México: no es recesión, sino socialismo

Lo que López Obrador ha generado no se llama recesión, sino simple socialismo, redistribución para aumentar la pobreza y populismo autoritario

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En el sexenio pasado se creció, por ejemplo, todos los trimestres. Y entonces nos parecía mediocre un crecimiento anual del 2 %. En contrate, con Andrés Manuel López Obrador, en solo siete meses de gobierno, la economía se contrajo, generando más pobreza, desempleo. Y ciertamente, no se ve en el corto plazo ninguna solución que nos saque del actual retroceso. Al contrario.

La economía mexicana es hoy una economía llena de sombras e incertidumbres. Y se le acumulan: hay desconfianza sobre las políticas públicas y los proyectos improductivos del presidente López Obrador que ahuyentan y limitan la inversión; sobre la falta de garantías y seguridades en México frente a la inacción de un gobierno incompetente, sobre las siempre presentes presiones comerciales de Donald Trump, sobre si nos afectará aún más la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que desacelera la exportación de manufacturas, sobre una posible próxima desaceleración en la economía estadounidense en 2020  (para la cual México, como siempre, no está preparado) o sobre la actual desaceleración económica internacional.

Las dudas se acumulan si sumamos la inconclusa aprobación del T-MEC, los problemas financieros de PEMEX, petrolera estatal siempre al borde de la quiebra que arrastra consigo a la calificación crediticia del país, el alza en el servicio de la deuda mexicana por el aumento en los réditos, la posibilidad de que algunas calificadoras, como Moody’s, puedan disminuir aún más la calificación soberana del país originando de inmediato una salida masiva de capitales de México.

El Bank of America manifestó hace unos días que la economía mexicana se encontraba en «recesión técnica», solo faltaría algo de tiempo para confirmarla. Sería la primera recesión originada por factores internos en 23 años. Recordemos que entre 2008 y 2009 México vivió una recesión, pero originada por la crisis subprime internacional. Esta es una recesión sin ningún factor de crisis económica externa o interna que la explique, con una economía estadounidense floreciente y dinámica, con alto crecimiento. Una recesión, la actual, originada por los desvaríos económicos del régimen de López Obrador.

López Obrador fue un buen candidato, a pesar de frases como las señaladas, pero ha sido un mal presidente, por soberbia, arbitrariedad e ineptitud. Lo que ha causado en su gobierno no se llama recesión, sino simple socialismo, redistribución para aumentar la pobreza, populismo autoritario: su gobierno ha sido solo tirar dinero a la basura, o creando clientelas personales y perdiendo credibilidad frente a inversionistas y mercados con apenas un «yo tengo otros datos» para justificar sus errores.

Al respecto, los argumentos utilizados por López Obrador y sus personeros para hablar de una «economía que va muy bien», solo se refieren al trabajo de las instituciones especializadas, como el Banco de México, en relación con la inflación. O al nivel cambiario del peso, solo sostenido por las altas tasas de interés que debemos pagar. Pero los fundamentos económicos se están resintiendo: la casa se incendia y solo el inquilino presidencial y sus empleados no lo ven.

López Obrador prometió un crecimiento anual del 4 % durante su gestión y un superávit primario del 1 %. Estamos muy lejos del primer objetivo, sin acciones creíbles para alcanzarlo; y sobre el segundo, en algún momento López Obrador decidirá entre sostener el equilibrio de las finanzas públicas o regalar todo el dinero que quiere y cree necesitar: de allí su obstinación por rescatar a PEMEX contra toda evidencia. Sueña a PEMEX como esa PVDSA que sostuvo al régimen chavista y su popularidad durante muchos años.

Con la pelea de López Obrador, con los mercados financieros (una pelea perdida de antemano), quizá ya cruzamos el punto donde el gobierno y el presidente perdieron toda la confianza de parte de inversionistas y mercados, siendo irrecuperable en lo que resta al final del sexenio, en 2024. De cualquier modo, el papel de López Obrador debiera ser, de ahora en adelante, el de generar la mayor confianza posible entre ellos. El presidente todavía puede evitar que miles de empresas quiebren y millones de empleos se pierdan. Evitarlo será la real medida de éxito de su gobierno.

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