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Elecciones en Brasil: es muy temprano para cantar victoria

Por: Contribuyente - Oct 1, 2014, 2:23 pm
Marina Silva todavía puede convertirse en la primera mujer negra presidente de Brasil.
Marina Silva todavía puede convertirse en la primera mujer negra presidente de Brasil. (Flickr)

Por María Fernanda Castillo

Todo indica que habrá Dilma para rato. A pocos días de las elecciones presidenciales del país más grande de América Latina, las encuestas ponen a la actual presidenta como posible ganadora.

La encuestadora brasileña Datafolha dio a conocer los resultados de su sondeo a pocos días de los elecciones. La actual presidenta Dilma Rousseff se pone a la cabeza con un 40%, mientras que Marina Silva alcanza un 25% y Aécio Neves queda rezagado con 20%. Con estas predicciones, el electorado brasileño deberá salir a votar nuevamente el 26 de octubre para elegir en segunda vuelta a una de las dos candidatas.

Si las tendencias continúan, la actual presidenta será reelegida, ya que hasta ahora tiene una ventaja de aproximadamente de 6 puntos sobre Silva, candidata del PSB. No obstante, las segunda vuelta puede traer sorpresas.

Hace un mes Silva sobrepasaba a Rousseff por más de 8 puntos en las encuestas realizadas para predecir los resultados de una segunda vuelta. El Partido de los Trabajadores (PT) ha hecho una fuerte campaña para desacreditar a Silva y asegurar la permanencia de la actual presidenta por otro término.

Por primera vez en 12 años el PT está amenazado y no está dispuesto a dejar ir la presidencia sin una buena lucha. El campo de batalla de las candidatas está localizado sobre todo en la clase media, que representa el 32% del electorado, sobrepasando la clase baja. Es en este sector que las dos candidatas van a la par con uno o dos puntos de diferencia, y el que puede decidir la segunda ronda.

Durante los últimos años el estable crecimiento económico de Brasil ha resultado en una importante movilidad social para más de 35 millones de brasileños empobrecidos que pasaron a formar parte de la clase media. El énfasis del Gobierno de Lula en proveer ayudas económicas y planes sociales a las clases más empobrecidas del país dio una gran popularidad al PT.

Al final del mandato de Lula, Rousseff no tuvo ningún problema en obtener el apoyo necesario para volverse presidenta, ya que era vista como la continuación de la política del emblemático líder brasileño. Esta elección es diferente; el actual Gobierno no ha tenido los mismos resultados que el de su antecesor.

Después de una amplia bonanza económica y satisfacción social, el mandato de Rousseff fue más bien la resaca de la gran fiesta de Lula. Luego de escándalos de corrupción, lento crecimiento económico y protestas, la actual presidenta ya no tiene los votos de la clase media asegurados.

Hay que recordar que fue principalmente la famosa clase C quien salió a las calles a protestar hace algunos meses contra el Gobierno. Las clases medias brasileñas quieren ver las promesas cumplidas: hospitales, educación y crecimiento económico.

Un catalizador para un giro en la segunda vuelta a favor de Silva podría ser el impacto de las elecciones en la economía: mientras que Dilma sube en las encuestas, el real y la bolsa bursátil brasileña se desploman. Lo único que queda predecible es que habrá segunda vuelta en Brasil y serán dos candidatas quienes sigan en la contienda.

Dos grandes mujeres, dos vías

Rousseff, a pesar de las críticas, es una mujer llena de méritos y con una historia de vida particular. Perteneciente a la clase media urbana, víctima de la brutal dictadura de los años 70, ha tenido que luchar para abrirse un espacio en la política.

Su historia, junto con el apoyo de su emblemático predecesor, facilitaron el primer mandato de Rousseff —para muchos votar por Dilma era votar por Lula. El PT ha capitalizado esta asociación enfatizando la importancia de la continuidad en las transformaciones económicas y sociales del país. Para descreditar a su adversaria, la feroz campaña del PT ha descrito a Silva como “derechista” y “candidata del neoliberalismo” para así alejarla de su base electoral.

Sin embargo, si alguien sabe algo sobre salir de la pobreza es Marina Silva. Hija de seringueiros, extractores de caucho en la selva, Silva trabajó duramente desde pequeña y pudo alfabetizarse recién a la edad de 14 años. En una entrevista, Silva calló a sus críticos narrando cómo su padres pasaban hambre para que sus hijos pudiesen comer: “alguien que ha pasado hambre nunca cancelaría la Bolsa Familia”.

A Silva se le recrimina haber cambiado de partido y haber abandonado el proyecto político de Lula. Económicamente, Silva quiere regresar al crecimiento a través de “dos velocidades”: por una parte continuar con Mercosur pero hacerlo de una manera más flexible para que Brasil pueda buscar más socios comerciales, sobre todo mirando hacia la Alianza del Pacífico.

La candidata del PSB también piensa estrechar las relaciones con EE.UU. Con la desaceleración económica actual, los brasileños de clase media quizá se inclinen hacia esta propuesta.

De cumplir su proyecto, Silva podría reorientar el actual panorama latinoamericano. Ha expresado su visión de política exterior para Brasil liderando con el ejemplo, sobre todo en materia de derechos humanos y promoción de la democracia. No es sorprendente, por lo tanto, que la posible victoria de Silva ponga nerviosos a países como Venezuela y Cuba.

Irónicamente la falta de apoyo a Silva muestran una vez más la incoherencia del bloque bolivariano; la historia de vida de Silva representa todo el ideal de la izquierda pero la candidata se aleja de la tradicional demagogia de sus homólogos. Ella afirmó que se convertiría en la primera mujer negra presidente de Brasil; si los vientos cambian en las próximas semanas puede que tenga razón.

María Fernanda Castillo es politóloga, estudiante de posgrado en política internacional en la Universidad Estatal de Oregon, EE.UU. Trabajó como investigadora en políticas públicas en México. Síguela en @castmfer.