Presidente Duque, ¡acabe con la JEP!

No podemos permitir que un puñado de jueces dé un golpe, proteja a los narcotraficantes y ponga a los guerrilleros en el Congreso

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Iván Duque no tiene una tarea fácil, pero tiene la oportunidad de pasar a la historia -al igual que Uribe- como el presidente que nos salvó de las FARC (PanAm Post)

La JEP (Justicia Especial para la PAZ) nació en La Habana, es hija de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Es una justicia transicional creada por y para los guerrilleros.

El primer día que Rodrigo Londoño, el jefe del grupo narcoguerrillero de las FARC, asistió a la JEP dijo: «Este es un tribunal único, una experiencia única en el mundo, creado por los mismos insurgentes».

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Aunque la mayoría de los colombianos ya sabíamos que el acuerdo de La Habana era una desgracia para nuestro país, y que la JEP no iba a terminar sino en una impunidad aberrante, los hechos ocurridos en los meses que este tribunal lleva funcionando nos han estallado en la cara a todos, dejándonos sorprendidos y llenos de impotencia.

A finales del año pasado el país entero escuchó los audios, obtenidos por la Fiscalía General, en los que la directora administrativa de la Jurisdicción Especial para la Paz, Martha Lucía Zamora, y la contratista Yuli Milena Enriquez hablan de cómo podrían justificar las salidas de los líderes de las Farc de las «zonas territoriales».

En uno de los audios se escucha a Zamora decirle a su empleada: «Por qué no nos evitamos problemas y les dicen que manden (los guerrilleros) un escrito, diciendo sencillamente que por razones de su trabajo o de lo que sea, están ubicados en tal parte (…) Ay, para bajarle un poco a eso, porque van a empezar a decirnos que los busquemos».

La directora administrativa de la JEP había sido sorprendida arreglando todo para que la Fiscalía y el Gobierno no se enteraran de que los líderes de las FARC están donde quieren y hacen lo que quieren.

Luego, a inicios de marzo de este año, el fiscal de apoyo de la JEP, Carlos Bermeo, fue capturado junto a otras cuatro personas. Según estableció la Fiscalía en la audiencia de imputación, había acordado un soborno de 500.000 dólares, de los que recibió 40.000 como un anticipo, para intervenir en el caso de extradición del líder narcoguerrillero Jesús Santrich.

Los colombianos vimos en todos los noticieros el vídeo del fiscal de la JEP recibiendo un fajo de billetes por debajo de una mesa para, presuntamente, ayudar a Santrich.

Los escándalos son muchos. Podríamos hacer fácilmente un top 10 de los peores escándalos de la JEP, donde recordemos, por ejemplo, las contrataciones a dedo, los millonarios «gastos», y la «ineptitud» -por no decir cooperación- de la JEP ante el comportamiento de personajes como «el paisa» y otros líderes de las FARC de quienes en este momento no se sabe ni dónde están. Pero sin duda en el primer puesto estaría el intento de liberación, por parte de la JEP, de alias Jesús Santrich.

Santrich es uno de los grandes líderes de las FARC, gracias al acuerdo de La Habana tiene un escaño en el Congreso, nunca pudo tomar posesión de su puesto porque fue capturado el 9 de abril de 2018 por solicitud de un juez de Nueva York. Está señalado de enviar «grandes cantidades de droga desde Colombia hacia los Estados Unidos». Después de su captura el país conoció un vídeo en el que el guerrillero negocia con unos mexicanos -que en realidad eran agentes infiltrados de la DEA- el envío de droga.

A pesar de que todo quedó filmado, y a pesar de la solicitud de extradición hecha por Estados Unidos, la JEP decidió la semana pasada ordenar libertad inmediata para el líder guerrillero. Afortunadamente solo duró unos pocos minutos libre, fue recapturado por la Fiscalía cuando se disponía a salir de la cárcel La Picota.

El ente acusador argumentó que tiene nuevas pruebas sobre el caso del guerrillero y que están claras las circunstancias de «tiempo, modo y lugar de las presuntas conductas de concierto para delinquir con fines de narcotráfico y narcotráfico» atribuidas a Santrich.

