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Venezuela: Los rojos son unos tigres de papel

Por: Contribuyente - Feb 24, 2014, 8:09 am

Los gobiernos comunistas son incompatibles con una prensa crítica que exprese con libertad sus juicios sobre las políticas que ponen en marcha los jerarcas. Antes de que el Muro de Berlín fuese derribado por los brazos de los alemanes cansados de ese oprobio y de que la Unión Soviética se desplomara por el peso de la incapacidad y corrupción de su burocracia, la prensa privada simplemente no existía en los países tras la Cortina de Hierro.

Uno de los primeros decretos de Lenin, una vez instalado junto al resto de los bolcheviques en el Palacio de Invierno, fue redactado para acabar con los periódicos de la era zarista, numerosos y variados, a pesar de la dura represión existente. Lo mismo hizo Fidel Castro, quien cerró a la famosa Bohemia, la revista más importante de América Latina a finales de la década de los años sesenta.

Los métodos aplicados en los tiempos de Lenin y Castro han cambiado. En la actualidad se utilizan mecanismos más sofisticados, pero igualmente eficaces para acabar con los periódicos críticos y el pensamiento cuestionador. El tándem cubano venezolano ha optado por fórmulas más refinadas para doblegar a los medios de información. A algunos los ha comprado, a otros les aplica el alicate negándoles la propaganda oficial o amenazando a potenciales anunciantes, y a todos los controla restringiéndoles las licencias el acceso al papel.

La escasez de ese insumo que afronta la mayoría de los periódicos nacionales y de provincia, debido a la imposibilidad de acceder a los dólares oficiales para importar, los ha llevado al cierre o a reducir drásticamente su volumen. El Nacional, por ejemplo, parece un diario escolar. Este atropello tiene que ser motivo de preocupación para todos los venezolanos que no concebimos vivir en un mundo sin libertades. Las denuncias y advertencias las han enunciado con toda claridad los dueños de los medios impresos, los trabajadores, el Colegio Nacional de Periodistas, la Conferencia Episcopal y diversas organizaciones políticas con representación en la Asamblea Nacional. El país se ha puesto alerta.

La falta de insumos no puede ser interpretada como un hecho casual y aislado, pues forma parte del cerco intencional a la propiedad privada, la inducción a la autocensura y la hegemonía comunicacional, metas trazadas como estrategia por el Gobierno hace varios años. La finalidad ha sido homogeneizar el país en torno a un pensamiento único que reconozca y exalte los valores promovidos por el régimen. La última finalidad consiste en lograr que el país acepte el Plan de la Patria, engendró socialista que, para ser aceptado, necesita que todo el aparato comunicacional público y privado lo exalte y lo convierta en el desiderátum. Tras la búsqueda de este propósito, el régimen asumió el control de una amplia cantidad de medios radio eléctricos e impresos.

Los medios oficialistas no padecen las penurias de los privados. A las televisoras y radios gobierneras, se les aprueban o renuevan las licencias sin dificultad. A los periódicos oficialistas, que se regalan en las estaciones del Metro de Caracas y otros espacios públicos, les sobra papel y no confrontan dificultades financieras porque los subvenciona el Estado, es decir, los venezolanos. En cambio, a los medios privados el Gobierno los presiona y chantajea de diferentes maneras. Una de ellas es negándoles la posibilidad de obtener papel a precios accesibles y competitivos.

La libertad de expresión e información constituyen derechos humanos inviolables, que el Estado tiene la obligación de garantizar. La protección de ese derecho implica la existencia de medios plurales que reflejen la diversidad de visiones y opiniones existentes en una sociedad. La conquista de la prensa libre de presiones se logró luego de incontables refriegas con los gobiernos dictatoriales que negaron su existencia.

La dupla conformada por los Castro y Maduro, a pesar de que lo intente con todos los recursos que posee, no podrá imponerle a país una prensa monocolor y una forma de pensar basada en la unanimidad de criterios. Volverán a fracasar. Los rojos siempre han sido unos tigres de papel.

El artículo original fue publicado en el sitio de Ideas de Babel.