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Las instituciones, clave de 40 años de progreso democrático en España

By: Diego Sánchez de la Cruz - Jun 20, 2017, 3:56 pm
(ElIberico)
En cierto modo, los comicios de 1977 son el penúltimo hito del período conocido como la Transición Española.(ElIberico)

El pasado 15 de junio, España celebró el cuarenta aniversario de sus primeras elecciones democráticas. Tras la desastrosa II República y el largo período de autoritarismo que supuso el franquismo, el país ibérico elegía en libertad a sus gobernantes y empezaba a sentar las bases de una historia de éxito.

En cierto modo, los comicios de 1977 son el penúltimo hito del período conocido como la Transición Española. Desde 1975, con la muerte del general Franco, el rey Juan Carlos I de Borbón encabeza un generoso esfuerzo de diálogo y de concordia que consolida un nuevo marco político volcado en asegurar el pluralismo y la democratización.

Quizá el primer paso fue impulsar el Proyecto de Ley para la Reforma Política, que salió de las Cortes con el apoyo del 81% de los procuradores y, a continuación, fue aprobada en referéndum por el 94% de los españoles. Como se decía entonces, el objetivo de este instrumento político era “avanzar hacia la democracia de la ley a la ley, a través de la ley”. De forma explícita, y con el firme liderazgo del monarca Juan Carlos, España empezaba a hilar una evolución pacífica, tranquila, ordenada y sensata, en aras de alcanzar una democracia con las bases más anchas posibles.

El siguiente paso fue la celebración de las elecciones de 1977, de las que se acaban de cumplir cuarenta años. Las votaciones contaron con una amplia participación del 78% y arrojaron un mandato claro de reforma y moderación. Así, los candidatos más centristas de la derecha y la izquierda (Adolfo Suárez y Felipe González) se convirtieron, respectivamente, en presidente del gobierno y líder de la oposición.

Las nuevas Cortes democráticas abrieron el camino para la redacción de una nueva Constitución. Con la Carta Magna de 1978 llegaba otro nuevo paso hacia la libertad política plena. Según indica el primer artículo de la Ley Fundamental, España quedaba establecida como un “Estado social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. La Constitución de 1978 confirmaba la monarquía parlamentaria como forma de gobierno y reafirmaba el principio de la soberanía nacional residente en el pueblo. Además, la Carta Magna establecía una de las organizaciones territoriales más descentralizadas del mundo. El referéndum constitucional validó la reforma con un voto favorable del 91% que servía para dar por concluida la Transición Española y abrir un proceso de normalidad democrática que ya ha durado cuarenta años.

 

El marco institucional español dista mucho de ser perfecto, pero ha logrado colocarse entre los más sólidos del mundo. En clave de seguridad, la amenaza terrorista de ETA ha sido derrotada con la ley en la mano y las tasas de criminalidad se sitúan entre las más bajas del mundo. En clave económica, el PIB per cápita ha pasado de US$ 3.200 a 25.800 y, pese a la Gran Recesión, España se ha consolidado como uno de los países más prósperos del mundo. En clave social, la calidad de vida del país ibérico está avalada por todos los indicadores de desarrollo humano.

Las últimas cuatro décadas también han servido, eso sí, para sacar a la luz las enfermedades crónicas del sistema político español. Por un lado está la lentitud de la Justicia, que está enquistado las investigaciones sobre corrupción y generando una creciente frustración entre los ciudadanos. Por otro lado, están las tensiones territoriales, que han ido a menos en País Vasco pero han cobrado fuerza en Cataluña. Finalmente, el excesivo radicalismo exhibido por la izquierda política y social en los últimos años ha terminado dando como fruto la irrupción de Podemos y el giro del PSOE hacia postulados alejados del centro político.

Pero, con todo, la experiencia de los últimos cuarenta años ha sido satisfactoria y, en consecuencia, debe ser valorada como un ejemplo a seguir por aquellos países que buscan transformar sus instituciones y asentar las bases para un modelo efectivo de democracia y prosperidad.

Diego Sánchez de la Cruz Diego Sánchez de la Cruz

Diego Sánchez de la Cruz es analista político y económico en medios de comunicación españoles y profesor en IE University. Síguelo en Twitter: @DiegoDeLaCruz.

