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Nada se solucionará con el voto obligatorio en Colombia

By: Andrés Londoño - Feb 22, 2017, 12:32 pm
(Pulzo) Colombia
La abstención es un mecanismo de protesta y el voto obligatorio un acto de egocentrismo. (Pulzo)

El Gobierno pretende tramitar una reforma a la política en Colombia. El Ministro del Interior ha propuesto implementar el voto obligatorio en el país. Esta propuesta, lejos de acabar con la indiferencia y falta de legitimidad de los políticos, beneficia a los más corruptos, y es un acto de egocentrismo por obligarnos a interesarnos en lo que ellos hacen. Sin mencionar los costos administrativos para identificar a quienes no voten y reformar los mecanismos de inscripción de cédulas.

El voto obligatorio podría aumentar la compra de votos. Ir a votar es una decisión de costo-beneficio. Implica decidir entre quedarse en casa o desplazarse hasta el sitio de votación, que incluye costo de traslado y tiempo invertido. Si hay sanciones por no votar, más gente se desplazaría al centro de votación, pero también serían más proclives a vender su voto para cubrir los costos en los que incurrieron.

Imagine por un instante a una persona de bajos recursos que vive en una zona apartada del centro de votación. Este tipo de personas, al enfrentarse a un costo por no votar, serían propensas a montarse en el bus del político de turno y recibir un refrigerio a cambio del voto. Como más personas estarían dispuestas a hacer lo mismo, el costo de comprar un voto sería menor, pues hay más oferta en el mercado; además, la existencia de sanciones por no votar.

El voto obligatorio es un acto de egocentrismo. Los políticos no logran conectarse con la mayoría de la población, y los frecuentes escándalos hacen que la mayoría de personas pierdan el interés. Como acción desesperada por legitimarse, quieren obligarnos a asistir a las urnas para decir que fueron elegidos por la mayoría de colombianos.

Hay otras maneras menos restrictivas de la libertad para aumentar la participación, como aumentar la transparencia, mejorar la comunicación e implementar otras maneras de ejercer el derecho, y no deber, al voto, como votar por correo electrónico o postal y hacer las jornadas de votación más largas.

 

Además, la abstención es un mecanismo de protesta. Es la manera como el pueblo exige un cambio institucional. El voto en blanco es un castigo a los políticos, pero la abstención significa la falta de solidez del sistema y la necesidad de cambio. Obligar a votar atenta contra el artículo dos de los derechos humanos: la libertad de opinión política, pues es una camisa de fuerza que obliga a participar de un sistema en el que no todos creen, aclaro que este no es mi caso. Adicionalmente, el voto obligatorio atenta contra la libertad de culto, pues algunos creyentes de grupos religiosos, como los testigos de Jehová y cristadelfianos no creen en la participación política.

No a todos nos interesan las mismas cosas, lo que podría pasar con el voto compulsorio es un aumento significativo de votos nulos, colmados de dibujos de bigotes, entre otras genialidades. Además, varios países cuentan con voto obligatorio, y la percepción de los colombianos sobre la política no dista mucho de la que tienen otros países de Latinoamérica.

En Brasil, por ejemplo, el expresidente de la cámara de diputados está preso por corrupción, en un escándalo en el que estuvieron involucrados más de 50 políticos con altos cargos en Brasil y Argentina. En Ecuador hay graves acusaciones por persecución de opositores que le resta transparencia a los procesos electorales. Además, en el 2014 hubo un escándalo de fraude electoral en el que al parecer fueron suplantados más de 300.000 votantes. Por último, los escándalos de corrupción en Argentina son el pan de cada día, hay graves acusaciones en contra de la expresidente Kirchner y el actual mandatario, Mauricio Macri. El voto obligatorio no ha sido la solución a la corrupción en países vecinos que son comparables con Colombia.

Por último, los mayores beneficiados con el voto obligatorio son los políticos y no la gente. En Colombia existe un mecanismo de reposición de votos, que le devuelve una suma de dinero a los candidatos con base en el número de votos obtenidos. Si más gente vota, quiere decir que los colombianos tendremos que pagarles más dinero a nuestros políticos después de las elecciones, dinero que, a su vez, puede ser usado para comprar conciencias en épocas electorales.

Andrés Londoño Andrés Londoño

Andrés Londoño Botero es economista de la Universidad de los Andes y estudiante de maestría en Políticas Públicas en Hertie School. Síguelo en @andreslondonob.

