Brexit, Trump, Beppe, Le Pen y otros “cisnes negros”: ¿Involuciona el mundo hacia el nacionalismo proteccionista?

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Quienes todavía piensan que estamos ante la probabilísticamente improbable presencia de dos cisnes negros consecutivos, deberían revisar el calendario electoral de las democracias occidentales europeas en los próximos meses. (Free Leopoldo)
Quienes todavía piensan que estamos ante la probabilísticamente improbable presencia de dos cisnes negros consecutivos, deberían revisar el calendario electoral de las democracias occidentales europeas en los próximos meses (Youtube).

Cuando, como sucedió con el Brexit, las encuestas, los mercados financieros y los opinadores respetados coinciden en pronosticar un resultado y  lo que sucede es todo lo contrario, estamos en presencia de lo que se conoce como “un cisne negro”. Pero cuando ese evento, en la cuna de la democracia occidental, es seguido de un evento similar en la democracia más poderosa del mundo, como acaba de suceder con la victoria de Trump, hay razones para pensar que, más que ante un cisne negro, estamos ante una tendencia.

En efecto, el triunfo de Donald Trump en las elecciones norteamericanas, tiene características muy similares a las del Brexit: un electorado rural y de la clase trabajadora que se siente amenazado por los burócratas de la metrópoli, en este caso Washington, en aquel Brusselas, una desconfianza de ese mismo electorado hacia los ganadores de la globalización, en particular los del mundo financiero, y un temor, racional o no, hacia la inmigración sin controles aparentes, de mexicanos o siros y pakistanís según el caso.

En Italia el cuatro de diciembre hay un referéndum sobre una reforma constitucional que de fracasar le abre las puertas a la presidencia al Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, un cómico sin experiencia política que lidera las encuestas; en Holanda el Partido de la Libertad de Greet Wilders, también con una agenda de derecha populista, aboga, con buenos chances para logralo por un Nexit en la elecciones de marzo venidero. Algo similar sucede en Austria con el partido derechista de Norbert Hofel

En  marzo Francia elige nuevo presidente, y el descrédito de la izquierda y derecha tradicional es tal que Marine Le Pen, montada sobre una plataforma antiinmigración y antiglobalización, tiene grandes posibilidades de convertirse en Presidente. Finalmente, Angela Merkel ve sus posibilidades de reelección amenazadas por movimientos de corte similar, dada la posición proinmigración de refugiados sirios que ha asumido.

¿Qué está sucediendo?¿Será que después de 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial estamos presenciando una involución hacia un mundo más insular y proteccionista? Vienen a la mente unas declaraciones del legislador británico Denis MacShane, sobre el sentimiento aislacionista

Desde el punto de vista histórico la reacción anti globalización representa la venganza del siglo 19-nacionalista, proteccionista, racista, crédulo y gótico- sobre los valores del siglo 18- racional, universalista, modernizador, humanista y clásico. Estamos presenciando, si se quiere, una lucha entre Voltaire y Nietzche; entre el compromiso con el libre comercio de Adam Smith y la preferencia de Bismarck por la barrera de tarifas aduaneras.

 

Si efectivamente esas son las tendencias que van a imponerse en Occidente, ciertamente es una mala noticia para los países latinoamericanos y asiático, cuyas economías de menor tamaño relativo cifran las esperanzas para mantener un crecimiento auto sostenido, precisamente en todo lo contrario a lo que parece estar sucediendo.

La inminente denuncia o renegociación del NAFTA anunciado en el programa  de Gobierno de Trump es una mala noticia para México y Canadá. Pero en un sentido más amplio, también lo es el alejamiento de EE. UU. de la Alianza Transpacífica, y los cambios que se avizoran en las relaciones comerciales sino-estadounidenses.

Estas últimas pueden desatar una ola de incrementos tarifarios y devaluaciones competitivas que retrotraigan al mundo a la ambiente proteccionista de los años 30 del siglo pasado, que se inició con el incremento unilateral de aranceles estadounidenses con la Ley Smoot-Hawley de 1930.

Ciertamente la globalización ha dejado en su estela importantes bolsones de perdedores o rezagados, sobre todo en los países desarrollados, pero sus efectos netos han sido inmensamente positivos, especialmente en los países en vías de desarrollo. América Latina, para la que el tránsito de la autarquía hacia economías abiertas ha traído grandes beneficios, tiene que reflexionar sobre estas tendencias y buscar formas de contrarrestarlas, si quiere garantizar el crecimiento de sus economías.

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