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Tatuarse a Chávez: El arte de la supresión del individuo

Por: Contribuyente - Ago 5, 2014, 4:41 pm

English Fue a finales de julio de 2013 cuando los medios de comunicación de Venezuela se sorprendieron al saber que María Gabriela Chávez, la más conocida de las hijas de Hugo Chávez, se había tatuado en su cuerpo la firma presidencial de su padre.

La imagen, subida a su cuenta de Twitter, mostró las costillas de María Gabriela entintadas con la misma firma notoria que una vez validó decretos de expropiación de tierras. Ahora estaba tatuada en el lado izquierdo de su tórax, justo debajo de su corazón.

Civil servant displaying his new tattoo.
Sirviente civil mostrando su nuevo tatuaje. (MRC Blog)

Esto sería el presagio de una tendencia que crecería para volverse un fenómeno nacional —una forma mediante la cual los “revolucionarios” pueden demostrar su lealtad, y una señal segura para la oposición democrática de que Venezuela es una nación enloquecida.

Ahora, a mediados de 2014, las estimaciones conservadoras calculan que alrededor de 15.000 venezolanos se han tatuado ya sea la firma o la cara de Hugo Chávez en sus cuerpos. La gente está siendo marcada como ganado, en una de las manifestaciones más escalofriantes del culto absoluto a la personalidad que impulsa la política en este paraíso tropical, rico en petróleo.

Soy legión

El municipio de San Francisco, corazón de la industria de producción de alimentos y bebidas de todo el Estado de Zulia, fue el primero en pisar el acelerador con la tendencia del tatuaje de la firma. El 1 de abril de 2013 el alcalde de la ciudad, con completo apoyo de los concejales municipales, puso en marcha la primera Jornada de Tatuaje de la Firma del Presidente.

El evento se convirtió en un espectáculo callejero de tres días, lleno de poetas “revolucionarios”, música tradicional, bailarines, y por supuesto, la principal atracción: los artistas tatuadores previamente pagados. Durante todo el evento, estos tatuadores entintaron libremente la firma de Chávez sobre cualquiera que estuviera dispuesto a sufrir el doloroso proceso. Todo se hizo sin ningún costo sobre el tatuado —o, al menos, sin costo directo aparente. El trabajo, sin embargo, siempre tiene un precio, incluso en el Socialismo del Siglo XXI.

A full face Chávez tattoo. Red is the favorite color.
Tatuaje de la cara completa de Chávez. El rojo es el color predilecto. (TN Corrientes)

Los tatuadores fueron pagados por los contribuyentes municipales —es decir, con el dinero de los chavistas y de la oposición por igual. Esto fue claramente un uso ilegal de los ingresos fiscales y, sin embargo, nadie pudo hacer nada al respecto. Las actividades fueron aprobadas bajo la etiqueta administrativa de “espectáculos culturales“.

El tatuaje de la firma presidencial podría costar tan caro como Bs. 3.400, aproximadamente US$44 al tipo de cambio libre. Puede no parecer mucho, pero en ese momento era el equivalente a un mes de salario mínimo para un trabajador promedio. Si las cifras oficiales son ciertas, esta cantidad se debe multiplicar por lo menos por 2.000 “participantes” que fueron tatuados durante los tres días.

Estos números se suman a los miles de venezolanos que ahora llevan la imagen de Chávez con ellos para siempre en sus cuerpos. Mostrando, con orgullo, la prueba de larga duración de su devoción política para un hombre que, en la muerte, se ha convertido en un producto de comercialización muy rentable. Y en una aún mejor herramienta para el control de la población, la supresión de la individualidad, y el ejemplo más claro de la política convertida en algo cercano al fanatismo religioso.

Después de San Francisco, la actividad se hizo cada vez más popular entre los gobernadores y alcaldes chavistas, quienes estaban ansiosos por demostrar al Gobierno central que ellos también eran “chavistas duros”. Ellos querían demostrar que en sus “dominios”, la población era tan leal que estaba dispuesta a tatuar sus cuerpos con símbolos de la revolución.

