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La ignorancia de un país es uno de los objetivos del Socialismo

Por: Contribuyente - Jun 16, 2015, 9:47 am
Las librerías en Venezuela también están desabastecidas (La Prensa de Lara)
Las librerías en Venezuela también están desabastecidas. (La Prensa de Lara)

Por: Andrea Rondón García

“El mayor peligro para el Estado es la crítica individual independiente; no hay mejor manera de reprimir dicha crítica que atacando cada voz aislada, cada promotor de nuevas dudas, como un profano violador de la sabiduría de los ancestros” —Murray Rothbard

Por lo general acostumbramos criticar al socialismo por la fuerte intervención del Estado en la economía, siendo esta una de las formas de mantenerse en el poder de los Gobiernos que se adhieren a esta ideología. Sin embargo, existen otras formas de mantenerse en el poder, tal vez menos criticadas, pero igual de efectivas, como son el uso de la violencia y las fuertes restricciones al acceso a la información.

Con relación a esto, debemos ser categóricos al afirmar que el socialismo te quiere ignorante porque le conviene y le resulta útil para mantenerse en el poder. Para empezar, los medios de comunicación en el socialismo están monopolizados por el Estado; existe una fuerte intervención estatal en la educación y se establecen controles para dificultar el acceso a la información.

Sobre esto último no había adquirido total conciencia, aunque intuitivamente lo sabía. En estos días comentaba con Ricardo Connett, mi amigo de Maracay (Venezuela), sobre las dificultades para conseguir libros. Claro, mi preocupación era conseguir las últimas novedades o los altos precios de los libros, teniendo muy presente que la causa de esto es el control de cambio (medida económica, mas no política).

Pero en mis conversaciones con Ricardo siempre destaco y agradezco los esfuerzos que realizan las editoriales y los libreros (verdaderos libreros, lo que no sólo venden libros) para seguir importando libros o editando libros aquí con las dificultades que todos sabemos que existen.

Siempre conversamos de esfuerzos como los que hacen la Fundación Valle de San Francisco o Editorial Alfa para que escuchemos reconocidos autores venezolanos y discutamos sus líneas de investigación. Cuando converso esto con mi amigo de Maracay, me siento en un oasis, y mi amigo, con toda razón, me ubica y me destaca que efectivamente es un oasis, porque es un excepcional pequeño espacio y no ocurre en el interior del país.

En el interior del país no hay librerías surtidas y mucho menos existen actividades culturales relevantes. Ambos concluimos que hay dos países, o mejor dicho, hay dos percepciones de país, pero el país es uno solo con una constante: escasez de todo, comida, alimentos, libros, etc.

Por más que parezca que las prioridades no están bien, o suene pretencioso, la escasez de libros es casi tan grave como las otras. Los alimentos nutren el cuerpo, los medicamentos sanan el cuerpo y los libros te dan información y cultura y, tal vez lo más importante, te nutren y fortalecen el espíritu, lo que al final es lo que permite mantenernos en pie frente a circunstancias extremas.

Se me vienen a la mente muchos autores que sobrevivieron a circunstancias extremas. Primo Levy, autor de Si esto es un hombre, fue uno de los 20 judíos que sobrevivió al exterminio de su campo de concentración. Aaron Appelfeld, gran novelista israelí, presenció de niño el asesinato de su madre por los nazis, escapó de un campo de concentración y sobrevivió por 3 años escondido y solo en un bosque (todavía era un niño). Todorov sobrevivió al comunismo y hoy es un importante intelectual (aunque no comparto sus críticas a lo que llama ultraliberalismo).

Norman Manea, autor del ensayo “El payaso y el dictador” sobrevivió al holocausto y al comunismo. Leonardo Padura, recientemente galardonado con el Premio Princesa de Asturias, escribió en la Cuba de Fidel Castro El hombre que amaba a los perros, un retrato real y descarnado de las revoluciones.

¿Cómo sé de ellos y de sus notables logros? Porque tuve acceso a sus obras, a su trabajo. Sin acceso a libros o siendo el Estado el que te dice qué leer, no sabes lo que pasa en el mundo y definitivamente el ciudadano tiene un elemento menos (pero no sin importancia) que nutra su espíritu, lo que le permite estar de pie, reclamar y pensar o querer cambiar el estado de cosas.

Pero, obvio, en los tiempos actuales, los Gobiernos de este corte no replicarán la quema de libros de la Alemania nazi. En tiempos actuales se usan mecanismos más “sutiles” por llamarlos de alguna manera.

Nunca olvido este pensamiento de F.A. Hayek respecto al control de cambio: “…la mayoría de la gente consideraría su introducción con completa indiferencia. Y, sin embargo, la experiencia de la mayoría de los países continentales ha hecho que la gente reflexiva considere este paso como un avance decisivo en el camino del totalitarismo y de la supresión de la libertad individual (…) Cuando el individuo no tiene libertad de viajar, ya no tiene libertad para comprar libros o periódicos extranjeros; cuando todos los medios de contacto exterior pueden limitarse a los que aprueba la opinión oficial o son considerados por ella necesarios, el dominio efectivo de la opinión es mucho mayor que el que jamás ejerció ninguno de los Gobiernos absolutistas de los siglos XVII y XVIII”.

En el socialismo sin libros o con acceso limitado a ellos, el Gobierno consigue otra forma más de perpetuarse en el poder, tu ignorancia y el quiebre de tu espíritu, el más difícil de sanar o recuperar.

Doctora en Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Es miembro del Comité Académico de Cedice. Síguela en @arondon75.