Virales

Newsletter

Al populismo se le acabó la energía

Por: Contribuyente - Abr 15, 2014, 2:52 pm

Por: Michel Ibarra*

A dos años de la expropiación inconstitucional de Repsol-YPF, la Fundación Libertad y Progreso lanzó una animación repasando la historia de la energía en Argentina durante la democracia. El video busca desnudar el fracaso de la política energética del kirchnerismo.

El potencial de recursos energéticos en Argentina no es menor. Es un país rico en hidrocarburos donde el 85% de su matriz energética está compuesta por 52% gas natural, 33% petróleo y el 15% restante son energías renovables, hidroelectricidad, nuclear y muy poco carbón.

En la década del 80 se apostó por las empresas estatales de petróleo, gas y electricidad con tarifas subsidiadas, sobreempleo y baja productividad. El resultado fue que Argentina no logró autoabastecerse y construyeron a consecuencia gasoductos para importar gas de Bolivia, mientras las empresas estatales acumulaban grandes pérdidas.

En 1989, el gobierno de Carlos Saúl Menem asumió prematuramente por renuncia del radical Raúl Alfonsín y dio un giro de 180 grados en el sector energético, liberando precios, separando y privatizando las empresas de energía del Estado. La única empresa de producción, refinación y comercialización de energía, YPF, hasta el momento altamente deficitaria, redujo el 73% de su personal en 1994, en aras de conseguir su rentabilidad.

Tras dicha reducción fue privatizada y comenzó a cotizar en Bolsa, donde los empleados de la empresa adquirieron acciones equivalentes al 10% de su valor. Gracias a estas reformas, apoyadas por Néstor Kirchner, entonces gobernador de Santa Cruz, Argentina se transformó en un país gasífero. Los usuarios pasaron a tener de gas natural con tarifas bajas sin subsidios comparadas con los países limítrofes y de otros continentes, tanto las tarifas residenciales con las industriales.

Con esto no sólo se logró el autoabastecimiento sino que se construyeron gasoductos para exportar el excedente de energía hacia Chile y Brasil, donde se montaron plantas eléctricas en base al gas argentino. Sin embargo, con la crisis de 2001-2002 llegó un cambio radical de las reglas de juego. El presidente Eduardo Duhalde devaluó más del 200%, estableció una política de precios máximos a los servicios públicos e intervención creciente del mercado.

Dichas políticas se mantuvieron y agravaron durante las tres administraciones del matrimonio Kirchner, privilegiando precios bajos de energía para los consumidores, en detrimento de la inversión. Las bajas tarifas de servicios públicos provocaron un aumento del consumo sin respaldo en un aumento de productividad, y los precios máximos deterioraron las finanzas de las empresas de servicios, especialmente en distribución y transporte.

En 2012 el gobierno de Cristina Kirchner expropió a la compañía española Repsol su participación de YPF, llegando a controlar el 51% de la misma. El gobierno justificó la medida en la supuesta falta de reinversiones de Repsol para la exploración de nuevos yacimientos.

Una de los argumentos expuestos por Repsol en su defensa fue la política intervencionista del kirchnerismo. Como resultado de la devaluación del peso y el estricto control de precios, en 2012 el gas natural era un 75-80 % más barato en Argentina que en los países vecinos, y la electricidad un 70% más barata. Eso, combinado con el gravamen a las exportaciones de petróleo impuestas por el gobierno, llevó a una baja reinversión y escasez de energía.

La brecha ha sido cubierta con costosas importaciones de combustibles fósiles. A dos años del control mayoritario estatal en YPF, y en medio de dudas sobre el verdadero potencial del yacimiento promesa de Vaca Muerta —en la provincia de Neuquén—, el panorama energético en Argentina se muestra difícil. Tras la reducción en subsidios a los servicios de gas y agua anunciada el pasado 27 de marzo, los argentinos esperan que los recortes se extiendan a la electricidad en el futuro cercano.

Para Libertad y Progreso, la política energética argentina de la última década: “Fue un gran negocio, pero no para la mayoría de los argentinos”.

*Coordinador de Comunicación de la Fundación Libertad y Progreso