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No solo la policía debe dar cuenta de las vidas de los negros

Por: Contribuyente - Dic 12, 2014, 11:12 am

EnglishLas muertes de Eric Garner y Michael Brown, junto con la ausencia de castigos para los policías involucrados, han provocado muchas protestas y debates en Estados Unidos. Aparte de la brutalidad policial, las acusaciones de racismo inmediatamente pasaron a primer plano. Algunos comentaristas han incluso previsto una guerra racial en todo el país.

No es la primera vez que ocurren este tipo de incidentes; tales lamentables y fatales confrontaciones han estado sucediendo en Estados Unidos durante décadas. Nadie puede negar por completo que esta brutalidad policial sucede, o que por lo menos un número importante de policías tienen en cuenta el perfil racial cuando se trata de minorías (como atestiguan numerosos reportes). Sin embargo, hay otros temas que deben ser considerados.

Esta siguiente sección me resulta muy difícil escribirla, dado que puede ofender o enojar a la gente, pero para entender un problema y encontrar una solución tienes que llegar a la raíz. Es una triste realidad, pero los principales desafíos para los jóvenes negros de las zonas marginales no se encuentran dentro de los departamentos de policía, sino dentro de sus propios hogares. La mayoría de estos hogares están encabezados por padres solteros.

Muchas personas cuestionan un aspecto negativo de la unipaternidad en lo que respecta a las comunidades predominantemente negras. Su importancia lo convierte en un tema delicado —un tabú tan grande que las personas que resaltan esto (incluyéndome a mí) han sido degradadas, etiquetadas y prácticamente excomulgadas de sus comunidades.

Más del 72% de los negros en EE.UU. son hijos de madres solteras, y el 67% de los menores negros viven en hogares con padres solteros o sin sus padres. La ampliamente documentada y dolorosa verdad es que a los niños de hogares monoparentales criados por mujeres les va considerablemente peor cuando se trata de educación, delincuencia y encarcelamiento, empleo y pobreza. Esto es de esperar, aún manteniendo todos los otros factores constantes, particularmente en el caso de los hombres que carecen de figuras paternas y buscan alternativas, a menuda destructivas, para afirmar su masculinidad.

Sin embargo, en vez de abordar este espinoso tema, el racismo es el grito de guerra cuando una víctima negra es disparada o herida por un blanco. Cuando se trata de crímenes entre negros, una consecuencia obvia de familias quebradas, nadie quiere escuchar esto.

¿Debemos permanecer en silencio sobre los crímenes entre negros, en lugar de reflexionar? Por extraño que pueda sonar, muchas personas piensan que sí. No quieren que su existencia los distraiga o justifique casos de brutalidad policial, como puede ser en algunos casos.

¿Pero cómo esperar que otros nos respeten cuando ni siquiera nos respetamos entre nosotros mismos? ¿Cómo pueden importar realmente las vidas de los negros cuando no nos concierne de igual manera que negros maten a otros negros?

Uno puede dar un paso más allá y ver el ambiente hogareño quebrado que se manifiesta en la tasa de abortos en la población negra, ya que nuestras mujeres presentan más casos que cualquier otro grupo demográfico. ¿Nos importan en ese caso las vidas de los negros?

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“Las vidas de los negros importan”: Una niña protesta la brutalidad policial contra los negros con estudiantes de medicina de la Universidad de Maryland. (@PopResistance)

Políticos, opinólogos y autoproclamados líderes, aún intentando ayudar, han alimentado la hostilidad y desviado la atención de los problemas de fondo. Algunas historias y ángulos generan noticias, mientras que otros no —quizás porque la verdad iría en contra del relato de la división, el hostigamiento racial y la política de riesgo calculado. Estas personas pudientes no sufren de hogares inestables ni tampoco viven en barrios con índices de criminalidad, pero las personas de abajo sí lo sufren.

Del mismo modo, los manifestantes que saquearon, se amotinaron, e incluso dañaron negocios de empresarios negros no hicieron nada para construir buenas relaciones, y solo afirmaron estereotipos negativos.

La madre de Mike Brown exacerbó este problema, a pesar de que ella inicialmente solicitó resistir al vandalismo que pudiera generar la muerte de su hijo. Tras el veredicto, ella estaba enojada y tenía derecho a estarlo, pero llamar a un comportamiento destructivo no era la respuesta apropiada. Era impropio de ella y su familia, y los observadores bien pudieron haber pensado “de tal palo a tal astilla”.

No se puede seguir abordando el crimen y la brutalidad policial con parches. Incluso si la policía se comporta indebidamente, eso no nos exime de la responsabilidad personal: ser dueños de nuestras acciones y aceptar las consecuencias.

Tenemos que mirarnos en el espejo y preguntar por qué tenemos tan pocos modelos positivos. Tenemos que priorizar la educación, especialmente cuando se trata de derechos individuales, leyes y la Constitución de Estados Unidos. Tenemos que informarnos, elegir a los compañeros correctos y aprender a sobresalir como hombres y mujeres.

Por encima de todo, tenemos que abrazar una cultura de valores, de orgullo individual, familia y respeto por los miembros de la comunidad, en especial por los niños. Y sí, eso incluye usar el poder del voto para hacer rendir cuentas a aquellos en posiciones de poder, la manera correcta de hacerlo, incluso si solo es eficaz a nivel local.

Ningún programa gubernamental o intervención resolverá el problema subyacente de valores y hogares quebrados. Es más fácil decirlo que hacerlo —y entiendo los desafíos que provienen de circunstancias en zonas marginales— pero deben provenir de nosotros como individuos. Podemos y debemos y utilizar los recursos que tenemos de una manera positiva para cosechar respeto y disipar las sospechas.

Traducido por Guido Burdman.