Lo que aprendí de los cubanos en Miami

Las historias de cubanos en Miami son historias de búsqueda de libertad. Fidel Castro murió, pero en la isla caribeña nada ha cambiado

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Tumba a un soldado cubano desconocido en el Caballero Rivero Cemetery, Miami. (Foto: Flickr)

Mis últimas semanas he estado en Miami. Antes de este viaje, el único cubano que había conocido personalmente era un profesor que, enviado por el castrismo, durante unas semanas dio conferencias en la Universidad estatal en la que estudié. Obviamente, era un propagandista de la «revolución».

De Cuba se habla muy poco en Latinoamérica. Las increíbles historias de los cubanos en busca de libertad son prácticamente desconocidas en nuestra región. Alguien más o menos informado sabe que la situación es difícil y que no viven bien, pero no hay muchos detalles.

Por eso, cuando hace algunos días envié a un grupo de amigos en Colombia el audio de la conversación que tuve con un conductor de Uber que me contó lo que tuvo que hacer para escapar del castrismo, todos quedaron asombrados.

Y es que hablamos de gente que arriesgó su vida para conseguir libertad. Hablamos de personas que después de haber hecho una vida en Cuba, llegaron a Estados Unidos ya viejos, para empezar de la nada ¡y lo lograron!. Esta historia se trata también de gente que aunque llegó a Estados Unidos siendo aún un niño, ansía volver a la isla y cumplir el sueño que sus padres ya no lograron.

Las historias de los cubanos en Estados Unidos, al final, no son más que la muestra perfecta de cómo el socialismo destruye vidas pero, sobre todo, son muestra de que siempre se puede volver a empezar. Es simplemente sorprendente ver en ellos la valentía que encuentra el ser humano para luchar por su libertad, porque sin libertad somos como animales.

En la nota de voz que envié a mis amigos colombianos, un señor de unos 40 años me contaba cómo llegó a Estados Unidos hace apenas tres años. Construyó él mismo una balsa y con unos conocidos decidió lanzarse en busca de libertad. Las fotos que me mostró de la balsa en la que llegó son impactantes. Lo primero que pensé cuando las vi fue que era imposible que semejante cosa tan mal hecha hubiera llegado a alguna parte.

Pero lo logró, a pesar de que casi muere porque le dio una infección en el viaje y porque varias veces la balsa estuvo a punto de voltearse. Hoy tiene una esposa cubana que conoció acá. Me dijo que su mayor alegría era saber que su hija, que ahora es apenas una bebé, cuando crezca podrá estudiar lo que quiera, vivir donde quiera y conseguir lo que se proponga porque «este es el país de las oportunidades».

Es increíble que en este momento todavía haya cubanos que, con tal de buscar la libertad, y un mejor futuro para ellos y para sus hijos, se tiren al mar, a escondidas (porque las autoridades cubanas ni siquiera los dejan salir) en balsas hechas por ellos mismos. Fidel Castro murió, pero todo siguió igual.

En uno de los canales de televisión en los que estuve, conocí a un productor cubano que llegó a Estados Unidos tras una larga travesía que emprendió después de escaparse de Venezuela, adonde había sido mandado por cuenta de una de las conocidas cooperaciones entre el castrismo y el chavismo. De Cuba lo mandaron a Venezuela para que grabara videos al chavismo, de ahí se escapó. Pasó por Colombia y Ecuador hasta que logró viajar a Estados Unidos.

Llegó sin nada. Llegó a la «pequeña Habana» -un barrio en Miami lleno de inmigrantes en su mayoría cubanos-, y ahí consiguió que un compatriota le dejara dormir en un cuarto a cambio de que limpiara todo el edificio.

El permiso de trabajo que da el Gobierno solo lo pudo obtener más de un año después de haber llegado, por lo que a pesar de tener gran experiencia y ser muy bueno en su profesión, durante meses tuvo que trabajar ilegalmente en obras de construcción.

De día conseguía dinero en la construcción y en la noche llegaba a limpiar todo el edificio en el que dormía. Ese fue su nuevo comienzo en Estados Unidos. Pero, incluso ganando poco, me contó que lograba ahorrar, es un hombre disciplinado. En cuanto le dieron el permiso de trabajo, consiguió empleo en lo que estudió.

También conocí a un cubano que ahora es profesor de la Universidad de Florida, vino a Estados Unidos ya siendo un señor mayor; después de ser miembro de la Academia de Ciencias de Cuba, ser doctor en ingeniería y trabajar como profesor en la isla, llegó a este país a pegar ladrillos en lugares llenos de ratas.

Vino solo, luego logró traer a su esposa y a sus hijos, quienes con el esfuerzo de su padre, que no tuvo reparo en trabajar en lo que fuera y empezar desde cero después de haber llegado tan alto y ser reconocido en Cuba, estudiaron sus carreras en este país y hoy son profesionales exitosos, igual que su valiente progenitor.

En una de las cálidas noches del verano de Miami fui invitada a una exposición de arte cubano en la que me sorprendí al ver a una artista que llegó a este país siendo una niña (ha estudiado y hecho su vida laboral acá) llorar diciendo que algún día Cuba será un país libre. Estaba completamente quebrantada mientras hablaba de una isla que solo conoció en su más tierna infancia.

Y es que el sentimiento del inmigrante cubano respecto a su país de origen no es el mismo que el de cualquier otro inmigrante, los cubanos no salieron porque quisieron, salieron porque les tocó, y muchos fueron criados en este país, pero con la firme idea de que eran huéspedes y que algún día volverían a la isla.

Así me lo explicó un escritor cubano que también llegó a Estados Unidos siendo un niño. Sus padres siempre le dijeron que llegaría el momento en el que volvería a su país a reconstruir lo que el socialismo dañó, que en Estados Unidos solo estaba de paso. Por eso, a pesar de que toda su educación formal ha sido en inglés, él escribe sus libros en español, habla con muy marcado acento cubano y dedica buena parte de su tiempo a hablar de la situación de la isla.

Me dijo este escritor que cree que esa añoranza por la isla que les transmitieron sus padres, ese sentimiento de que no pudieron crecer donde debían y la esperanza de que algún día volverán, hace que muchos se sientan más cubanos que estadounidenses, aun cuando hayan crecido y se hayan educado acá. Me contaba cómo ve muchos jóvenes cubanos casándose entre ellos, teniendo amigos de la isla y viendo todas las noches, no las noticias de Estados Unidos, sino las noticias que desde este país hacen los cubanos sobre lo que pasa en la isla.

Cuba se les quedó en el corazón y la sienten suya porque es suya, les pertenece, es la herencia que sus padres les querían dejar y no pudieron porque un dictador socialista les arrebató todo; todo menos el deseo de ser libres.

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