El tema migratorio, el odio contra centroamericanos, cubanos y haitianos, amenaza con convertirse en tema muy relevante para muchísimos votantes mexicanos. Pronto aparecerán los políticos decididos a encabezar el discurso de que los migrantes le roban el trabajo a mexicanos de bien, delinquen al por mayor y violan a placer. De hecho, ya lo están haciendo, como el gobernador de Nuevo León. Ellos, como bien lo sabe Donald Trump, podrán explotar ese discurso sin costo alguno, al contrario. Es un discurso irresponsable que significa solo ganar.

Al respecto, y olvidando nuestro propio pasado, hoy en México nadie quiere a los migrantes centroamericanos. Generan rechazo, burla, hasta odio y repugnancia. Pero ya nos quiero ver en unos años más, huyendo del «milagro lopezobradorista», a ver con qué cara pedimos un trato digno en el exterior.

El reciente acuerdo que suscribieron los gobiernos de Estados Unidos y México solo traducirá en los hechos y la realidad tal odio: la premura mexicana por darle buenos resultados a Donald Trump, deteniendo a los migrantes en su tránsito a Estados Unidos, acrecentará violaciones a derechos humanos y agresiones sin fin. Ante el mundo, seremos un violador contumaz de los derechos humanos, aunque en su fuero interno muchísimos mexicanos estarán satisfechos.

Todos seremos culpables de ello: serán los impuestos de todos usados en perseguir, en reprimir, en castigar a gente pobre cuyo único sueño es tener una vida mejor. En México los castigaremos por tener un sueño, legítimo, en el cual han puesto manos (y pies) a la obra. Al respecto, ¿el estatuto de creación constitucional de la Guardia Nacional, para atender la inseguridad pública, permite distraerla en cuestiones migratorias? Esa es una pregunta de mucho interés legalmente hablando.

El acuerdo mexico-estadounidense pretende un imposible: controlar y detener la migración hacia Estados Unidos, cuando el propio gobierno de Washington ha sido incapaz de ello. Ese es un propósito para el que, además, no se ofrecen parámetros ni cifras, ni resultados cuantificables a esperar. Todo quedará sujeto al parecer y la arbitrariedad de Donald Trump, quien decidirá ante sí y por sí si cumplimos el trabajo que nos asignó o nos aplica aranceles comerciales. Haber aceptado tal acuerdo fue un tremendo error del gobierno de Andrés Manuel López Obrador del que poco se gana: Trump nos seguirá chantajeando y afinando su discurso electoral anti-mexicano.

Y haremos tal trabajo además sin los recursos necesario para detener y alojar a todos los migrantes: a diferencia de Turquía, que por hacer el trabajo sucio de la Unión Europea recibió 6 000 millones de euros para invertir en tener las condiciones necesarias para retener a los inmigrantes sirios, el acuerdo con Trump no contempla ningún recurso de Estados Unidos a México.

Al respecto, el presupuesto del DHS Mission solo para el hospedaje y cuidado de refugiados en Estados Unidos es de 2 800 millones de dólares. López Obrador ha dicho que destinará a ello 130 millones de dólares del avión presidencial que aún no ha vendido. Vamos directo a un desastre humanitario y político, por culpa de un gobierno irresponsable, impreparado y soberbio, que se dejó arrinconar.

Es importante insistir: de esto, la culpa no es de Trump, sino del gobierno López Obrador que nos colocó en esta terrible y poco auspiciosa situación. Al final, hay algo de justicia poética: tenía que ser una administración de izquierda (con toda la tradicional y risible «autoridad moral» del progresismo) la que terminó por colocar al gobierno mexicano como empleado de Donald Trump y al país como patio trasero de Estados Unidos.