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El dilema del liberalismo argentino: ¿oficialista u opositor?

Por: Contribuyente - Ene 19, 2016, 1:12 pm
Los liberales pueden, en este momento, sentir cierta simpatía por Mauricio Macri, si el punto de comparación es el kirchnerismo.
Los liberales pueden, en este momento, sentir cierta simpatía por Mauricio Macri, si el punto de comparación es el kirchnerismo. (Taringa)

La toma de posición frente al Gobierno de Mauricio Macri encierra una disyuntiva para los liberales argentinos: ¿ser oficialistas u opositores? Se trata de una típica elección entre un vaso que contiene agua hasta la mitad de su capacidad: ¿está medio lleno o medio vacío?

El criterio para abordar este problema es la aplicación de una mirada dinámica. Es relativamente fácil adoptar una consideración favorable hacia la labor realizada por Macri hasta el momento. Como el parámetro de comparación es la gestión del Gobierno anterior, era difícil que Macri empeorara la situación. De hecho, ha tomado algunas medidas acertadas, tales como la eliminación y disminución de las retenciones a las exportaciones agropecuarias y la anulación de la ley de medios audiovisuales, iniciativas que tienen mucha significación política porque atacan aspectos emblemáticos de la gestión del kirchnerismo.

Entonces, ante estos actos impactantes, hay liberales que se deslumbran y se decantan por un apoyo enérgico hacia el Gobierno de Macri. Esta posición está reforzada por el argumento de que el recién electo presidente argentino “es lo que tenemos” y da por sobreentendido que si el actual Gobierno se desmoronara, se produciría un retorno del kirchnerismo.

Lógicamente, desde esa perspectiva, la prestación de apoyo al Gobierno tiene sentido. Si la opción es “Macri o Cristina Kirchner” no hay duda respecto de cuál es el lugar del liberalismo.

Sucede, sin embargo, que en el análisis dinámico de la situación, ese enfoque es falso. No hay riesgo alguno de que el kirchnerismo recupere terreno. En los casi 40 días que Macri lleva en el Gobierno, el kirchnerismo no ha logrado impedir ninguna de las iniciativas que el oficialismo impulsó, a pesar de que cotidianamente intentan “poner palos en la rueda” y organizan estridentes movilizaciones donde los personeros del anterior Gobierno se desgañitan despotricando contra las “atrocidades” del macrismo.

Hace más de cuatro años que el kirchnerismo viene experimentando una constante declinación. Se sostuvo hasta diciembre porque estaba en el Gobierno, pero ahora, claramente, aun quienes acompañaban incondicionalmente sus posiciones, están comprendiendo de que no es “rentable” adoptar una postura intransigente frente al Gobierno de Macri y prefieren negociar antes que confrontar irreductiblemente. Sólo queda el puñado de fanáticos que se solazan en soñar con la revolución utópica, pero que no cuentan con ningún caudal relevante de adhesión popular.

Todos los liberales argentinos coinciden en que el Gobierno de Macri está muy lejos de satisfacer los parámetros como para ser encuadrado dentro de los lineamientos del liberalismo. En eso no hay discusión. Lo que se debate es qué posición política corresponde asumir desde el liberalismo frente al actual Gobierno.

Si la posibilidad de una recuperación del kirchnerismo estuviera vigente, la prestación de apoyo a Macri desde una visión liberal sería entendible. Pero, dado que el riesgo de que el kirchnerismo reviva puede ser descartado, ¿tiene sentido que los liberales se alineen con el actual Gobierno?

La respuesta a esta pregunta es negativa porque Macri no tiene ninguna voluntad de promover el tipo de reformas estructurales que estarían incluidas en un programa liberal. Se podrían mencionar muchos ejemplos.
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Algunos de ellos son la decisión de Macri de sostener la televisación estatal del fútbol, la propiedad estatal de la petrolera YPF, la no privatización de Aerolíneas Argentinas, el mantenimiento del sistema de jubilaciones como un monopolio del Estado, la ampliación de los planes sociales, el mantenimiento de la protección industrial, la negativa de incluir el subsidio a la demanda como método de financiación de la educación, e innumerables políticas similares.

Entonces, si Macri va a seguir esta línea, aunque haya liberalizado algunos campos de la economía, con el fin de diferenciarse políticamente del kirchnerismo, ¿cómo sería defendible que el liberalismo apoye a un Gobierno con semejante propensión al estatismo, al intervencionismo, al prebendarismo?

A menos que le cambiemos el significado a la palabra “liberal”, resulta claro que el macrismo no encuadra dentro de esa calificación. Y dado que no hay riesgo de que reaparezca el fascismo representado por el kirchnerismo, no hay motivo para que el liberalismo se subsuma en una corriente que no se plantea defender valores liberales.

En Argentina, en 2017 habrá elecciones legislativas. Habrá entonces una nueva oportunidad para que una fuerza liberal compita. Seguramente habrá segmentos minoritarios, pero no desdeñables, del electorado dispuestos a prestarle adhesión a una propuesta liberal.

Se presentará, entonces, la posibilidad de ejercer la oposición al macrismo, desde una posición genuinamente liberal, cuyo propósito será la instalación en la agenda política de todos los temas que tanto el Gobierno, como la oposición peronista (en todos sus matices), omiten siquiera mencionar.