Marta Lucía Ramírez irá como independiente a la presidencia de Colombia tras ruptura con caciques del Partido Conservador

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Marta Lucía Ramírez irá como independiente a la presidencia de Colombia tras ruptura con caciques del Partido Conservador. (Twitter)

Marta Lucía Ramírez irá como independiente a la presidencia de Colombia: Tras una pugna interna de varios meses con los altos mandos del Partido Conservador, la exministra de Defensa y de Comercio Exterior Marta Lucía Ramírez, candidata presidencial de los conservadores en el 2014, decidió lanzarse a la presidencia como independiente para las elecciones del 2018.

La intención original de Ramírez fue ganar el aval del Partido Conservador antes de presentarse a una consulta con el candidato del Centro Democrático para definir una candidatura presidencial única de centro-derecha. No obstante, los dirigentes conservadores, la mayoría de los cuales han apoyado al gobierno Santos e impulsado el acuerdo Santos-FARC en el congreso, se opusieron a una nueva candidatura de Ramírez desde el inicio.

En julio, el conservador santista Efraín Cepeda, actual presidente del senado, declaró que no apoyaría a Ramírez en el 2018 por “objeción de conciencia”. En otras palabras, para Cepeda prima el ilegítimo acuerdo Santos-FARC y las prebendas que recibe del gobierno sobre la democracia a nivel nacional, donde fue derrotado el pacto con la guerrilla el pasado 2 de octubre, y dentro de su propio partido, cuyas bases eligieron a Ramírez como candidata por una abrumadora mayoría en el 2014.

Por otro lado, el representante a la Cámara conservador David Barguil lidera a un grupo de 20 congresistas de su partido que, según La Silla Vacía, “descartan la aspiración de Marta Lucía Ramírez por el Partido (Conservador) y abren la posibilidad de una alianza” con Germán Vargas Lleras, exvicepresidente de Juan Manuel Santos.

Otro de los conservadores santistas es Hernán Andrade, senador y presidente del partido, quien sugirió en junio que el expresidente Andrés Pastrana, uno de los principales aliados de Ramírez, abandonara el Partido Conservador a raíz de sus esfuerzos por promover una alianza de centro-derecha con el fin de modificar el acuerdo Santos-FARC. Aunque Andrade luego declaró que “sería un honor compartir una tarima” con Pastrana, hasta el momento ha sido incapaz de definir unas reglas de juego transparentes para que el partido pueda escoger a un candidato presidencial. De hecho, la misma permanencia de Andrade como presidente del Partido Conservador es problemática- en mi opinión, vergonzosa,- dado que la Procuraduría lo investiga por corrupción desde el pasado 18 de agosto.

Desde que las bases conservadoras le ofrecieron a Ramírez las banderas azules el pasado 25 de julio en la sede del partido en Bogotá, ella ha buscado consolidar su apoyo entre los miembros de a pie de la colectividad para impulsar su candidatura a través del país. Aunque su fuerza entre la base del partido es evidente, como quedó demostrado en un multitudinario evento en Santander hace pocas semanas, Ramírez tomó la decisión de apartarse del Partido Conservador y lanzarse por firmas a la presidencia porque la incapacidad de la dirigencia de establecer unas reglas claras para escoger a un candidato presidencial la puede dejar sin candidatura. Y hay buenos indicios para sospechar que ese es precisamente el plan de los conservadores santistas.

De hecho, en el 2014, los congresistas pro-Santos demandaron la elección de Ramírez el día después de su victoria en la convención del partido. Aunque la acción legal de sabotaje no prosperó, Cepeda, el Senador Gerlein y sus aliados hicieron lo posible por torpedear la campaña de Ramírez antes de apoyar oficialmente a Santos en la segunda vuelta.

De cierta manera, la decisión de Ramírez de inscribirse como la candidata de un movimiento significativo de ciudadanos para el 2018 es el desenlace lógico de su relación con los mandamases conservadores, cuya prioridad es proteger sus propias clientelas y mantenerse a la cabeza de maquinarias políticas quasi feudales. Por otro lado, la misión de Ramírez es hacerse elegir para implementar un programa político sólido que, entre otras cosas, busca romper el clientelismo y el control de políticos electos sobre miles de puestos en instituciones del Estado, la cual es la fuente principal de la corrupción en Colombia. Por eso existió el plan alternativo de una candidatura por firmas hace meses. Como escribí en el PanAm Post:

Marta Lucía sabe muy bien que los barones electorales del Partido Conservador pueden torpedear su candidatura por la vía burocrática, por ejemplo al dilatar ad infinitum la decisión acerca del mecanismo para escoger a un candidato presidencial. Por lo tanto declaró el martes, 25 de julio, que si no consigue el apoyo del Partido Conservador, su equipo saldrá a las calles a conseguir firmas ciudadanas. Es decir, Marta Lucía no descarta romper por completo con los caciques conservadores y liderar una candidatura presidencial independiente.

En los próximos días, Ramírez se unirá a la ya extensa lista de políticos que se han inscrito a la presidencia por firmas pese a tener un largo recorrido en algún partido con personería jurídica. La paradoja, sin embargo, es que mientras Germán Vargas Lleras, Sergio Fajardo o Juan Carlos Pinzón perfectamente hubieran podido ser los candidatos de sus respectivos partidos (Cambio Radical, Alianza Verde, Partido de la U), Ramírez hubiera preferido ser la candidata conservadora con el fin de reformar su partido, e hizo lo posible por lograrlo.

Sin embargo, tal es el poder obstaculizador de caimacanes como Cepeda, Gerlein y Barguil que Ramírez intentará ser la candidata de las bases conservadoras por fuera del partido.

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