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Ecuador: Nueve años de subasta

Por: Contribuyente - Oct 1, 2015, 3:21 pm
La propaganda de la subasta de "Mashi Rafael" no especifica qué han dado todos los ecuatorianos a cambio de esa bicicleta y ese reloj. (Radio Huancavilca)
La propaganda de la subasta de “Mashi Rafael” no especifica qué han dado todos los ecuatorianos a cambio de esa bicicleta y ese reloj. (Radio Huancavilca)

EnglishPor Atawallpa Oviedo Freire

En la demagogia populista de Rafael Correa, su última aventura es una subasta para vender una bicicleta y un reloj. “El reloj fue un regalo del Emir de Qatar a Miguelito Correa Malherbe (hijo del Primer Mandatario), es de oro y está valuado en 12.000 dólares. La bicicleta fue obsequiada al mandatario ecuatoriano por su homólogo chino Xi Jinping, está pintada con los colores de la bandera de Ecuador, tiene un valor base de 1.200 dólares. Lo recaudado servirá para construir viviendas de ayuda social en la comunidad indígena de Zumbahua, en la provincia de Cotopaxi”.

Tras nueve años de haber subastado el petróleo del Ecuador, además de la minería y varias obras públicas a China, país con el que contrató millonarios créditos que dejan con la soga al cuello a las futuras generaciones que tendrán que seguir pagándolos al nuevo imperio del capital, cómo no habrá estado de agradecido Xi Jinping de semejante regalo de Correa, que en reciprocidad le dio un pequeño souvenir de USD $1.200 (bicicleta).

Nada en relación a lo que China recibirá por todos estos negocios, y en particular por los préstamos cuyas condiciones desconocemos. Lo que se sabe es que los otros préstamos de este Gobierno, en los que también reina la opacidad, bordean tasas entre el 5 y el 13%.

A esto hay que añadir que los créditos chinos se pagan con petróleo. Petróleo —que por otro lado— no llega a China. De acuerdo a “diversos conocimientos de embarque muestran que en efecto, el petróleo vendido a Petrochina nunca llega a dicho destino, sino que esta empresa, actuando en calidad de intermediaria, revende dicho petróleo en destinos como Estados Unidos y Panamá, a precios superiores”.

En realidad, Xi Jinping debió darle a Correa al menos una bicicleta para cada ministro de su nutrido gabinete en agradecimiento por los jugosos contratos que representan para China. Por ejemplo, “un informe de la Contraloría General del Estado del año 2012, el cual analiza solo dos de seis contratos ejecutados entre 2010 y 2011, concluye que Ecuador dejó de percibir más de 44 millones de dólares debido a una errónea negociación de precios”.

“Hasta noviembre del 2014, la deuda con China llegó a 4.704 millones de dólares, sin tomar en cuenta la venta anticipada de petróleo por 2.000 millones de dólares. Para el 2015 el Gobierno ha anunciado nuevas líneas de crédito con China por 7.526 millones. China es el mayor acreedor bilateral del Ecuador. Los créditos chinos vienen condicionados a la contratación de empresas y un porcentaje de mano de obra de ese país. Además debido a acuerdos previos con China, los proyectos se entregan a sus empresas bajo el régimen de excepción, es decir sin mediar una convocatoria pública”.

Y el regalito del reloj de oro —avaluado en $12.000— por parte del Emir de Qatar, ¿es pura generosidad, o, a cambio de qué? Realmente a estas alturas de la geopolítica mundial y con todo lo que ha sucedido en estos nueve años de subasta en el Ecuador, se puede pensar de todo.

Y todavía, recientemente, se atrevió a decir que en su gobierno no ha habido tantos casos de corrupción, a pesar de que hay una cantidad impresionante de denuncias (Yasuní, Duzac, el “come cheques“, los Dhruv, el Gran Hermano, etc.). Y para rematar pidió que el pueblo cuide su imagen, porque es lo más preciado de la revolución ciudadana. Qué desparpajo.

Se imagina usted, amigo lector, lo que son $250.000 millones, que es lo que ha manejado este Gobierno, y que encima estemos con una deuda pública de $32.000 millones y subiendo. La pregunta que todos se hacen es: ¿a dónde fue a parar tanta plata? El correato dirá a carreteras, hidroeléctricas, institutos del milenio, centros de salud.

