Como Hugo Chávez en Venezuela, López Obrador no pagará lo que hizo en México

Cuando se observan los resultados de López Obrador en México, es inevitable pensar en Chávez y su nefasta gestión de Venezuela

López Obrador
Es enorme el daño hecho por el gobierno de López Obrador a la economía del país. (Foto: Flickr)

Cada día hay una mala noticia para México: récords en muertes y en contagios de COVID-19; eliminación acelerada de cientos de miles de puestos de trabajo formal; aumento escandaloso de la informalidad; crecimiento en el endeudamiento del gobierno mexicano y de sus empresas públicas (particularmente la petrolera PEMEX y la eléctrica CFE); numerosos estudios que hablan de la inutilidad y posible corrupción en la política social del gobierno y en sus programas sociales, verdaderos tiraderos de dinero (sin ningún resultado práctico); atentados diarios desde el Congreso contra las inversiones, la seguridad jurídica y las libertades; el regreso a los monopolios públicos y a las energías contaminantes; número récord en muertes por la violencia del crimen organizado; regreso de enfermedades ya erradicadas; desplome del turismo y cierre de empresas; nuevos mínimos históricos en el crecimiento económico y en numerosos otros indicadores; renovadas evidencias de la improvisación, mediocridad e irresponsabilidad en el quehacer diario de las instituciones gubernamentales mexicanas.

El desastre parece no tener fondo.

Todo esto es resultado de una pésima gestión en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Así, por ejemplo, durante su gobierno, y particularmente en los tres últimos meses, México destruyó la riqueza acumulada en los pasados 10 años. Y tardará otros 10 años más para regresar a los niveles de 2018. El decrecimiento en el PIB para este año se estima rondará en -12 %.

Ningún otro país en el mundo ha tenido un desempeño con tan malos resultados durante la pandemia y a ningún otro le será tan difícil reiniciar el crecimiento, porque la dinámica de retroceso económico no es privativa del periodo de la pandemia, sino que proviene desde muchos meses atrás, desde que fue evidente que López Obrador podría ganar en las elecciones de julio de 2018 y especialmente, cuando unos meses después, anunció la ilegal cancelación del nuevo Aeropuerto Internacional, sembrando serias dudas entre inversionistas y empresarios.

Es enorme el daño hecho por el gobierno de López Obrador a la economía del país, con millones de desempleados y 70 millones de habitantes que hoy no pueden cubrir sus necesidades alimenticias. Pero eso no parece importar al grueso de la población mexicana, que sigue otorgando alrededor de un 58 % de aceptación a López Obrador y sus políticas.

Con esos fuertes niveles de aceptación y ante el desprestigio e inacción de su oposición política, López Obrador y su partido y partidos satélites, bien pueden retener su mayoría en el Congreso en las elecciones intermedias de julio de 2021. E incluso, podría librar sin muchos problemas el proceso de revocación de mandato en 2022.

En todo caso, las reales dificultades y exigencias de la población podrían venir para su sucesor, enfrentado a la necesidad de dar respuesta a los problemas que López Obrador originó, nutrió, hizo crecer y finalmente no resolvió, frente a la pasividad social y política.

Estos nos recuerda mucho a la Venezuela chavista: mientras Hugo Chávez estuvo en la Presidencia y con los precios del petróleo por los cielos, nada ni nadie pudo hacer mella en el poder incontestable de Chávez. Pero los problemas de escasez, inflación desbordada, inseguridad pública, huida de la inversión privada e ilegitimidad política eran ya evidentes. Su muerte le libró de rendir cuentas y hasta terminó como una especie de santo, dejando toda la responsabilidad a Nicolás Maduro, que no fue nada brillante para enfrentar el reto, pero sumido ya en una dinámica de destrucción e intolerancia, y cuyos márgenes de acción estaban sumamente disminuidos, convirtiendo a Venezuela en la catástrofe que es hoy.

Ojalá México recapacite (hoy eso se ve lejano) y su ciudadanía llame a cuentas a López Obrador durante su mandato, librándonos de un nuevo santo laico y de ser otro manicomio sin salida.

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