Hoy, ante lo ocurrido con Santrich, desde la clandestinidad, el también líder de las FARC, Iván Márquez, manda una amenaza: “fue un grave error haber entregado las armas”.

Márquez asegura «qué ingenuos fuimos al no recordar las palabras de nuestro Comandante en Jefe Manuel Marulanda Vélez, cuando nos había advertido que las armas, eran la única garantía de cumplimiento de los acuerdos. La triste realidad es que nos pusieron conejo».

¿Son esas afirmaciones una amenaza para que les dejemos gobernar el país y seguir con sus negocios de narcotraficantes? Eso parece.

Eso sí, quienes votamos por el «no» al acuerdo de La Habana, y muchos otros que ahora ven la realidad, sabemos que las FARC nunca dejaron las armas. Hay que recordar que el día que supuestamente entregaron las armas se les prohibió a los medios de comunicación entrar al lugar y grabar lo que ocurría. La tal entrega se hizo a puerta cerrada y sin ninguna garantía.

Y no solo no entregaron las armas, tampoco entregaron el negocio. A Santrich lo cogieron negociando el envío de droga porque los guerrilleros, los mismos de las FARC, siguen siendo los dueños de la mayor parte de las más de 200.000 hectáreas de coca que hay en Colombia.

Tristemente tengo que decir que los líderes de las FARC no están solos, tienen periodistas muy respetados que los defienden. Está, por ejemplo, la famosa María Jimena Duzán, que esta semana ha dicho que «en Colombia se está cocinando un golpe de Estado que puede acabar con la autonomía judicial, con la independencia de los poderes y la libertad de expresión».

Pero Duzán no habla del golpe que están dando las altas Cortes, no se refiere al daño que una justicia inventada en La Habana y rechazada por la mayoría de los colombianos le está haciendo al país. Cuando dice que se está cocinando un golpe de Estado increíblemente no hace referencia a que por cuenta de las altas cortes es posible que se acabe la extradición, que lo delitos cometidos por las FARC contra menores de edad queden en la impunidad y que señores como Santrich paguen «Congreso por cárcel».

Para esta periodista el golpe lo está dando el expresidente Uribe en compañía del ex Fiscal porque, entre otras cosas, no están de acuerdo con que los peores asesinos de Colombia, los guerrilleros de las FARC, sin siquiera haber pagado una condena, sean quienes legislen en este país.

Pero para que el lector dimensione el desvarío de esta periodista no es sino que lea su opinión frente al vídeo que todos los colombianos vimos de Santrich negociando la venta de droga: «el vídeo en el que se le oye a Santrich haciendo cosas, al menos o aparentemente sospechosas, indignó a la opinión pública a la que poco le importó que fuera una prueba ilegal», dice Duzán.

Sin embargo, a pesar de este tipo de periodistas, a pesar de los influyentes izquierdistas que parecen contratados para defender a las FARC, los colombianos tenemos muy buen sentido común, incluso antes de que todo esto ocurriera la mayoría salimos a decir que no queríamos el acuerdo de La Habana.

Los presidentes están para tomar decisiones e Iván Duque fue elegido por la derecha, por los votantes de Uribe. De modo que lo correcto y lo ético, pero también lo que la mayoría de colombianos pide es que la JEP se acabe.

No podemos permitir que un tribunal impuesto por las FARC -como ellos mismos lo reconocen- no solo deje en libertad a los peores criminales de la historia de Colombia, ¡sino que los ponga en el Congreso a hacer las leyes!

El viernes pasado, cuando recapturaron a Santrich, vi a muchos colombianos que habían perdido la esperanza en Duque volver a aplaudirle por hacer lo correcto. Millones de colombianos le vamos a agradecer al presidente, y a la gente del Centro Democrático y otros partidos como el MIRA, que ignoren a todos estos delirantes periodistas de izquierda completamente alejados de lo que la mayoría de colombianos queremos, y -por el mecanismo que consideren- pongan orden en la justicia colombiana.

No podemos permitir que un puñado de jueces dé un golpe, proteja a los narcotraficantes y violadores, y ponga a los líderes guerrilleros en el Congreso.

El presidente Iván Duque no tiene una tarea fácil, pero tiene la oportunidad y el deber moral de pasar a la historia -igual que Álvaro Uribe- como el presidente que nos salvó de las FARC.

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