Venezuela: de potencia energética a oscuridad total por apagón nacional

Más de 18 horas han estado los venezolanos sin el servicio eléctrico con el mayor apagón que se ha registrado en Venezuela en las últimas tres décadas.

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Venezuela sufre un nuevo apagón de energía que afecta al menos 11 estados, así como al territorio político administrativo que comprende a Caracas, la capital del país y asiento de los poderes públicos. EFE/RAYNER PEÑA

Un apagón general de más de 18 horas dejó a oscuras a Venezuela, causando caos y angustia entre millones de venezolanos, y demostrando que ya no queda prácticamente nada del que fuese hasta hace pocos años una de las mayores potencias energéticas del mundo.

El colapso del servicio había sido advertido desde al menos cinco años por analistas y expertos del sector, quienes señalaban como principales causas la falta de mantenimiento, la desinversión y la gran y descarada corrupción que se ha generado en la empresa eléctrica desde que fue estatizada.

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Las fallas en el suministro eléctrico se empezaron a registrar desde hace mucho, desde al menos el año 2004 y en 2008 llegó a causar uno de los momentos de mayor tensión social que debió enfrentar Hugo Chávez mientras estuvo en el poder. Ya en 2009 era evidente que algo andaba muy mal en el sector, tanto que el chavismo tuvo que anunciar las primeras medidas especiales de racionamiento eléctrico que por horas dejaban a oscuras y casi completamente paralizadas varias regiones del interior del país, lo cual permitía que Caracas, sede del poder político, pudiera seguir funcionando con relativa normalidad.

Industrias y comercios quebrados por fallas eléctricas

A partir de ese momento fueron cotidianos los cortes de energía, la mayoría sin previo aviso a la población, acabando con centenares de comercios que habían sido prósperos y deteriorando la vida de los ciudadanos hasta llevarla a las condiciones que se registraron a principios del siglo pasado.

Industriales y comerciantes fueron obligados a una autogeneración, por lo que muchos debieron comprar costosas plantas eléctricas. Sin embargo, esto no solucionó el problema de la caída de la oferta energética y el cada vez más deteriorado servicio.

La situación en la empresa eléctrica se agravó debido a que las políticas socialistas del chavismo establecieron como principio prestar un servicio prácticamente regalado, por lo que con la facturación no se cubrían los costos ni mucho menos se podían planificar mejoras.

Una investigación del experto Víctor Poleo, del Observatorio de Gasto Público, del think tank venezolano Cedice Libertad, reveló en 2015 que la facturación solo cubría el 20 % de los costos.

La gran estafa de los «bolichicos»

Ante esa realidad de quiebra generada por el propio chavismo, el Estado se endeudó para invertir en el sector, y justo con esos recursos aparecieron varios jóvenes empresarios que jamás habían estado vinculados al área (pero sí a altos dirigentes del Gobierno) y que, con empresas de maletín, se encargaron de desaparecer lo que pudo servir para medio estabilizar el servicio.

La gran solución que consiguieron en ese momento fue la compra de múltiples planta termoelectricas, pero hoy se conoce que no fue un buen negocio, sino realmente una gran estafa.

“Muchas de ellas terminaron siendo equipos usados que fueron comprados como si fueran nuevos, mientras que los otros que si eran nuevos, se compraron con sobreprecio. Y lo que es peor, muchos de esos equipos llegaron al país sin que hubiera proyectos para instalarlos”, explicó a la prensa el ingeniero Manuel Guevara.

Las plantas que fueron adquiridas a raíz de la crisis eléctrica de 2010 por más de USD $6.000 millones, llegaron al país sin garantía de tener el suficiente suministro de gas para operarlos, o que iban a tener a los equipos necesarios para poder transmitir esa generación de electricidad.

La situación en el sector nunca mejoró, así que la población se fue acostumbrando a vivir con cortes constantes, con bajones que quemaban sus aparatos eléctricos y sin que nadie fuese capaz de dar respuesta.

En mayo de 2018, el segundo servicio más deteriorado en el país fue el de suministro eléctrico, presentando fallas en casi todo el territorio nacional al menos tres veces en quince días, según el monitoreo de servicios realizado por Cedice Libertad.

Winston Cabas, presidente de la Asociación Venezolana de Ingeniería Eléctrica y Mecánica, ya el año pasado también se unía a las voces que alertaban lo que era evidente: que el régimen no tenía “la capacidad ni gerencial ni técnica para manejar lo que ocurre en el sistema eléctrico nacional”.

Las plantas termoeléctricas están en muchos casos inoperativas por falta de mantenimiento e inversión, pero además, por la falta de combustible.

Con premeditación y alevosía

Aunque el colapso pareciera ser producto de errores, corrupción e inexpertos dirigiendo al sector, en 2015 el ingeniero Miguel Lara aseguró al PanAmPost que lo que sucedía en el sector eléctrico venezolano era “con conocimiento de causa”.

Su visión coincidía con la del experto Víctor Poleo, quien se muestra seguro de que “la destrucción del sistema eléctrico venezolano se hizo adrede”.

En un país casi sin luz, sin agua, sin gas, sin gasolina, sin transporte público, sin alimentos y sin medicinas es más fácil someter a la gente. Ya Cuba lo hizo en el pasado y en todos los regímenes socialistas intentan copiar la receta.

La iguana y el senador Marco Rubio

Durante los 20 años del chavismo jamás se han responsabilizado en el Ejecutivo por lo que ocurre en el sector. Cada vez que hay un apagón, sus voceros declaran con una seguridad que impresiona que se trató de un sabotaje. Incluso han llegado al extremo de asegurar que iguanas han sido las responsables de las fallas en el suministro eléctrico.

En esta ocasión también han responsabilizado a otros de los problemas que existen. El turno de supuestos culpables fue para el senador estadounidense Marco Rubio, quien, según el chavismo, habría planificado desde el exterior ese ataque para dejar a millones sin electricidad.

“Qué casualidad que menos de tres minutos después de que se diera el sabotaje criminal técnico contra nuestro sistema de generación en Guri, aparece el dueño de los lacayos de la violencia aquí, el señor Marco Rubio publicando un tuit que decía: se queda sin suministro eléctrico Venezuela”, aseguró anoche Jorge Rodríguez, ministro de comunicación de la dictadura de Maduro.

Las conclusiones tan absurdas de Rodríguez le restan seriedad a una situación grave para millones de venezolanos y son una clara muestra de que de ninguna forma admitirán que ellos son responsables del problema.

A pesar de que pareciera que el episodio concluirá cuando logren restablecer el servicio, así sea 24 horas después, y que quedará como un nuevo capítulo de la historia de ineficiencia del socialismo, no hay garantía de que algunas personas inocentes no serán detenidas para tratar de justificar sus fantasiosas teorías.

Ya en el pasado, decenas de personas han sido encarceladas bajo la acusación de sabotaje del sistema eléctrico, solo por estar cerca de alguna instalación de la empresa estatal en el país.

Las investigaciones de esos supuestos hechos nunca se han conocido con claridad y muchos de los encarcelados han pasado días en prisión sin que se les haya hecho un juicio formal.

Mientras, millones de venezolanos mantienen por segundo día sus actividades casi totalmente paralizadas.

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