Hugo Chávez signature The Rabo e Cochino.
La firma de Chávez ,”el rabo de cochino.” (La Patilla)

En el transcurso del año pasado, muchos otros municipios y Estados comenzaron a ofrecer espectáculos callejeros de tatuajes “gratis”. Mérida, Táchira, Apure, Delta Amacuro, Guárico, Portuguesa, Monagas, Trujillo, Miranda y Caracas son algunos de los Estados y municipios a los que se ha concedido la “oportunidad” de acoger una de estas concentraciones política de tatuajes.

De hecho, se ha vuelto tan común que ahora es imposible determinar con exactitud cuántas personas han sido marcadas para siempre como chavistas, ya sea por el “rabo de cochino” presidencial (la firma), la cara de Chávez, o algún otro símbolo de la revolución.

Pertenecemos a Chávez

Más allá del factor escalofriante que tiene llevar el nombre de otra persona en el cuerpo —como a los esclavos se lo hicieron alguna vez y a las vacas todavía se lo hacen— el tatuaje de la firma de Chávez es más una herramienta política que una “curiosidad tropical” de moda. Funciona para cruzar un umbral psicológico, una barrera mental que una vez rota, vuelve a la persona que está recibiendo el tatuaje en un seguidor para toda la vida.

Imprimir permanentemente cualquier cosa en la piel de uno, sin duda, tienen un fuerte impacto psicológico. La presión que muchos de estos “chavistas duros” deben sentir para obtener este tipo de tatuaje seguramente sólo se agrava por los otros tatuajes “revolucionarios” que se han convertido en un elemento básico en las organizaciones paramilitares que apoyan la revolución bolivariana: Unidades de Batalla, colectivos, Círculos Bolivarianos y la Milicia Bolivariana, entre otros.

Elderly man getting a Hugo Chávez signature tattoo at a street stand.
Anciano haciéndose un tatuaje de la firma de Chávez en un puesto de la calle. (Aporrea)

Tener un tatuaje chavista es pertenecer para siempre a la “revolución”. Negarse a uno, sin importar las circunstancias, podría ser fácilmente visto como una falta de compromiso —o incluso traición. Cabe destacar que esto está ocurriendo en todo el país y en toda la población — jóvenes y viejos, hombres y mujeres por igual.

Uncas Montilla, uno de los artistas tatuadores contratados por el gobierno para sus concentraciones de calle, recuerda el momento en el cual se le dio la oportunidad de tatuar a un hombre de 70 años de edad. El anciano llegó temprano en la mañana a uno de los puestos de tatuajes, pidió que se le tatuase la firma presidencial en su frente, cerca de la sien. Montilla, por supuesto, cumplió.

Otra ciudadana de edad avanzada, Pilar Rodríguez de 78 años, pidió la firma presidencial en su brazo izquierdo. Ella le dijo a Aporrea, un popular sitio web chavista, “El tatuaje no me dolió. Lo que me duele es que Chávez ya no esté”.

A revolutionary woman showing off her Hugo Chávez tattoo.
Mujer revolucionaria mostrando su tatuaje. (La Patilla)

Los jóvenes, sin embargo, no se quedan atrás. En Twitter, siguiendo el hashtag #Tropa, uno puede ver cientos de fotos de los perfiles de las jóvenes mujeres “revolucionarias” que exhiben con orgullo la firma de Chávez tatuada en sus senos o como un “tramp stamp” en la espalda baja.

Marcos Saavedra, líder comunitario chavista de Petare, uno de los barrios más grandes de Venezuela, explicó a PanAm Post: “Llevar la firma de Chávez es pertenecer a él. Pertenecemos a Chávez. Él sacrificó todo por nosotros, por los pobres. Y ahora seremos por siempre sus soldados. Chávez no murió. Se convirtió en millones.”

Millones de venezolanos parecen, tal vez, estar más que dispuestos a ser “marcados” para siempre en la frente, al estilo de Tarantino como inglourious chavistas”.

Pero, al margen de todo, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Qué será de estos chavistas “marcados” una vez que termine la revolución? ¿Van a ocultar sus tatuajes? ¿Será una señal de orgullo, o de vergüenza?

Traducido por Rebeca Morla.