A los ecuatorianos no les da la gana una dictadura como la venezolana

By: Pedro García Otero - Feb 22, 2017, 12:09 pm
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“Y no, y no nos da la gana, una dictadura como la venezolana”, cantaban, en Quito, los miles de manifestantes que rodearon la sede del Consejo Nacional Electoral de Ecuador exigiendo un conteo transparente de votos y oponiéndose a la posibilidad de un fraude que consolidara en el poder a Lenín Moreno, candidato de Alianza País. https://www.youtube.com/watch?v=bIDxQq4VGpQ Desde este domingo, tanto en medios ecuatorianos como venezolanos se han discutido las similitudes y diferencias entre lo sucedido en Ecuador y la crítica situación venezolana. Se señala como decisiva (y lo es, sin duda), la valentía del pueblo quiteño y guayaquileño, y se compara con el aparente estoicismo de los venezolanos para aguantar una situación que hace rato ya que dejó de ser soportable. Lea más: ¿Por qué Alianza País temía a una segunda vuelta en Ecuador? Lea más: Ecuador va a segunda vuelta y el chavismo de Correa se tambalea ¿Significa esto que en Venezuela todo está perdido? Por supuesto que no. Simplemente, que es superficial comparar situaciones sin prestar atención a los detalles. De hecho, un triunfo de las fuerzas democráticas en Ecuador continuará pavimentando el camino para la hora del retorno de las libertades en Venezuela. En la situación de ambas naciones hay una serie de matices que es necesario mostrar, puesto que son procesos, en el fondo, diferentes. Aquí se hace un listado de las diferencias que, desde el día de la elección, han venido aflorando, porque se tiende a cargar demasiado las tintas en una supuesta “cobardía”, de los venezolanos, o “entreguismo”, de sus dirigentes, haciendo abstracción de ocho puntos institucionales que son indispensables a la hora de analizar los hechos. 1.- Las Fuerzas Armadas en particular (y las instituciones en general) están menos controladas que en Venezuela: Más que la masa de ciudadanos en la calle exigiendo la entrega de los resultados electorales en las sedes del Consejo Nacional Electoral en Quito y Guayaquil, fue crucial para que este organismo anunciara la segunda vuelta electoral el comunicado de la Fuerza Armada Ecuatoriana exigiendo (sí, exigiendo) celeridad en el proceso de conteo, así como la clara manifestación de su apoliticismo. Destrancó el panorama que planteaba un CNE cooptado por el oficialismo; le hizo ver a los ciudadanos opositores que el intento de fraude de la Alianza País no iba a prosperar y por lo tanto, logró el objetivo de que se reconociera lo que decían las urnas: que la revolución ciudadana no había ganado en la primera vuelta. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   2.- El Gobierno, en el fondo, aún es democrático. Venezuela, en la superficie, ya es una dictadura Más allá de las pretensiones autocráticas de Rafael Correa, muy alimentadas por el ejemplo de Hugo Chávez, Correa sigue siendo un civil, educado en universidades estadounidenses, que ha copiado muchos de los modos del chavismo, pero ha dejado de lado algunas de sus razones de fondo: Utiliza la retórica pero no algunas de las prácticas de la izquierda. Tiene ciertos resortes morales, ciertos escrúpulos, que Chávez jamás tuvo y que vienen, justamente, de su formación civil. El Gobierno de Nicolás Maduro, en tanto, ha pasado, luego de perder las elecciones, de ser un autoritarismo competitivo a ser un autoritarismo a secas, en el cual hasta las elecciones han quedado suspendidas; y Maduro, aunque civil, gobierna como cara visible de una cúpula militar que, como en otros países (Egipto o Cuba son buenos ejemplos) ha colonizado la economía y se ha dedicado a chupar la sangre del país. Otra diferencia entre ambos países es la duración de los procesos “socialistas”; mientras en Ecuador ha durado, hasta ahora, diez años, en Venezuela ya va por 18, lo que significa una captura mucho mayor de los poderes del Estado. En 2005 comenzó la cooptación de todos los poderes públicos por parte del chavismo, un proceso que no se ha detenido. El chavismo, además, está mucho más influido que el Gobierno de Correa por Fidel y Raúl Castro, que han sido crudelísimos con sus connacionales, y aún más con los venezolanos, a través de la influencia del G2 cubano en sus Fuerzas Armadas y sus servicios de inteligencia y policiales, con personajes como Joaquín Quintas o Ramiro Valdés, (a) “Charco de Sangre”. 3.- La gente tiene menos miedo a la protesta ciudadana y puede protestar, algo que en Venezuela está prohibido Mucho se criticó cuando Maduro logró su dudosa victoria electoral, en 2013, sobre las declaraciones de su contrincante, Henrique Capriles, quien le pidió a la gente que no protestara. Lo cierto es que desde ese mismo momento, Maduro dio muestra de su autoritarismo al prohibir que la oposición “ingresara a Caracas” y concretamente a la sede del Consejo Electoral venezolano. Las protestas de 2014 dejaron 43 muertos, y al menos 38 de ellos son atribuibles a la represión policial y parapolicial que aplica el Gobierno de Maduro; igualmente, el Tribunal Supremo de Justicia ha prohibido manifestar frente a las sedes de los organismos públicos. Si bien es cierto que la protesta en Ecuador ha sido valiente y ha servido para desarmar las pretensiones de fraude, no lo es menos que en ese país hay unas condiciones para la protesta que hoy no existen en Venezuela. Y la gente, o la mayoría de la gente, como es natural, no quiere ser asesinada por protestar, por mucho que un grupo de exaltados, mayoritariamente en Twitter (ese reducto de radicalismo) los tilden de “cobardes”, como han hecho al comparar la respuesta de nuestros hermanos ecuatorianos con el silencio que existe hoy por hoy en Venezuela, un silencio impuesto desde el miedo a la violencia. 