Riesgo país y costo de refinanciamiento en Venezuela por las nubes

By: Aurelio Concheso - Jun 20, 2017, 3:47 pm
(El Confidencial)

La reciente compra a precio de remate por parte de Goldman Sachs de $ 2,800 millones de bonos de PDVSA 2014 (con cupón de 6 % anual) que dormían el sueño de los justos en la cartera de inversiones del BCV, pone de relieve el severo problema de administración de deuda externa que tiene el gobierno venezolano. Ese problema puede resumirse en dos palabras: Riesgo País. En efecto los mercados internacionales tienen formas de medir esa variable y lo hacen, entre otras cosas, a través del Índice EMBI de J.P.Morgan. Lea más: Represión con balas en Venezuela asesina a un joven y deja más de seis heridos Lea más: Venezuela: fiscal general pasa a la ofensiva con investigaciones por corrupción a funcionarios de Maduro El Riesgo País expresa, en términos sencillos, al inversionista cuanto más riesgoso que lo bonos del Tesoro Norteamericano pueden ser los que emiten países considerados emergentes como: México, Brasil, Colombia, Rusia, y por supuesto Venezuela. El riesgo se mide en algo llamado “puntos básicos”, cada 100 puntos son un 1 % de rendimiento anual. Así unos bonos en pesos colombianos, por ejemplo deben tener un rendimiento de 4, 15 % en este momento, partiendo del riego país colombiano de 200 puntos básicos y el rendimiento de los bonos del tesoro hoy de 2,15 %. ¿Y cuál es el riesgo país venezolano? Hubo un tiempo que era comprable a, y hasta mejor que el de sus vecinos. A medida que comenzaron a tener su efecto acciones de administración de deuda externa insensatas, como la iniciada por el Profesor Giordani de emitir deuda en dólares para apuntalar tasas de cambio sobrevaluadas que le permitían esconderle al Titán, los resultados inflacionarios de sus políticas, ese riesgo comenzó a subir. Con la caída del precio del petróleo y el empecinamiento de los responsables de la política económica de mantener cambios diferenciales insensatos e insostenibles, ese riesgo aceleró su crecimiento y hoy se encuentra bien por encima de la astronómica cifra de 3,500 puntos básicos. Eso quiere decir, amigo lector que si el gobierno pretende refinanciar cualquiera de las deudas que se le van venciendo-como normalmente hacen los países en sus programas de administración de deuda externa- tendría que pagar la astronómica cifra de 35 más 2.15, es decir por encima de 37 % de tasa de interés anual para que alguien se interese en comprar esos títulos. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Goldman Sachs compró los títulos con vencimiento en 2022 a un 70 % de descuento en $ 865 millones., lo que da un rendimiento efectivo sobre los mismos a su vencimiento de 38 % anual por lo que gran parte de la alharaca alrededor de la operación desvía la atención del verdadero pecado original o falla de origen de la operación. Esa no es otra que el hecho que esos bonos estaban en la cartera del BCV y para los fines de las cuentas nacionales consolidadas, su costo neto era cero. Una vez que los mismos salen a circulación en el mercado, se ha incrementado la deuda externa con terceros al total del valor, es decir $2,800 más los intereses de cuatro años. En efecto se ha producido un nuevo financiamiento, pero con una exorbitante tasa de 38 % que es a la que los mercados están dispuestos a adquirir deuda venezolana, como lo hacen a diario en el mercado secundario. Como todos los países La Nación y PDVSA tienen una serie de vencimientos anuales de su deuda. Ellos refinancian el total o parte del  capital y pagan intereses. Al tener que ofrecer rendimientos tan altos Venezuela termina teniendo que pagar la totalidad del capital. Los intentos de esconderle la realidad a los venezolanos y a los tenedores de bonos, terminan en fiascos como el reciente ejercicio medianamente fallido de refinanciar los PDVSA 2016 y 2017, incrementando el desprestigio y más bien aumentando la percepción de riesgo. La forma obvia de salir de esa ratonera es reducir esa percepción negativa que mantiene  las tasas en la estratósfera. ¿Cómo lograrlo? Técnicamente sencillo, pero no así políticamente porque lo que se requiere es una política económica sensata y creíble precedida de una reforma monetaria, en otras palabras exactamente todo lo contrario de lo que se ha venido haciendo.  

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