Sí, una parte, otra parte, ¿adónde?, pues hay muchas denuncias de sobreprecios: por ejemplo en las hidroeléctricas, como demostró Arturo Villavicencio en un estupendo artículo. Pero digamos que no hay sobreprecios, ¿habrá sido una buena inversión destinar recursos a todas esas faraónicas obras, era el momento y estaban dadas las situaciones para ello? La verdad es que no. A nueve años del correísmo la situación actual podría sintetizarse en la frase: “Ecuador, país pobre con lindas carreteras”.

Es decir, las “emblemáticas” carreteras no están llenas de camiones transportando productos, lo que significa que las carreteras están desperdiciadas o que son un lujo en un país con millones de pobres. ¿Plata mal invertida? ¿Habían otras prioridades? ¿Se podían haber hecho paulatinamente?

Las centrales hidroeléctricas van a producir tal cantidad de kilovatios que serán necesarios para el Ecuador de aquí a unos 20 años. El Gobierno dice que podría exportar, mientras tanto.

¿A quienes? A Perú imposible, si también quiere exportar. Tampoco a Colombia, que hoy le vende al Ecuador, pues ellos quieren venderle a otros países del continente y por el momento son la potencia energética en la región.

Por otro lado, es muy difícil exportar energía eléctrica, pues como dice Luis Alejandro Camargo, gerente de XM, empresa encargada del manejo del sistema eléctrico colombiano: “El principal problema de las interconexiones internacionales no es técnico ni financiero, es político … porque existen intereses económicos en cada uno de los países y presión política que obstaculiza dichas relaciones”. ¿Plata botada? ¿Cómo presidente del Ecuador, usted habría hecho lo mismo?

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¿Se podían haber priorizado las obras? Es decir, dedicarse en estos nueve años a fomentar la producción, especialmente la agraria —que es la gran deuda histórica del correísmo, tal como ha sido reconocido por ellos mismos. Sin con ello caer en el extremo, el neoliberal, el de tener enormes necesidades y ahorrar la plata para pagar deuda externa, que sería también imperdonable.

En última instancia, lo que ha habido es un dispendio en viajes, sabatinas,  otro avión presidencial, refinería del Pacífico, publicidad ($2.99 millones en el Super Bowl), fiestas, sueldos exorbitantes, etc., Y luego de todo esto, nos sale con que quiere construir “unas viviendas de ayuda social”. Qué caretuco.

Con todo lo que ha festinado en estos ocho años, ¿cuántas “casitas de la caridad” hubiera podido hacer? Solo con las sabatinas, que representa unos $12 millones —a $25.000 cada una, según el Gobierno—, ¿cuántas “casitas de pobres” más hubiera podido entregar, inclusive en Cuba?

Realmente que esta “subasta desinteresada” es un insulto para los pobres. Lo que hemos tenido es un mal administrador, y ahora trata de congraciarse con el pueblo incauto, lo que más bien es una afrenta a la dignidad de los ecuatorianos. Qué vergüenza. ¿Hasta cuando, padre Almeida?

En definitiva, podríamos suponer e imaginar cantidad de cosas, de lo que se hizo o se dejó de hacer. La clara verdad, es que luego de nueve años, los pobres siguen siendo pobres y “los empresarios nunca han ganado tanto como con este Gobierno”. Lo real, es que el correísmo no fue capaz de hacer un solo cambio estructural, por dedicarse a “modernizar el capitalismo” —como lo ha dicho el propio Correa.

Lo único cierto es que no se alentó la producción nacional y que muchas de sus obras están subutilizadas. Lo concreto, es que desperdició la época de la bonanza petrolera y ahora, cuando han bajado los precios del petróleo y el dólar se ha revalorizado, se encuentra acorralado y asustado, queriendo un préstamo del denostado FMI. Todo lo cual simplemente demuestra que la “revolución ciudadana” fracasó.

Atawallpa Oviedo Freire es ecuatoriano, doctor en jurisprudencia y conferencista internacional. Oviedo es autor de ocho libros, entre los que se encuentran Los hijos de la tierra, El retorno del hombre rojo y Caminantes del arcoíris. Síguelo en @WAKAKUE.