Pandemia: otro gran fracaso de López Obrador

La estrategia de prevención de la pandemia en México, desde su concepción, ha sido un fracaso, ya que se basó en el oportunismo y el autoritarismo político

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López Obrador
López Obrador suma otro fracaso. (Foto: Flickr)

La gestión de la pandemia del COVID-19 está siendo otro fracaso en el gobierno de López Obrador. Este fracaso, no obstante, es más doloroso y abultado que otros, porque involucra vidas humanas, 10 000 fallecidos a la fecha, además de 90 000 contagios y sin contar el subregistro ya reconocido oficialmente. Pocos antecedentes pueden encontrarse de un gobierno con tantos fracasos al hilo: pareciera que el mandato de López Obrador es de desgobierno e ineptitud, no de gobierno y eficacia.

No se trata solo de remarcar aspectos puntuales, pero injustificables de cualquier modo, como el crónico déficit de materiales, personal, medicamentos y equipos en el sistema de salud gubernamental durante esta pandemia, como atestiguan las casi diarias protestas y quejas de médicos y enfermeras en todo el país. O la compra tardía de algunos insumos, ya cuando la crisis estaba en plena expansión y se producían los primeros muertos. O la acogida a 8000 trabajadores de la salud cubanos, ayudando a perpetuar una dictadura esclavista.

Tampoco de remarcar la consabida insensibilidad de López Obrador para contribuir a salvar empleos y empresas, la que será en buena medida responsable de una caída en el PIB de alrededor del 12% este año. O la enorme crisis de inseguridad pública que sobrevendrá tras de que pase la pandemia (eso algún día tendrá que suceder), producto del hambre, el desempleo crónico, la desesperación, los posibles saqueos y la continuación de la violencia entre carteles criminales.

No, trato de decir que toda su estrategia de prevención de la pandemia en México, desde su propia concepción, ha sido un notorio fracaso, ya que se basó en el oportunismo y el autoritarismo político y no en consideraciones científicas u objetivas.

Así, las medidas oficiales de prevención y confinamiento fueron tardías y mal planeadas y ejecutadas, con un presidente de la república que no desperdiciaba ninguna oportunidad de restarle credibilidad a los esfuerzos de su gobierno, ni de disminuir seriedad a la grave crisis que se avecinaba, mandando el mensaje explícito de que no era necesario cuidarse durante las valiosas semanas previas a los primeros casos.

Enseguida, el gobierno de López Obrador decidió cerrar y dejar caer la economía, sin reparar seriamente en otras opciones, solo para satisfacer a una opinión pública histérica cuando se empezaron a dar las primeras muertes, pero también orientado por una visión ideológica, en detrimento de la inversión privada, y que propendía a un corporativismo de amigos, estableciendo como “actividades esenciales” aquellas ramas útiles al gobierno, y exhibiendo su incapacidad para regular a los actores económicos aliados del presidente.

Después del gran daño realizado (en estos dos meses de emergencia ni se cuidó la salud ni se salvó la economía) el gobierno inicia ahora un proceso de desconfinamiento antes de llegar siquiera al pico de contagios, y tras haber fracasado todas las previsiones gubernamentales de cuándo llegaría éste y dándose las muertes por racimos, sin ninguna idea de cuándo amainarán. Y esto al compás de un semáforo sobre los contagios, que está resultando en una rebatinga política con los gobernadores de los estados de la república.

En resumen, salimos del encierro peor de lo que entramos. Así, iniciamos mal y terminamos peor: confinamos tarde y mal. Ahora desconfinamos antes de llegar al pico máximo. De modo que, o la estrategia “científica” del gobierno tiene una lógica distinta a las de otras partes del mundo, o simplemente, como en realidad es, ha mandado el oportunismo político del presidente López Obrador.

Así, México es el único país del mundo que empezará a levantar las medidas de restricción en pleno pico de la pandemia. Junto con un presidente que iniciará una gira por varios estados, haciendo eventos públicos e iniciando obras gubernamentales en ciudades y estados con los mayores riesgos de contagio, como Cancún y Veracruz.

Esto demuestra que la prioridad del gobierno no fue, nunca, salvar la vida de las personas, ni mucho menos la economía, sino cuidar la estrategia electoral de López Obrador, con vistas a las estratégicas elecciones legislativas intermedias de julio de 2021. Con ese propósito, medio gobierno se cargó la vida de muchísimos mexicanos y la economía de todo el país. El otro, lo permitió y secundó.

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