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El papel del liberalismo en la Argentina de Mauricio Macri

Por: Contribuyente - Dic 14, 2015, 7:53 am
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El hecho de que Macri no denueste al liberalismo, no significa que vaya a aplicar políticas liberales. (La Noticia Web)

Por Alejandro Sala

La toma de posición frente al gobierno del presidente Mauricio Macri, constituye un provocativo desafío para los liberales argentinos. La dificultad está situada en el perfil político de Macri. El presidente argentino, claramente, no es un liberal, pero, sin embargo, tampoco es un antiliberal. He allí el problema frente al cual el liberalismo argentino está situado.

Nítidamente, Macri cree y reivindica una fuerte presencia del estado en la economía. Lo dicen él y sus colaboradores directos repetidamente, y lo ha demostrado en su gestión en la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, no adopta, a partir de esta posición, una actitud confrontativa con la economía de mercado, la iniciativa empresarial privada, la libertad de comercio, etc.

El kirchnerismo acompañaba su estatismo con invectivas constantes y actitudes amenazantes contra los símbolos identificatorios del liberalismo económico. Macri no es mucho menos estatista que los K, pero no adopta una postura ideologizada en contra del liberalismo. Inclusive, dentro de su metodología abiertamente dialoguista, podría aceptar a los liberales como interlocutores, con la misma entidad que le atribuye cualquier otra corriente política.

Pero el hecho de que Macri no denueste al liberalismo, no significa que vaya a aplicar políticas liberales. Esa preferencia macriana por el estatismo es muy relevante, porque de ella se desprenderán los resultados de su gestión.

Hay un hecho brutal y que no se puede desconocer: o se reduce sustancialmente la intervención del estado en la economía, o es impensable que la economía argentina levante un vuelo sostenido. En los primeros meses, seguramente, el escenario estará dominado por la rectificación de las burdísimas irregularidades cometidas por el gobierno anterior. Pero en poco tiempo más el gobierno encabezado por Macri deberá darle su propia impronta a su gestión. Y aquí es donde cabe suponer que aparecerá el problema: con tan elevada presión impositiva, tanta disposición regulatoria, tantos campos cooptados por el estado, la economía tendrá sobre sí un lastre muy pesado.

Sin embargo, dado que Macri no tiene una actitud de persecución hacia el liberalismo, y que su conducta es ampliamente dialoguista, sería un gravísimo error metodológico que los liberales adopten una postura de confrontación desbordada frente al gobierno. Es necesario entender que los tiempos de los enfrentamientos políticos enconados han quedado atrás (ya veremos si para siempre).

¿Cuál es entonces el factor que puede cargar de valor agregado la acción política del liberalismo en este contexto? Esencialmente, la idoneidad técnica, la eficacia para ofrecer soluciones concretas a problemas reales, la superioridad conceptual de sus enfoques. Y, naturalmente, como consecuencia de todo lo anterior, los resultados esperables en términos de progreso y bienestar.

El límite que cualquier política estatista enfrenta —y Macri no es una excepción, por cierto— es que sus resultados son inexorablemente muy deficientes. La ventaja comparativa irrefutable de la economía de mercado radica en que su puesta en aplicación de manera sostenida deriva en estándares de progreso y bienestar muchísimo muy superiores a los que produce el intervencionismo estatal.

Por lo tanto, el liberalismo tiene un “producto” muy atractivo para ofrecerle a los votantes: nada menos que progreso, bienestar, elevación de la calidad de vida. El dirigismo no puede competir en estos campos con el libre mercado.
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Hay, sin embargo, un problema: la abrumadora mayoría de la población de Argentina cree que esos beneficios que el liberalismo ofrece solo son accesibles a una minoría privilegiada y no al pueblo en su conjunto. Esto es falso, pero es lo que la mayoría cree y, por lo tanto, es el factor que condiciona las preferencias políticas numéricamente predominantes.

El liberalismo debe, por ende, desarrollar una acción política que ponga en evidencia las inconsistencias del programa económico de Macri y sus efectos negativos sobre la calidad de vida del pueblo. Aunque inicialmente serán solo un núcleo marginal quienes comprenderán el problema y responderán al llamado, la lógica, la coherencia y la exactitud técnica de los enfoques del liberalismo darán lugar, necesariamente, a la apertura de profundos debates que contribuirán, de manera gradual, a “abrir los ojos” del conjunto de la población.

De ese modo, el rechazo popular hacia la economía de mercado, que constituye el principal obstáculo para motorizar el progreso del país y el bienestar de la población, podrá ir siendo paulatinamente removido. No será una tarea fácil, plácida ni repentina. Por el contrario, requerirá paciencia, perseverancia y sentido de la oportunidad política.

Pero la naturaleza de los procesos históricos está regida por el principio de que las buenas ideas concluyen, antes o después, por superar y desplazar a las ideas erróneas. Sobre la base de ese principio, hay un futuro promisorio para el liberalismo en la vida política argentina en los próximos tiempos.

Alejandro Sala reside en Buenos Aires, es autodidacta, y escribió el libro El Espíritu del Mercado.