4.- Hubo un liderazgo dispuesto a jugársela al lado de la gente No hay comparación entre lo hecho por Guillermo Lasso y Cynthia Viteri en Ecuador y lo hecho por algunos dirigentes opositores (más allá de Capriles) en Venezuela. Si lo de Capriles tenía la justificación de no enviar a la gente al matadero, lo de otros líderes fue muchísimo más mezquino: era cerrarle el paso al propio Capriles para esperar la oportunidad de imponer un proyecto propio. La historia ha dicho quiénes son esos dirigentes, más allá de que luego hayan tenido que pagar un alto precio personal por ese momento de egoísmo. Paradójicamente, la desunión de la oposición ecuatoriana (siete candidatos) ha terminado jugando a favor de esta en las elecciones, pues son siete voces dispuestas a la protesta, a diferencia de Venezuela, donde a la hora de reclamar un más que probable fraude electoral en 2013, han dejado al candidato prácticamente solo. 5.- La doble vuelta es la salvación de las democracias Todo mecanismo que contribuya a reforzar la legitimidad de los Gobiernos es positivo, y los procesos de balotaje (segunda vuelta) han jugado roles importantísimos tanto en Argentina como en Perú y en Ecuador, para conformar alianzas y para reforzar el sistema, protegerlo contra aventureros. Contrasta esto, por ejemplo, con el caso de Venezuela, donde un sistema político basado en “el ganador se lo lleva todo”, que no está establecido en la Constitución, pero que el chavismo impulsó, creyendo que iba a ser popular para siempre (y que se le revirtió muy duramente en las elecciones parlamentarias de 2015) ha derivado en una gigantesca crisis política. Como suele decirse: Los consensos en democracia, sin duda, son más lentos, pero también redundan en acuerdos más duraderos. 6.- Venezuela ha provisto la experiencia para que la situación no se repita en otros países Lamentablemente, a Venezuela le tocó ser el conejillo de Indias del Socialismo del Siglo XXI; fórmulas como la “Constituyente”, la “reforma judicial” o la extensión de los períodos encontraron aquí campo fértil en los primeros años del régimen chavista, porque el continente había perdido contacto con la experiencia de los neototalitarismos. Pero como de todo lo malo queda un aprendizaje, sin duda, pueblos como el ecuatoriano, el boliviano o el argentino han entendido que si se deja a un mismo grupo por mucho tiempo en el poder, el resultado inevitable es la ruina y el autoritarismo. Y ese aprendizaje ha servido al pueblo ecuatoriano para defender lo que tenía que defender, la legitimidad de su voto, y hacerlo con gran eficiencia y con éxito en sus resultados. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   No solo ha sido un aprendizaje teórico: todos los días ven llegar venezolanos a Ecuador huyendo de la crítica situación de su país, y gente del establishment político, como la propia Viteri, tienen conocimiento de primera mano de lo duro que es el régimen venezolano. 7.- El Socialismo del Siglo XXI es un fraude y la gente ya lo entiende así Afortunadamente, también, y por la dolorosa experiencia de Venezuela, han quedado muy atrás los experimentos de revivir el socialismo, luego de la caída del Muro de Berlín. En Argentina, primero, luego en Brasil, y ahora en Ecuador (y parcialmente, también, en Bolivia), el populismo ha ido quedando atrás. Porque incluso en los países en los que ha logrado proveer alivio momentáneo a la situación de los más pobres, se ha entendido que estos alivios solo resultan en compromisos financieros para el futuro, como lo han tenido que vivir en carne propia los ecuatorianos cuando ha caído el precio del petróleo, sufragando con sus impuestos los programas sociales y las enormes ineficiencias de la “revolución ciudadana”. Lea más: Francisco Zalles: "La dolarización es la democratización del dinero" 8.- La dolarización, aunque usted no lo crea, jugó un papel esta semana Decía Friedman que “no hay libertad política sin libertad económica”, y la dolarización, establecida en 2000, ha jugado un gigantesco papel en la estabilidad tanto económica como política que ha disfrutado Ecuador en estos años. Primero, porque ha provisto un crecimiento que ha redundado en una enorme expansión de las clases medias, que son vitales en una democracia; segundo, porque ha impedido la financiación inorgánica de las locuras de Rafael Correa, quien siempre se quejó de la “pérdida de soberanía monetaria”: en el fondo, eufemismo para hablar de la pérdida de la facultad de meterle la mano en el bolsillo a la gente. Y donde hay prosperidad, y hay estabilidad, es muy difícil que la gente vote contra sus propios intereses. Los ecuatorianos, afortunadamente, han hecho hoy una gigantesca apuesta por su futuro. Y han ganado. Bien por ellos. Y gracias en nombre de Venezuela, por haber dado tan lindo ejemplo, y por acoger a tantos de nuestros conciudadanos en esta hora menguada de nuestra Patria, que también es la vuestra.

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