teniente retirado, es tan curioso que su manejo solo puede calificarse de un crimen contra la lógica y el derecho.

Al teniente retirado en realidad no se le acusa de nada que él haya hecho. Está enjuiciado por crímenes presuntamente cometidos por hombres bajo sus órdenes; se le acusa de permitir a sus subordinados violar y esclavizar a mujeres. El juez de la audiencia preliminar decidió llevar el caso a juicio a pesar de que los fiscales acusadores no nombraron a los subordinados que presuntamente cometieron los crímenes.

La juez principal del caso Sepur Zarco es Yassmin Barrios. Hace dos años, Barrios recibió un premio del Departamento de Estado de los EE.UU. —entregado personalmente por Michelle Obama— por su trabajo en el juicio por genocidio al expresidente Efraín Ríos-Montt. Sin embargo, la Corte Suprema de Guatemala había suspendido el juicio luego de que Barrios haya violado flagrantemente los derechos constitucionales del acusado.

Casi tres años después de la suspensión del primer juicio, el Ministerio Público está llevando adelante un nuevo juicio por genocidio con un juez distinto, pero sin acusado. El fin último de la guerrilla es definir la ley como quieren —hacer que Guatemala sea un país no de leyes sino de un único partido. Y Estados Unidos, bajo el Gobierno de este gran elefante, se siente feliz de ayudar a lograrlo.

El pequeño elefante embajador dio una conferencia de prensa luego de asistir al tribunal por el caso Sepur Zarco. El diario La Hora informó que el embajador “considera que este proceso es importante para el país, siendo que es un juicio único en el hemisferio. Indicó que felicita a la sociedad guatemalteca y la justicia por enfrentar estos temas. Sin embargo, no considera que su presencia ejerciera alguna presión sobre el sistema de justicia”.

Ese doblegamiento a la prensa no tiene ningún valor excepto como supresor. La verdad que apenas oculta es la ayuda y la protección que sus acciones están dando a los enemigos de los Estados Unidos y de su constitución.

Debe ser divertido ser el elefante de la habitación, ¿no es así, Sr. Embajador? Pero puede que la diversión no dure mucho.

Un ambiente de traición permea Guatemala y también los Estados Unidos. Bajo el Gobierno del gran elefante, la ley misma ha sido degradada. Este hombre y sus amigos son protegidos de las consecuencias de sus actos, mientras sus enemigos son perseguidos.

Este es un año electoral. Un cambio político puede fácilmente alterar los destinos de todos los jugadores. Puede que el gran elefante no sienta el efecto, pero los más pequeños probablemente sí.

Esos pequeños elefantes, en Guatemala y otros lugares, se han arriesgado al promulgar y defender políticas criminales. Con un nuevo régimen tal vez ellos se encuentren en la mira de acciones penales.

Lo mismo podría pasar con las autoridades guatemaltecas, especialmente aquellas que deben sus cargos a la intervención y presión de EE.UU. Podrían empezar por consultar la definición de alta traición según la Real Academia Española y preguntarse cómo se sentirían al estar en el banquillo de los acusados.

Traducido por Daniel Duarte.

Steve Hecht y David Landau Steve Hecht y David Landau

Los autores de esta serie de seis entregas han trabajado juntos en asuntos políticos por 20 años. Steve Hecht (en la foto) es empresario con dos títulos de la Universidad de Columbia y ha vivido en Guatemala por más de cuatro décadas. David Landau, radicado en San Francisco, se inició en el periodismo como gerente editorial del Harvard Crimson. Es experto en Cuba y edita Pureplay Press. Síguelo en @shecht6.