El oportunismo llevará a Sebastián Piñera a la presidencia de Chile en 2018

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(RadioUChile) Piñera
Las personas ya no confían en la dirección del oficialismo y con ese mensaje claro y definido, los partidos políticos que componen la nueva mayoría, son llamados a una profunda reflexión. (RadioUChile)

Las elecciones municipales del 23 de octubre en Chile dejaron varias lecciones políticas y ciertamente modificaron el panorama de base para las presidenciales.

La Nueva Mayoría (coalición gobernante de centroizquierda) sufrió una sensible derrota que tiene varias lecturas, entre otras, que las personas ya no confían en la dirección del oficialismo y con ese mensaje claro y definido, los partidos políticos que componen la nueva mayoría, son llamados a una profunda reflexión.

La democracia cristiana (DC), fue el partido menos afectado en la baja de votos sufrida y en ese sentido, se convirtieron en el partido más fuerte de la coalición. Esto significó que se reunieran en un consejo nacional extraordinario en el cual analizarían su situación de unión con el gobierno.

Al parecer, y dada la estructura del partido, están atrapados en una alianza que no les permite modelar el rumbo del gobierno a pesar de ser el partido más poderoso de su coalición.

La posición de la DC es interesante, porque dentro de sus filas, militan personas muy cercanas a la visión del gobierno, con el estatismo en el alma, y por otro lado también encontramos militantes cercanos al liberalismo que no comparten la visión totalitaria que ofrece el socialismo gobernante. Sin embargo en este consejo nacional, se determinó que las relaciones con el gobierno no se restaurarían hasta que se cumplan ciertos requisitos.

Estas condiciones, al ser entendidas, básicamente le piden al Gobierno que renuncie a su razón de ser, pues precisamente establece la condición de abandonar las grandes reformas tales como la educacional y ocurre que dicha reforma es el caballo de batalla del régimen gobernante, que nació del movimiento estudiantil, que creció con él y lo utilizó para llegar al poder y su principal llamamiento ideológico está basado en la reforma educacional, de hecho, esta reforma es la madre de otras, como la tributaria, que permitirían financiar este proyecto base aunque eso significara la ruina del país en otras áreas.

Pedirle al Gobierno que deje de lado la razón de ser por la cual es gobierno, es como pedir que el mismo deje por entero de funcionar. Las otras conclusiones son bastante más fuertes de lo que solían ser sus quejas habituales hacia el ejecutivo, ya que estas solían estar basadas en los modales y la forma en que eran tratados con desdén, como un partido acompañante, pero no participante, partido consultivo quizás, pero no resolutivo, y esto ha cambiado, ya que la queja principal está basada en el contenido del gobierno y no en las formas.

El asunto es de fondo, ya no están quejándose de que hay ciertos problemas de gestión, de que hay algunas cosas que no se están haciendo bien, ahora la queja es sobre la naturaleza de las cosas que se están haciendo y de ahí se concluye que esta rabieta es diferente a las otras, pero siendo objetivos, esta tampoco producirá ningún efecto práctico, porque no puede producirlo, no tiene la capacidad.

La DC tiene dos opciones, dividirse formalmente entre sus facciones más extremas, como ya ocurrió en los 60 y 70, o dejarse morir por su insostenible inmovilidad, lo que se manifiesta en gente que deja de votar por ellos(a pesar de perder una tercera parte de sus electores, siguen siendo los que menos perdieron en la Nueva Mayoría)

La democracia Cristiana por esencia no es de izquierda, pero en Chile utilizó una alianza izquierdista para llegar al poder y distanciarse de la derecha que apoyaba la gestión económica de la dictadura de Pinochet. El problema es que ya mucho tiempo ha pasado y la derecha ya se distanció de la imagen dictatorial, sin embargo la DC no se ha zafado de la alianza en la que entró, porque a estas alturas le significaría una pérdida de credibilidad insostenible, ya que su tradicional ambigüedad terminaría por agotar al electorado.

Es evidente que a este partido le encantaría una unión con el PPD (partido por la democracia) y el PS (Partido Socialista) para respaldar una candidatura de Ricardo Lagos, pero la coalición no le ofrece esa exclusión del partido comunista, lo cual se vuelve como la piedra en el zapato para la DC que ya ha sufrido el menosprecio que significa trabajar con ellos en un gobierno. Además ¿Qué opciones tienen el PS y el PPD con el partido comunista? No pueden arrojarlo a la basura porque hay ciertas coincidencias ideológicas esenciales y siendo así entonces la DC ya no puede tener esta  deseada alianza con ellos.

Los comunistas no han emitido palabra porque la verdad es que están cómodos, con un gobierno afín, con una presidenta que si hubiera que medir su militancia en sus acciones, tendríamos que definirla como comunista, ya que sin importar si una persona admite ser budista, si va a misa, se confiesa y reza el avemaría, se comporta como cristiana no como budista. Eso le ocurre a la presidenta, que se comporta como comunista haciendo de este partido su principal asesor.

 

En este escenario, la DC no puede hacer un quiebre real con el Gobierno, porque aunque son la mayor fuerza, no son los que tienen el poder principal, por lo cual es probable que se dividan o desintegren, lo que significaría menos apoyo concentrado para la Nueva Mayoría que ha empezado un evidente proceso de finalización.

La finalización del congreso extraordinario terminó con la frase “no queremos entregarle el Gobierno a la derecha” eso dice mucho del carácter de la DC estos días, que no tiene ideas y solo le preocupa sus puestos y aseguramiento de su dependencia estatal.

La frase “divide y reinarás” nunca tuvo más sentido. Sebastián Piñera será presidente porque el oportunismo de la DC creará división en la NM aunque sigan servilmente ligados a la coalición, le han dado un golpe de credibilidad y confianza, del cual es difícil salir airoso, porque el país se cansó de ser rehén del estado.

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