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Despilfarro, promesas y miedo en la campaña de Evo Morales

Por: Contribuyente - Sep 10, 2014, 3:19 pm
Evo Morales
Evo Morales ha recurrido a fondos públicos para financiar su campaña política y perpetuarse en el poder. (@globovision)

EnglishA tan sólo un mes de las elecciones presidenciales en Bolivia, los partidos opositores se encuentran —a duras penas— recolectando dinero para sus campañas políticas mediante rifas. Esto se debe a que el Tribunal Supremo Electoral, cuarto poder del Estado boliviano y totalmente afín al partido gobernante, exige que todo centavo gastado en campaña deba tener un respaldo que justifique su procedencia.

De esta manera, el Gobierno limita a los partidos opositores el sustento económico que pueden obtener de los pocos empresarios e individuos que aún no tienen miedo de caer en la feroz persecución política contra los ciudadanos opositores al —como diría Evo Morales— proceso de cambio. Una caza que ya lleva más de cinco años.

No obstante, mientras los opositores se ganan cada centavo, Bolivia, de la noche a la mañana, ha sido convertida en un país parecido al que describe George Orwell en su libro 1984. En vez de la imagen del “Gran Hermano”, es Evo Morales el que aparece en cada esquina; en cada corte televisivo; en cada canal de radio; en cuentos para niños en las escuelas públicas; y hasta en productos estatales como computadoras portátiles y pastas dentales.

La campaña incontrolable del partido gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) ya lleva gastado más de US$150.000 por día con recursos públicos, según afirma el candidato opositor a primer senador por Santa Cruz, Oscar Ortíz.

En otras palabras, el Gobierno despilfarra el dinero de los bolivianos en propaganda camuflada y guerra sucia, utilizando instalaciones, automóviles, muebles, y hasta funcionarios públicos para hacer campaña política.

Además de la enorme campaña, los candidatos del MAS brindan adornados discursos, prometiendo utopías, entregando obras ineficientes, bonos innecesarios y anunciando incrementos en los salarios, además de un segundo doble aguinaldo. El Gobierno ha ganado el apoyo de millones de votantes pobres y, en su mayoría, sin educación, que tarde o temprano serán defraudados por las mentiras del discurso socialista, e incluso condenados a seguir vagando por el camino de la pobreza y la informalidad económica.

No se conforman con el despilfarro económico, además, implantan el miedo al voto en libertad; el partido de Morales ha ordenado castigar a los ciudadanos que no voten por la reelección del presidente.

Así lo afirmó el legislador del MAS Luis Gallego, cuando dijo que agrupaciones sociales, indígenas y sindicales del departamento de Potosí acordaron en “una magna reunión” controlar que el día del sufragio sus familias voten por el partido oficialista y que no recurran al “cruzado” —es decir, la elección de candidatos de partidos distintos para los diferentes cargos. Gallego afirmó ese mismo día que las organizaciones del norte de Potosí “van a chicotear (dar latigazos) a los que van a manejar voto cruzado” porque “no pueden ser traicioneros”.

Hoy, tan cerca de las elecciones del 12 de octubre, es inevitable pensar en la fuerza que ha adquirido el MAS gracias a los artilugios ya mencionados. Analistas políticos pronostican una victoria fraudulenta del 70% para Morales, dejando lugar a otros cinco años de régimen socialista, de controles de precios, de nacionalizaciones, de violaciones a los derechos humanos, de persecuciones políticas, de subdesarrollo, y de pobreza extrema.

Y lo peor de todo, dará la oportunidad a la perpetuación del régimen socialista en Bolivia. Ni bien Evo Morales ocupe la silla presidencial por tercera vez consecutiva intentará reformar la Constitución —como acostumbra a hacerlo—  para obtener la reelección indefinida y nadie sabe qué otros atropellos tiene planeado para terminar de destruir lo que alguna vez fue conocido como República de Bolivia.