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¿Hasta dónde debe llegar el poder del Estado? Una lección para periodistas

Por: Contribuyente - Oct 9, 2014, 3:54 pm
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(@CEDICEJoven)

English En el marco del Programa de Formación en Economía para Comunicadores Sociales, organizado por Cedice Libertad —un instituto de políticas libertarias en Venezuela—, Gerardo Núñez Schloeter de CEDICE-Joven desdibujó los argumentos a favor y en contra de la planificación estatal para el país petrolero.

En primera instancia, el miembro de Cecide Joven recordó que el Estado no es un ente abstracto, sino una serie de personas –una élite política— que toma decisiones que afectan a una sociedad en un territorio determinado.

“La intervención del Estado en la economía se fundamenta en que existen fallas en el mercado, tales como monopolios y oligopolios, por lo que éste debe de intervenir. Esta visión presume que el Estado tiene la capacidad de abarcar y sistematizar toda la información de una nación. En contraste, tenemos la visión antagónica que sostiene que sólo el mercado se ajusta lo suficientemente rápido al cambio de preferencia de los individuos. Los casos cubano, soviético y norcoreano son ejemplos de cómo una economía totalmente planificada fracasa”, explicó Núñez Schloeter.

Como ejemplo de políticas poco efectivas recordó que el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, aplicado en gran parte de América Latina durante la década de los 60 y 70, fomentó la creación de empresas poco competitivas y dependientes de los controles estatales.

A juicio de Núñez Schloeter, en el caso venezolano el sector privado estaba debilitado al momento de la toma de posesión de Hugo Chávez en 1999, contexto que facilitó la implementación de una política de planificación estatal.

“En el país se implementaron controles y barreras de entradas para proteger la industria nacional, las mismas debieron ser acotadas en el tiempo, pero los controles para proteger a la empresa nacional nunca cesaron”.

Precisó que no se puede pretender que el Estado tenga la capacidad de adaptar sus políticas públicas a todas las situaciones, que son incalculables en la sociedad actual. “Cómo el Estado va a conocer las necesidades específicas de pescadores de un poblado en Boca de Uchire, al oriente del país, por ejemplo. O cómo puede éste ente tomar decisiones discrecionales que afecten nuestra jornada laboral”, cuestionó.

Finalmente, señaló que el control estatal suele atentar contra la naturaleza del ser humano, que el Estado no es omnipresente y que cuando éste asume funciones directas como actor económico pierde su capacidad mediadora imparcial.