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Sentido común brilla por su ausencia en disputa de Bolivia y Chile por acceso al mar

Por: Contribuyente - Jul 16, 2014, 4:08 pm
Marineros Bolivianos en el Día del Mar (La bitácora de arístides)
Marineros Bolivianos en el Día del Mar. (La bitácora de arístides)

Bolivia perdió el acceso al mar durante la Guerra del Pacífico, la cual se inició en 1879 y que, algunos historiadores, le adjudican disimulados intereses Británicos.

Si bien la Audiencia de Charcas tenía una salida al mar, Bolivia y Chile fijaron los límites en la línea divisoria del paralelo 24 con los tratados limítrofes de 1866 y 1874. Posteriormente, con motivo de la guerra de 1879, estas tierras fueron anexadas a Chile.

En 1880, un tratado de tregua entre Bolivia y Chile declaraba el territorio del litoral como perteneciente a este último.

En 1904, el tratado de “Paz y Amistad” entre Bolivia y Chile fue impuesto a Bolivia bajo amenazas de ulteriores invasiones. Hoy los gobiernos de estos dos países continúan la querella diplomática, y a veces no tan diplomatica, debatiendo la legitimidad del tratado.

Si bien Chile utilizó la fuerza para obligar a Bolivia a aceptar que Antofagasta fuese anexado a Chile, la situación no ha cambiado y Chile es hoy capaz de defender su soberanía sobre las tierras anteriormente bolivianas. Es tal vez por esto que el ministro chileno Abraham Koning se dirigía a sus contrapartes bolivianas de esta forma en 1900: “Terminada la guerra, la nación vencedora impone sus condiciones y exige el pago de los gastos ocasionados. Bolivia fue vencida, no tenía con qué pagar y entregó el litoral….Es un error muy esparcido que se repite diariamente en la prensa y en la calle, el opinar que Bolivia tiene derecho de exigir un puerto en compensación de su litoral. No hay tal cosa: Chile ha ocupado y se ha apoderado de él ‘con el mismo título que Alemania anexo al imperio la Alsacia y la Lorena…Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones. Que el litoral es rico y vale muchos millones, eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale, que si nada valiera no habría interés en su conservación”.
Por tanto, podría decirse que Chile ejerce su hegemonía sobre estas tierras sin necesitar el consentimiento de organizaciones internacionales.

Aún así, y desde poco después de la guerra, Chile reconoció que negar el acceso al mar para la vecina nación era “altamente inconveniente”. Es así que desde hace más de 110 años, los dos países buscan una solución satisfactoria.

Bolivia, por su parte, presentó recientemente una demanda a la Corte Internacional de Justicia apuntando a la restitución del territorio en cuestión.

Desgraciadamente, la denuncia presentada ante la mencionada institución parece ser más una demanda a la negociación por la fuerza que por la voluntad de ambos países hermanos, lo cual pone en una ilusoria oposición intereses que de otra manera podrían ser vistos como favorables para la totalidad de la región andina.

Actualmente, la impugnación presentada por Chile ha sido apoyada por la casi totalidad de la nación y el Ministro de asuntos exteriores, Heraldo Muñoz, reiteró que Chile no considera que el asunto recaiga bajo la jurisdicción de la CIJ.

Asimismo, Muñoz reiteró que Chile continuará permitiendo el transito libre para Bolivia.

El gobierno de Bachelet declara que el caso está cerrado y que no existe razón para continuar negociaciones en relación al acceso soberano para Bolivia. Contrariamente, Nueva mayoría (el partido de Bachelet) había establecido, antes de obtener el poder, que una de sus principales metas sería la negociación con sus vecinos.

Por su parte, el gobierno boliviano formuló su demanda de tal forma que el fallo debería obligar a Chile a negociar con Bolivia la restitución de territorio, excluyendo así cualquier otro resultado.

El deterioro de las negociaciones y la actitud del gobierno boliviano pone en cuestión la capacidad de sus líderes para encontrar un acuerdo común entre las dos naciones. Empero, la actual posición del gobierno chileno, desprovista de perspectiva histórica e igualmente confusa, nos demuestra que los estados no ven mas allá de sus narices, reaccionando con sentimientos cercanos a la envidia y rencor entre dos naciones que, de continuar por este camino, no ganan nada y, tristemente, perderán oportunidades de desarrollo.

Sería trágico para ambos países que su relación se vea truncada por culpa de absurdas cizañas políticas que no toman en consideración cuestiones económicas.

La solución, de ser encontrada en el futuro, será aquella que favorezca y satisfaga a ambas naciones. Posiblemente esta venga en la forma del canje de territorios y no así mediante coerción o amenazas recíprocas.