El día después del COVID-19

Para paliar la crisis del COVID-19 es necesario fortalecer políticas sólidas que nos permitan actuar hoy, y no cuando la crisis se profundice

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La crisis económica se acentuará si no actuamos ahora. (Foto: Flickr)

Muchos creen que la crisis provocada por la pandemia de COVID-19 podría resolverse en unas pocas semanas; algunos países incluso ya hacen planes para reabrir la economía en mayo próximo, una vez que el peligro haya pasado, afirman.

No obstante, en muchos lugares se comienzan a cancelar grandes eventos incluso hasta octubre próximo. En Alemania, por ejemplo, ya se dio por cancelada la edición 187 del popular Oktoberfest, celebrado desde fines de septiembre en la ciudad de Munich, y que es sin duda el festival de cerveza más tradicional y famoso del mundo. En tal sentido, es mejor aceptar que la actual pandemia no será cosa de unos cuantos días más.

A ellos sumemos que, según los cálculos más optimistas, una vacuna contra el COVID-19 tardará aún alrededor de un año, a lo que habría que agregar el tiempo adicional de producción, aprobación burocrática, transporte y llegada a los países más pobres (Latinoamérica y África). Ninguna economía resistirá un año y medio o dos años de incertidumbre y con riesgo de confinamientos recurrentes.

¿Hasta dónde llegará el declive económico en Latinoamérica? Es temprano para decirlo. Pero será muy profundo. Solo para tener una comparación: Hubei, la provincia donde se originó el virus chino, tuvo una contracción del 39,2 % en su PBI durante el primer trimestre del año. Por eso no hay que decir que “no se puede estar peor”: no hay limites para el deterioro y las catástrofes.

En ese contexto, la crisis que se avecina para países como México (con pronósticos de una recesión que ya linda el 12 %), tras dos años de estancamiento, será como nada que hayamos sufrido antes. Lo dice alguien que presenció y sufrió las crisis recurrentes de 1976, 1982-1988, 1994 y 2009, algunas de ellas cataclísmicas. Estamos a punto de descubrir cuán fuerte es México y el carácter de los mexicanos.

Así, persistir en que lo mejor es mantener cerrada la economía mientras pasa la pandemia es un sinsentido y no saber nada del mundo real: mientras no haya vacuna (y durante un tiempo aún con ella), la pandemia seguirá allí, sin poder hacer mucho contra ella, más allá de la prevención y los cuidados básicos. En tal sentido, abrir la economía y evitar un mayor deterioro, poniendo el acento en la higiene y el distanciamiento, debiera ser la decisión a tomar ahora. Ahora, no mañana.

La crisis por la que ya estamos transitando significará la pérdida de millones de empleos, pérdidas que podrían llevar a situaciones sociales explosivas. Si queremos evitarlo, debemos recuperar esos empleos. Y la clave para recuperar los puestos de trabajo de forma rápida y eficiente pasa, necesariamente, por políticas sólidas y razonables para preservar el tejido empresarial de cada país.

Esto significa no solo apoyar fiscalmente a las empresas, sino permitirles funcionar con la mayor normalidad posible. Ningún país sale adelante exclusivamente con subsidios del gobierno y despensas “gratis” de los políticos, al contrario: esos son los medios para hundirse aún más, al ser insostenibles en el tiempo y hacerse a costa de la sobrevivencia de las empresas.

Muchos creen desequilibrados e irresponsables a quienes piden que centros comerciales, restaurantes, bares, fábricas se vuelvan a abrir; pero las personas cuyos medios de vida dependen de lugares como centros comerciales, restaurantes, bares o fábricas, seguramente ven las cosas de manera diferente.

Son precisamente quienes dependen de esos empleos y negocios para vivir, quienes no tienen ahorros para sobrepasar la cuarentena, quienes ahora no están consumiendo por falta de ingresos (y eso los hace más vulnerables), y quienes saben que el desempleo de largo plazo es su destino inmediato tras la cuarentena, necesitan que la economía se abra, ya, para evitar males mayores.

Países como Suecia y algunos más, muestran que es posible lidiar con la pandemia con una economía abierta. El gobierno sueco no ha clausurado la economía, no ha suspendido clases escolares ni actividades productivas, ni ha cerrado gimnasios o restaurantes, y solo ha prohibido las reuniones mayores de 50 personas. El gobierno de Stefan Löfven no ha reprimido las libertades fundamentales de la manera en que lo han hecho otros gobiernos, ni desbaratado a la sociedad y arruinado a la economía en esa misma medida. En contraste, presenta mayores índices mortales que sus vecinos escandinavos (básicamente por una falta de cuidado en asilos de ancianos, que se está corrigiendo) pero mucho menores a países como Estados Unidos, Italia o España.

No es cuestión de afirmar que primero va la economía, por encima de salud. Es más bien el saber que la pandemia no tendrá un rápido desenlace; que en el año y medio o dos años que aún le restan, tarde o temprano afectará a la mayoría de la población, o a toda, recurrentemente. Y sobre todo, es saber que si no queremos que la crisis económica y social post pandemia sea la más dura, profunda y prolongada en el tiempo que hayamos vivido en nuestras vidas, es necesario actuar hoy.

Los escenarios calamitosos de mañana deben atacarse ahora, no cuando ya estén encima y quede poco o nada por hacer, afectando a los más pobres entre los pobres

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