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Ecuador debe poner fin a la demagogia en las próximas elecciones

Por: Escritor Invitado - Ene 6, 2017, 6:03 pm
(Metroecuador) Ecuador
Su líder, el señor Rafael Correa, se ha ufanado de sus relaciones con la Cuba de Raúl Castro y de su recién fallecido hermano Fidel. (Metroecuador)

Por Carlos Alberto Montaner y Carlos Sánchez-Berzaín

El Interamerican Institute for Democracy, fiel a su objetivo prioritario de defender la democracia y las libertades en nuestro continente, cree necesario y urgente expresar nuestro punto de vista institucional con relación a las elecciones ecuatorianas del 19 de febrero próximo.

No es nuestra tarea sugerir a los ecuatorianos cuál de las opciones democráticas es la preferible. Ésa es una selección que debe hacer cada votante de acuerdo con sus valores y preferencias.

No obstante, sí nos corresponde como Institución señalar la formación política contraria a los principios de la democracia, conducta cívica basada en la tolerancia, el respeto de los derechos fundamentales, el estado de derecho y la división e independencia de los poderes públicos, incluidas las normas que postulan el derecho a la propiedad privada, presentes en las naciones más prósperas del mundo.

Durante los años de su existencia, el partido ecuatoriano que ha respaldado a las peores tiranías de nuestro continente ha sido “Alianza País”, siempre en contubernio con los gobiernos neo populistas incluidos en el circuito del Socialismo del Siglo XXI.

Su líder, el señor Rafael Correa, se ha ufanado de sus relaciones con la Cuba de Raúl Castro y de su recién fallecido hermano Fidel, como manifestó públicamente en La Habana durante los funerales del Comandante, ignorando que se trata de un régimen totalitario y represivo, calcado del desaparecido modelo soviético, pero todavía vigente en nuestra América. Actitud que claramente refleja una variante del viejo dictum: “dime a quién admiras y te diré a quién desearías imitar si las circunstancias fueran las adecuadas”.

Correa le ha puesto el hombro al desastroso y dictatorial gobierno de Hugo Chávez, primero, y luego de Nicolás Maduro, denostando a los opositores democráticos, sin pronunciar jamás una sola palabra de solidaridad con más de un centenar de presos políticos injustamente detenidos en las cárceles venezolanas.

Ha tenido y tiene los mejores vínculos con el gobierno del boliviano Evo Morales, pasando por alto los desmanes y atropellos cometidos en esa nación contra el derecho y contra las personas.

Mantiene con el nicaragüense Daniel Ortega unos nexos estrechos, pese a algunos episodios muy censurables de la vida privada de ese presidente, por los que en su día fue acusado por su hijastra ante los tribunales, y pese a los evidentes ataques de éste a la oposición democrática y a la constante burla de los procesos electorales justos.

Al margen de estos nexos políticos infamantes con las naciones del Socialismo del Siglo XXI:

No puede olvidarse el respaldo de Rafael Correa a los narcoterroristas de las FARC colombianas (de quienes recibió dinero para la primera campaña que lo llevó al poder en el 2006, de acuerdo con los correos electrónicos del comandante de las FARC Raúl Reyes, acampado y abatido en territorio ecuatoriano).

 

Tampoco, que Transparency International, la institución que vigila la percepción de corrupción en el mundo, le asigna a Ecuador un deshonroso lugar 107, con un índice de 31 sobre 100, cuando, como es notorio, cualquier país cuyo sector público posea menos de 50 es considerado como muy corrupto.

El World Press Freedom Index, que mide la libertad de expresión en el planeta, sitúa el Ecuador de Correa como la nación 109, debido a la actitud dictatorial del presidente saliente, a las campañas de difamación que pone en práctica contra quienes lo critican, y la costumbre de extorsionar a la prensa con demandas económicas absurdas legitimadas por tribunales controlados por el Poder Ejecutivo.

El Banco Mundial ha advertido que, tras la reducción del precio del petróleo, la pobreza rural en Ecuador ha aumentado a 39,3 % desde los 35 que tenía cuando el crudo tenía un mayor valor.

Diez años de gobierno –el mayor consecutivo en la historia de los gobernantes de ese país— no le han bastado al presidente Correa para mejorar las posibilidades de hacer negocio en Ecuador, como refleja el índice Doing Business que coloca a la nación como la número 114 en el mundo.

En definitiva, el IID cree vital para los valores predominantes en América Latina, un continente con vocación de respeto a los derechos fundamentales, libertad, democracia y prosperidad, que en la cita electoral del 19 de febrero de 2017 los ecuatorianos elijan al partido y al candidato que mejor defiende sus intereses y principios, y no olviden la formación política que lleva una década perjudicándolos.

 

Carlos Alberto Montaner es presidente del IID y Carlos Sánchez-Berzaín, Director Ejecutivo.                            

Nota previamente publicada en IID.