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Un curioso en medio de una conferencia de liberales

Por: Contribuyente - Oct 15, 2014, 4:01 pm
Tom Palmer of the Atlas Network signs copies of After the Welfare State for student attendees. (EsLibertad Facebook)
Tom Palmer de la Atlas Network firma copias de After the Welfare State para los asistentes. (EsLibertad)

EnglishNo sé mucho acerca de liberalismo. Esto puede sonar extraño, ya que trabajo en el PanAm Post a tiempo completo, pero mi interés aquí es más periodístico que político.

Habiendo aclarado esto, me fascinan todas las vertientes del pensamiento político, y mi interés por el liberalismo ha aumentado en estos últimos dos meses de trabajo.

Cuando surgió la oportunidad de asistir a la Conferencia Latinoamericana de Estudiantes por la Libertad 2014 en la Ciudad de Guatemala, no lo dudé. Creía que el evento de tres días en la Universidad Francisco Marroquín sería el curso intensivo ideal sobre liberalismo.

Pero no resultó ser exactamente lo que me esperaba.

Como no liberal y contestatario por naturaleza, esperaba escribir algo crítico acerca de la conferencia: las falencias morales de las ponencias o un mal manejo de la logística por parte de los organizadores del evento. Sin embargo, la conferencia salió bien, especialmente teniendo en cuenta que fue organizado por estudiantes universitarios. Estudiantes por la Libertad (EsLibertad) existe hace tan solo tres años, y ésta es recién su segunda conferencia regional.

La conferencia del año pasado había tenido algunos contratiempos, como lo reconoció Humberto Rontondo. El director regional de EsLibertad de Perú e integrante del consejo ejecutivo de EsLibertad comentó que en el evento del año pasado “se cometieron muchos errores, y no fue tan exitoso” como lo hubiesen querido.

Pero lograron revertir esa situación. La conferencia de 2013 contó con la presencia de “alrededor de 100 asistentes” pero este año hubo más de 600.

Más allá de la buena organización, la conferencia no estuvo exenta de falencias: la mayoría de las presentaciones fueron áridas, y era difícil mantener el entusiasmo, incluso para los más ardientes amantes de la libertad.

Después de los primeros oradores me di cuenta de que estaba en el lugar equivocado si mi objetivo era obtener lo básico del liberalismo. Las exposiciones eran de nivel avanzado y no el curso introductorio que estaba buscando.

Algo debía haber para el principiante, por lo que salí de la sala de conferencias y me dirigí hacia los pasillos. Fue allí, al margen de la conferencia, donde encontré lo que estaba buscando, incluyendo dos días de viaje con activistas y académicos liberales.

Una rápida búsqueda en Google me hubiese ahorrado mucho tiempo. En lo que respecta a los liberales, sólo quieren dejar a la gente tranquila, siempre y cuando no agredan a nadie más. Se atienen a dos principios básicos: la no agresión y la responsabilidad individual.

Sin embargo, el liberalismo no es tan interesante como lo son los propios liberales.

Felipe Muñizaga, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Chile y uno de los expositores de la conferencia, proviene de una familia de militancia socialista. Lo pone de esta manera: “Un liberal es alguien que vive según una regla primaria: el principio de no agresión. Esto quiere decir que un individuo no puede imponer [su] voluntad sobre los demás en asuntos que sólo afectan al individuo”.

En cuanto al individuo, Muñizaga dice que no existe otra cosa: “Las masas, el colectivo, es todo ficción. El individuo es la única cosa real. La nación, la sociedad, el desarrollo del Estado, son creaciones que evitan que el individuo puedan conducir su propia vida”.

Humberto, al igual que un sorprendente número de personas con las que hablé, alguna vez se consideró a sí mismo como socialista, pero un curso de economía austriaca lo colocó en la senda actual. Me dio la que para mí fue sin dudas la explicación favorita de toda la conferencia:

“Los conservadores te dicen con quien casarte, pero te dejan gastar todo el dinero que quieras en el anillo de boda. [Los progresistas] te dejarán casarte con quien quieras, pero solo te permitirán gastar una suma determinada en el anillo. A los liberales no les interesa con quién te cases, ni les importa cuánto vas a gastar”.

Milica Pandzic, otra integrante del consejo ejecutivo de EsLibertad y directora regional para Panamá, tiene antepasados croatas. Sus abuelos escaparon después de que el comunismo se asentara en el país tras la Segunda Guerra Mundial.

Cuando le pedí a Pandzic que me diera el mejor argumento a favor del liberalismo, citó al filósofo español José Ortega y Gasset: “el liberalismo es el grito más noble que ha sonado en este mundo, porque permite la coexistencia de distintos modos de vida, permite al enemigo más débil hacer su vida”. En otras palabras: “Nos permite a cada uno de nosotros vivir en paz, aunque pensemos y actuemos de modos diferentes”.

Lo que me fascinó más de todas las discusiones que tuve fue lo apolíticos que suenan los liberales cuando explican sus puntos de vista. Parecen mucho más interesados en una filosofía para vivir la vida que en la política.

Terminé mis entrevistas con Elfego Solares, un estudiante de 23 años y coordinador de EsLibertad en Guatemala. Él se mudó solo desde California a Guatemala cuando tenía 14 años para mejorar su español y estar más cerca de sus abuelos. ¿Y qué quiere ser “cuando sea grande”? “Quiero ser feliz… y felicidad para mí quiere decir hacer lo que quiera, cuando yo quiera, y con quien quiera”.

Traducido por Adam Dubove.

Editado por Daniel Duarte.