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17 años dentro de la “máquina” y el eufemismo de la “educación”

Por: Contribuyente - Abr 1, 2014, 12:37 pm

English“¿Alguna vez sentiste que estabas dentro de una máquina que tenía sus propios objetivos y metas que no tenían ninguna relación con lo que querías hacer o lograr?”. El Profesor Steven Davies comienza su video de LearnLiberty, “La educación NO es lo mismo que la escolarización”, con esta pregunta dirigida a su audiencia, conformada en su mayor parte por gente en edad universitaria.

Pues sí, Profesor Davies, sentí que estaba totalmente atrapada dentro de una máquina, y a veces todavía lo siento.

Sin embargo, no culpo a las personas responsables de la educación. Culpo al juego. El “juego” es el sistema que convierte a los educadores apasionados en poco más que disciplinadores y administradores de exámenes. A nivel universitario, esta práctica es una vergüenza; un insulto contra inteligencia y la realización de una persona que posee un título en su campo, degradándolo a mero gestor de los programas de estudio.

Davies describe su misión de educar genuinamente como “empujar peso cuesta arriba”. Sin condenar o quejarse, hace un hermoso esquema de algunos de los principales problemas que causa el llamar “educación” a la escolarización, y por qué tenemos una visión “empobrecida” de la educación hoy en día.

Actualmente, se anima a la gente de mi edad a ser innovadora, interesante, e individualista, pero nuestro sistema educativo fomenta exactamente lo contrario. Según Davies, no debería estar particularmente sorprendida de sentir que estoy siendo procesada por un sistema: lo que ahora consideramos el sistema escolar moderno fue implementado por los prusianos después de 1806, con la intención de desarrollar “soldados y trabajadores productivos y obedientes”.

Y en muchos casos, este sistema de hecho desarrolla trabajadores y miembros de la sociedad productivos y obedientes. Pero, ¿nos estamos engañando a nosotros mismos al llamar a este sistema escolar “educación”?.

Para entender esto un poco mejor, echemos un vistazo al día típico en una escuela pública de Estados Unidos. Se centra alrededor de períodos de clases “rigurosos” y altamente estructurados, diseñados para desglosar el currículo en partes suficientemente pequeñas como para que los estudiantes puedan digerirlo fácilmente y seguir adelante.

Suena como una buena manera de cubrir una gran cantidad de material edificante, ¿verdad? Sí, y no. Estos cortos períodos de clase obligan a los profesores a mirar a un estudiante que aguza el oído casi al final de una lección solo para decir: “no tenemos tiempo para hablar más de esto”. Una bombilla de luz que se enciende ante la idea de una cierta guerra o movimiento social, ante una relación matemática más profunda que el papel en que se imprimió la lección, o ante una obra de arte en una diapositiva, pero que se atenúa momentáneamente.

En un ambiente verdaderamente educativo, esa chispa de interés por parte del niño podría ser transformada en un crepitante fuego intelectual. En un sistema escolar donde otros estudiantes de distintos rangos de interés y capacidad también necesitan ser escolarizados, el niño tiene que satisfacer su interés en otro lado.

Yo me considero un “feliz accidente” de estos sistemas, como los llama Davies, lo que no quiere decir que sienta que haya escapado ilesa, sino más bien que mis profesores eran tan excelentes que, a pesar de todo, lograron encender un fuego en mí que me motivó a aprender más. Las escuelas públicas a las que asistí eran de primera categoría, al menos en términos relativos. Los recursos de la escuela, su administración, y profesores entusiastas, formaban una sólida red de apoyo que logró empujar peso cuesta arriba de manera bastante eficaz: escolarizar muchos estudiantes talentosos, “subproductos” brillantes del sistema que llegarían a las mejores universidades.

Las estadísticas de asistencia universitaria eran un factor importante en las calificaciones de mi escuela, lo que me lleva a otro punto: además de tratar de educar a los jóvenes por medio de la escolarización, la escuela moderna también trata de clasificarlos. En un momento del vídeo de LearnLiberty, un hombre animado lleva a los estudiantes en carretilla a los bordes de huecos profundos titulados “Vocacional” y “Preparación para la Universidad”, propinándolos hacia sus trayectorias de vida de uno en uno.

Esta es una metáfora poderosa. Los jóvenes, que ya confían en que los educadores les enseñarán, también los ven como guías para decidir sobre dónde ir después. Si se encontrasen con que fueron lanzados en el agujero equivocado gracias a las expectativas de los demás, se necesita una gran cantidad de tiempo y energía para encontrar el camino de salida. Felicito a los muchos que saltan de la carretilla para forjar valientemente sus propios caminos.

Esto puede que me haga sonar como si me arrepientiese de haber ido a la universidad, lo cual no es así en lo absoluto. Me ha dado la oportunidad de abordar grandes cuestiones que he estado rumiando desde que era una niña, y que hasta entonces solo había intentado responder con la intuición y la investigación superficial. Me retó a hacer preguntas que no sabía que era capaz de formular o articular. También me ha enseñado a manejar un montón aparentemente insuperable de obligaciones con cierto grado de cordura, que es una habilidad que se agradece en la vida práctica de muchas maneras.

Yo diría que la experiencia universitaria fue gratificante y holística, y para mí, valió la pena. Pero las lecciones más reales que he aprendido, han sido fuera del salón de clases. El aula es tan solo un buen lugar para obtener y discutir nuevas ideas―la vida es el aula real.

Albert Einstein dijo que “todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar a un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido”.

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Fuente: HomegrownLearners.

La analogía de los peces y el árbol es una imagen viva y tristemente cómica del sistema educativo de hoy en día. Sin embargo, creo que los métodos actuales―la escolarización de personas de la misma edad, con el mismo material, evaluándolos de la misma manera, esperando que todo el mundo salga igualmente satisfecho y esclarecido―se parecen mucho a encerrar a una ternera para ablandar su carne. Alguien se está beneficiando, pero definitivamente no es la ternera.

Para un sistema que supuestamente trata de abrir las mentes, el sistema de educación moderno carece de creatividad y apertura. En su forma actual y predominante, la escolarización es también una tarea muy estructurada y sensible al paso del tiempo, cuya fecha de expiración parece coincidir con el día de la graduación; pero la educación es para toda la vida.

Traducido por Alan Furth