México: ¿Estado o mercado?

El Estado propende naturalmente a la fuerza y al sometimiento. El mercado, en cambio, es cooperación y acuerdo voluntarios

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López Obrador, presidente de México. (Foto: EFE)

Hoy, en México, se reedita y vive un episodio más de esa larga discusión sobre qué es lo óptimo para una economía y para la gente: ¿más Estado o más mercado?

Las fallas reiteradas del gobierno de López Obrador, contando con la colaboración del Poder Legislativo y la complicidad activa del Poder Judicial y con instancias supuestamente independientes como la Fiscalía General de la República y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en aspectos vitales como la atención médica a los mexicanos más pobres o el récord histórico de más de 35 000 asesinatos en 2019 y miles de desaparecidos, hablan en tal sentido, no tanto de un error personal suyo o de su gobierno, sino del fracaso absoluto del Estado mexicano y de la propia idea del Estado mexicano.

En un año de gobierno, López Obrador ha recortado programas gubernamentales (ya cobrados a sus beneficiarios vía impuestos) como estancias infantiles, comedores comunitarios, servicios de hemodiálisis, medicamentos contra el cáncer y otros padecimientos, el llamado seguro popular (que daba atención médica especializada a los mexicanos más desprotegidos) y los recursos resultantes han ido a parar en forma de becas y rentas a manos de sus clientelas electorales, preparando las importantes elecciones federales intermedias de 2021.

Esto apunta a algo que ya sabíamos: la preferencia a amigos y clientelas, la corrupción política, el uso de jerarquías, la creación inducida de escasez y hambre, el pago según decida el gobernante, son rasgos fundamentales, decisorios, del Estado. A eso, sus seguidores, le llaman “compasión”. En cambio, una economía de mercado se guía por la eficiencia, la competencia, el ahorro, la libertad, la retribución según cada uno produzca y satisfaga productivamente las necesidades de los demás. A eso le llaman “crueldad”.

En tal sentido, ¿libre mercado o Estado? La diferencia entre uno y otro es esencial y conviene tenerla siempre presente: en una economía de mercado, las empresas privadas prometen darte bienestar a cambio de tu dinero. En una economía dirigida por el Estado, por el contrario, el gobierno promete darte violencia y cárcel si no se lo das. Y como sucede en México, al final, aunque le des tu dinero, no te da nada a cambio. ¿Cuál sistema es moralmente superior? ¿Vale la pena siquiera discutirlo?

¿Estado o libre mercado? El Estado propende naturalmente a la fuerza y al sometimiento. El mercado, en cambio, es cooperación y acuerdo voluntarios. Por eso, cuando piden que el mercado esté al servicio del Estado, como hace López Obrador reiteradamente desde su primer día de gestión, te exigen esclavitud: que tú seas el esclavo y que el Estado y sus políticos sean tus amos.

México es un buen ejemplo del enorme fracaso del Estado y de su ilusoria superioridad: falla una y otra y otra vez, pero la gente sigue pidiendo más Estado, en busca de una supuesta seguridad. En cambio, en el libre mercado, si compras algo que te decepciona, no lo vuelves a comprar. Punto para el mercado, que es una mejor democracia que la política y el estatismo.

Mucha gente pide más Estado, creyendo que vendrá en forma de más “controles y equilibrios” del gobierno para hacerlo más eficiente, pero esto es un mito, una mera ilusión. Es así porque todas las supuestas agencias de “equilibrio” están en manos de un monopolio: el propio Estado. Así, la grosera captura por parte de López Obrador de la Suprema Corte de Justicia, la Comisión de Derechos Humanos, la Fiscalía General de la República y la Fiscalía anticorrupción refleja esto precisamente: de nada sirve más Estado en condiciones de monopolio. El mercado libre, en cambio, proporciona controles y equilibrios genuinos en forma de competencia y libertad de elección. Otro punto para el mercado.

México también demuestra, palmariamente, día a día, que en una economía de mercado, cuanto más ambicioso eres, más debes trabajar para satisfacer productivamente las necesidades de los demás y, así, hacerte rico. En cambio, bajo el estatismo, cuanto más ambicioso eres, más aprovechas al Estado y a sus políticos para robar a los demás y hacerte rico.

México hoy es una buena muestra de que mucho de lo malo que pasa es por el Estado, el intervencionismo y el populismo. En cambio, mucho de lo bueno que pasa o puede pasar es por la iniciativa empresarial e individual en el marco de una economía de mercado. México es pues, una muestra evidente de la superioridad moral y económica del libre mercado, en contraste con el fracaso y la estafa diaria del Estado. 

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