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Liberalismo y pobreza en Argentina

Por: Contribuyente - Ene 4, 2016, 10:58 am
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Una de las promesas del presidente Mauricio Macri fue reducir a cero la pobreza en Argentina.

EnglishPor Alejandro Sala

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, fijó como una de las tres prioridades de su Gobierno, cumplir el objetivo de llegar a la “pobreza cero” (las otras dos son derrotar al narcotráfico y superar las divisiones de la sociedad). La eliminación de la pobreza es, indudablemente, un objetivo loable.

En Argentina en particular, el tema toca un nervio muy sensible porque la principal riqueza natural del país es la capacidad para producir alimentos. Por ende, el hecho de que haya cerca de 30% de la población que no tenga acceso a los medios básicos de supervivencia es vivido como bochornoso.

La pobreza no es un fenómeno inexplicable, sino que es la consecuencia de la aplicación sistemática, durante 70 u 80 años, de políticas basadas en el intervencionismo económico del Estado. Para eliminar la pobreza, como lo procura lograr Macri, habría, en consecuencia, que invertir la orientación de la política económica y promover una reforma estructural muy profunda, erradicando el régimen estatista, intervencionista y prebendario vigente, para reemplazarlo por un sistema basado en principios de mercado.

Entonces, la afluencia de inversiones, atraídas por las favorables condiciones económicas, provocarían un sostenido proceso de crecimiento que derivaría en sustanciales avances en la lucha contra la pobreza.

Pero Macri no tiene la intención de llevar a cabo una reforma de ese tipo. La política de Macri consiste en sostener, mejorar, adecentar, emprolijar, la activa —y en muchos sentidos asfixiante— intromisión del Estado en la economía. Por cierto, Macri tiene todo su derecho de aplicar esa política.

El presidente nunca prometió que ejecutaría reformas económicas estructurales. Por el contrario, su programa siempre fue claramente estatista. No está en discusión la legitimidad de la política que Mauricio Macri aplica. Lo que sí cabe poner en duda es la compatibilidad entre una política de esa orientación y el objetivo de eliminar la pobreza.

La política que Macri aplica provocará, seguramente, que la pobreza en Argentina se reduzca. Pero el alcance de esa política tiene un límite, más allá del cual no podrá seguir avanzando. No sería una solución al problema que, de casi 12 millones de pobres, se baje a ocho millones. La cifra seguiría siendo muy elevada aunque se hayan logrado avances. En cualquier caso, no se habrá cumplido la expectativa de Macri referida a alcanzar “pobreza cero”.

¿Por qué no cabe esperar avances sustanciales, sino solo marginales, en relación con la lucha contra la pobreza durante la gestión de Macri? Pues, porque en la política macrista no hay una correlación entre la meta perseguida y los medios empleados.

Si se quiere alcanzar un determinado propósito, lo que se debe hacer es aplicar los métodos idóneos para lograr el fin establecido. El nuevo presidente de Argentina incurre en una profunda contradicción al promover la eliminación de la pobreza en el marco de una política económica estatista.

Esta inconsistencia de la política macrista deja despejado un espacio político que el liberalismo tiene buenas posibilidades de ocupar. La erradicación de la pobreza estructural es una meta posible siempre que se aplique una política muy enérgica de libertad económica, donde la creación de riqueza sobrevenga espontáneamente como consecuencia de los incentivos que motoricen el surgimiento de emprendimientos productivos.
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Por cierto, nadie podría afirmar que la pobreza, que está tan arraigada, y que involucra problemas no solo económicos sino también culturales, sociales, jurídicos, territoriales, etc.; se pueda eliminar “de la noche a la mañana”. Pero si el objetivo es erradicar la pobreza —y no hay dudas de que es un propósito que debe ser prioritario en la agenda—, es indispensable aplicar métodos apropiados para atacar el problema. La condición esencial para cumplir ese plan es reducir sustancialmente el peso del Estado sobre la economía, de modo que queden capitales —actualmente consumidos en gastos improductivos—, disponibles para ser canalizados hacia inversiones creadoras de riqueza.

Hay en la vida política argentina, según este análisis, un vacío, que podría ser llenado por una fuerza que exprese al liberalismo, y que podría tener al objetivo de librar la batalla contra la pobreza como uno de los fundamentos esenciales de su programa. Claramente, la erradicación de la pobreza constituye una demanda de la sociedad, pero el problema radica en que la confusión conceptual en la que la mayoría de la población está sumida, impide la puesta en marcha de la política económica que efectivamente contribuya a realizar ese propósito.

Para superar esa contradicción, es necesario que haya quienes la señalen, la hagan notar, la pongan en evidencia y, consecuentemente, propongan seguir los caminos apropiados para avanzar hacia la solución del problema. Pero esto no será posible en la medida en la que no haya una corriente que haga una inteligente defensa de los principios de la economía de mercado.

Actualmente, no hay en Argentina una fuerza política que exprese visiblemente las ideas liberales. Por lo tanto, el espacio está disponible. La presentación de un consistente programa para atacar el flagelo de la pobreza sería un muy atractivo argumento para que una fuerza liberal obtenga apoyo en futuras convocatorias electorales.

Alejandro Sala reside en Buenos Aires, es autodidacta, y escribió el libro El Espíritu del Mercado.