La izquierda chilena niega la realidad del sistema de pensiones

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(Flickr) Chile
En Chile, si se miran los datos, es claro que el actual sistema pensional es envidiable, pero además, si analizamos los resultados de experiencias alrededor del mundo es evidente que el modelo de pensiones que propone la izquierda no funciona. (Flickr)

Por estos días, la izquierda chilena se ha organizado en un nuevo movimiento llamado ‘No + AFP’. Piden que se reemplace el sistema de autocapitalización privado por un sistema de pensiones de reparto solidario administrado por el Estado. Lo curioso del asunto es que, normalmente, cuando se pide que algo cambie es porque no está funcionando bien y porque, además, se tiene la certeza de que lo que se propone mejorará la situación actual. En Chile, si se miran los datos, es claro que actual sistema pensional es envidiable, pero además, si analizamos los resultados de experiencias alrededor del mundo es evidente que el modelo de pensiones que propone la izquierda no funciona.

Lo que vemos en Chile no es más que otro clásico episodio que demuestra que la izquierda simplemente niega la realidad. Si se mira el discurso de los líderes del movimiento que intenta acabar con el actual sistema pensional chileno, está lleno de romanticismo y sentimentalismo. Se habla de colaboración y de ayudas mutuas, pero los datos poco se muestran. Y es que decir que si entre todos nos ayudamos vamos a estar mejor, suena muy bonito, pero lastimosamente el mundo no funciona con buenas intenciones y las pruebas son claras: los sistemas de pensiones de reparto nunca serán mejores que un sistema privado de capitalización individual.

Lo que la izquierda chilena no ve o no quiere ver

El sistema de pensiones chileno es ampliamente reconocido como uno de los mejores del mundo, ese es un punto que no se puede negar. Hace menos de un mes, el jefe de la unidad de pensiones privadas de la OCDE declaraba que “el sistema de capitalización individual chileno es de los más admirados del mundo y sería un error volver a uno de reparto”. Y es que si uno es sensato, característica ausente en la izquierda, no hay cómo decir lo contrario. Por ejemplo, cada año, la consultora Mencer en conjunto con el Centro Australiano de Estudios Financieros elabora un índice global de pensiones, calificando los sistemas pensionales de 25 países; Chile lleva cuatro años quedando en el octavo lugar de este ranking.

Pero además del reconocimiento internacional, incluso por parte de personajes y entidades que defienden los sistemas de reparto, los datos son claros: el sistema de pensiones chileno ha arrojado una rentabilidad real superior al 8% anual, una cifra para nada despreciable y superior a la que existe en otros países de la región con sistemas pensionales como los que la izquierda chilena quiere poner en marcha en su país. El éxito del actual sistema es tal que, alrededor del mundo, más de 30 países han seguido su ejemplo.

El problema de los sistemas de reparto manejados por el Estado

El sistema de pensiones de reparto nace en el siglo XIX gracias al canciller Otto Von Bismarck, en su momento funcionó por las circunstancias especiales de tiempo y espacio en las que se creó. Para esa época, en Prusia, donde se aplica la idea de Bismarck, la esperanza de vida era de 45 años, y la edad a partir de la que se cobraba la pensión era 65 años. De modo que el sistema pensional era utilizado como una ayuda para poquísimas personas de edad avanzada. Entenderán muchos, ahora, lo ridículo de querer aplicar tal sistema actualmente, cuando la esperanza de vida se ha ampliado increíblemente y sigue extendiéndose pero, además, cuando la tasa de natalidad va en caída. tal sistema pensional servía en ese momento porque los pensionados eran muy pocos y los contribuyentes muchos, no podemos esperar que bajo las condiciones actuales siga funcionando.

 

Un sistema pensional de reparto en las condiciones actuales es insostenible pero, además, es un modelo que separa el esfuerzo de la recompensa y que se convierte en un caldo de cultivo para que los políticos ganen votos a cambio de promesas que en el largo plazo solo empeoran las cosas. Un sistema como el chileno hace que la gente se pensione según lo que ahorró durante toda su vida, según su esfuerzo. Y evita que los políticos, que suelen no pensar en el largo plazo sino solo en su popularidad durante el periodo en el que tienen el poder, se comprometan a aumentar las pensiones sin que las personas hayan decidido aumentar su ahorro.

La verdadera razón por la que las pensiones de los chilenos no son más altas

A los de ‘No más AFP’ hay que decirles, primero, que su discurso está basado en mentiras, intentan conseguir simpatizantes afirmando, por ejemplo, que en Chile la gente se pensiona con menos del 50% del sueldo que tenía durante su vida laboral activa. Sin embargo, la forma en la que hacen estos cálculos es del todo deshonesta. si se quiere medir el éxito de un sistema pensional lo que habría que hacer es sacar un promedio entre la gente que, por lo menos, ha aportado durante 30 años a su pensión. Pues si se hacen los cálculos de esa manera, como debería ser, considerando sólo a quienes han ahorrado durante un tiempo razonable, el promedio es una jubilación con el 80% del sueldo que se tenía durante la vida laboral activa, una cifra que vuelve a poner al sistema chileno entre los mejores del mundo.

Entonces, no es cierto que el sistema esté funcionando mal, todo lo contrario, pero en Chile la gente parece que quisiera retirarse con un buen sueldo y sin haber ahorrado, y eso simplemente no se puede. El problema en Chile no es su exitoso modelo pensional, sino que los chilenos no ahorran lo suficiente.

Y en esta nota he hablado solo de un aspecto, el sistema pensional aclamado y lleno de éxito que la izquierda quiere acabar, pero podría quedarme hablando de cada una de las reformas liberales que han hecho de Chile un país próspero y que la izquierda se empeña en satanizar. Chile es la muestra perfecta de que la izquierda niega la realidad.

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