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El acostumbrado juego de palabras de Rafael Correa

Por: Contribuyente - Ago 20, 2015, 2:05 pm
Las palabras significan lo que usted quiere que significan en el mundo del presidente ecuatoriano, Rafael Correa.  (Presidencia de la República)
En el mundo del presidente Rafael Correa, las palabras significan lo que él quiera que signifiquen. (Presidency of the Republic)

EnglishPor María Aguilar

Al comienzo de su libro “Plastic Words”, Uwe Pörksen recuerda que durante una conferencia, notó que la exposición de uno de los expertos parecía consistir en no más de cien palabras. Sorprendentemente, uno de su compañeros respondió: “De ninguna manera, había apenas cincuenta, ya con cien palabras podría llegar a ser presidente”.

Desafortunadamente, los ecuatorianos sabemos que esto no está lejos de la realidad. Rafael Correa lleva la bandera como el mejor ejemplo, con la introducción de su terminología de plástico en su retórica diaria para enmarcar las cuestiones económicas, sociales y políticas actuales.

Esta terminología de plástico está hecha de palabras huecas, alteradas en su significado y contenido. Son suficientemente flexibles, como bloques de construcción, listos para ser ajustados a cualquier tipo de problema, explicación o solución —pero sin expresar nada claro. En lugar de esto, ocultan, distorsionan y desenfocan la conciencia de la ciudadanía, lo que lleva a la conformidad social.

Durante la antigua era soviética, el concepto orwelliano de la domesticación del tiempo fue central en su economía planificada, ya que les dio la ilusión de progreso. Al no lograr los resultados deseados, los funcionarios soviéticos simplemente tuvieron que ajustar los objetivos anteriores para hacerlos encajar.

Por supuesto, Rafael Correa tiene sus propias tácticas orwellianas. Para él, el lenguaje falso es la varita mágica que dignifica políticas sórdidas y justifica las absurdas necesidades del sector público de Ecuador. Así, las disfraza con un aire de eficiencia, progreso y desarrollo — la publicidad del “milagro ecuatoriano” para el resto del mundo.

A través del paradójico término “renuncia obligatoria-voluntaria”, despidió a miles de servidores públicos. Más tarde, su Gobierno aprobó una ley de “justicia laboral y reconocimiento de trabajo doméstico”, mientras que eliminó 40% de la contribución del Estado al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Del mismo modo, dadas “ciertas irregularidades que se han encontrado en un análisis de intervención técnica”, su Gobierno se hizo cargo de los ecuatorianos Fondos de Cesantía del Magisterio.

Pero no se detiene allí. La Ley de Comunicación que buscaba “democratizar los medios de comunicación y promover la buena prensa” ayudó a Correa a amordazar la opinión ecuatoriana. Correa también ha creado la “Agencia de Aseguramiento de Calidad de los Servicios de Salud y Medicina Prepagada”, con una serie de leyes que le otorgan el control absoluto y destruyen el sector médico privado.

Por desgracia, no tenemos nuevas leyes en el Ecuador, sino más bien sentimientos de resentimiento y la envidia, que se convierten en legislación. Considere la controvertida “Ley del impuesto a las herencias,” que pretende “democratizar la propiedad.” El sueño de Correa va a “destruir las empresas familiares”, como incluso él expuso durante una entrevista.

De hecho, el desenmascaramiento de sus verdaderas intenciones desató las masivas manifestaciones que llegaron a su punto más alto la semana pasada. Sus planes han desalentado la inversión privada, y miles de personas han salido a protestar en todo el país.

Correa puede haber retirado temporalmente la propuesta, pero las marchas no terminaron. Mientras tanto, la economía está todavía en estado de shock, por lo que ahora Correa está invitando a los ecuatorianos a un “diálogo nacional sobre la justicia social basada en la verdad y la ética”.

Sin embargo, “diálogar” nunca será fácil con alguien que inventa sus propias definiciones de las palabras y las cambia de vez en cuando, para satisfacer sus necesidades. Como escribió Orwell, “si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento”. Es ineludible: los pensamientos afectan la forma en que sentimos y nos comportamos.

Por lo tanto, uno no necesita estirar su imaginación para entender por qué Correa declaró el estado de emergencia en Ecuador, en medio de los crecientes temores sobre el aumento de la actividad del volcán Cotopaxi. Luego, al día siguiente, celebraba el “campeonato mundial” del encebollado, un plato típico de nuestro país.

María Aguilar es ecuatoriana, psicóloga clínica y miembro honorario del Colegio de Psicólogos del Perú. Es conferencista internacional sobre temas de Psicología Cognitiva Conductual. Síguela en su blog y en Twitter @mariadlpilarag.

Fergus Hodgson contribuyó a este artículo.

Traducido por Rebeca Morla.