Uruguay: presidenciable socialista abre debate sobre la URSS

Los colectivistas uruguayos, aunque tengan diferencias sobre el modo y la velocidad, comparten el objetivo de instaurar un sistema contrario a las libertades

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Es de vital importancia comprender que el socialismo no es una buena idea que falló en su aplicación. (Foto: Flickr)

Por Cristián Correa Crego

En la última semana, el precandidato a la presidencia por el partido de gobierno (Frente Amplio) Daniel Martínez, quien lidera en intención de voto dentro de sus filas para la elección primaria del próximo 30 de junio, sorprendió a la opinión pública al traer a colación la experiencia del socialismo real de la URSS. Lo curioso del caso es que se refirió al tema sin que nadie le preguntara por ello, sino que sus consideraciones surgieron a partir de la inquietud de una militante de su partido que cuestionó la existencia de parques eólicos de propiedad privada, de los que el ente estatal de energía eléctrica se abastece. En concreto, Daniel Martínez respondió: «¿Quién dijo que tiene que ser todo del Estado? Yo no estoy de acuerdo. La Unión Soviética para mí ni siquiera era socialista. Fue un desastre. Además, socialismo sin democracia no existe. Fue una vergüenza y todavía estamos pagando los horrores que hizo la URSS, porque el campo progresista terminó identificándose con una experiencia lamentable. Yo no estoy para que sea todo público».

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Como no podía ser de otra forma, utilizó la muletilla a la que recurren todos los socialistas para intentar deslindarse de los resultados de aplicar a cabalidad su ideología esencialmente totalitaria: «no era socialismo». Luego de décadas de militancia política en filas del Partido Socialista (integrante de la coalición de izquierda que gobierna Uruguay desde el año 2005), y tras haber sido senador, ministro de Estado, y últimamente intendente de Montevideo, Daniel Martínez parece haber encontrado en su carrera presidencial el momento pertinente para descubrir los horrores cometidos bajo la URSS. Es que en plena campaña electoral, este precandidato de izquierda ha optado por poner en marcha el plan de correrse al centro del espectro político, intententando mostrarse moderado, a fin de diferenciarse de otros precandidatos de su partido, como Carolina Cosse (perteneciente al sector político del expresidente Mujica), y de otras opciones radicales como el precandidato comunista Oscar Andrade.

Rápidamente, dirigentes de su misma coalición salieron a contradecir a Martínez por sus osados dichos contra la URSS, ya que en filas del Frente Amplio prevalece la admiración por el régimen soviético, y siquiera intentar cuestionar sus horrores es suficiente para despertar la ira de los estalinistas uruguayos. Los defensores del imperio del terror salieron muy convencidos a enumerar las supuestas bondades de la URSS. Por su parte, el secretario general del Partido Comunista uruguayo, Juan Castillo, señaló que «habría que reconocerle a la URSS su aporte a la coexistencia pacífica de millones de seres humanos». A su vez, apuntó que Daniel Martínez había arribado a conclusiones erróneas que no le hacen bien a la izquierda.

Acto seguido, Daniel Martínez utilizó su cuenta de Twitter para disculparse con los admiradores del totalitarismo soviético por sus dichos: «Tengo ganas de darle un abrazo a Oscar Andrade (precandidato comunista) y a través de él a todas y todos los compañeros a los que molesté con mis declaraciones».

Esta marcha atrás en sus declaraciones, preocupándose más por la molestia que pudo causar a sus compañeros estalinistas que por la realidad de un régimen totalitario que oprimió y exterminó decenas de millones de personas, y exportó a otros territorios tal sistema criminal, deja en evidencia que su supuesta crítica a tal horror no era genuina sino una postura con fines electorales, a fin de posicionarse como algo diferente dentro de su partido. Los antecedentes de Martínez en materia de posicionamiento frente a regímenes dictatoriales de claro signo socialista, lo dejan mal parado aunque intente disfrazarse de moderado. En marzo de este año, en una entrevista publicada en el diario El Observador, se le consultó si catalogaba a Venezuela como dictadura, y en lugar de decir que sí, le solicitó a la periodista que «no se ponga semántica».

Es que en realidad en estas instancias los socialistas se muestran tal cual son. El régimen chavista, al igual que la URSS, cumplió todos y cada uno de los pasos para consolidar el totalitarismo socialista. Los colectivistas uruguayos, aunque tengan diferencias sobre el modo y la velocidad, comparten el objetivo de instaurar un sistema contrario a las libertades. Algunos defienden la vía progresiva, y recortan libertades mediante regulaciones asfixiantes y confiscación gradual del fruto del esfuerzo ajeno. Otros, los estalinistas indignados con Martínez, preferirían un cambio más abrupto, con abolición definitiva de la propiedad privada, fusilamiento de opositores y definitiva supresión de las libertades individuales, tal como ocurriera en los regímenes que tanto defienden.

Es de vital importancia comprender que el socialismo no es una buena idea que falló en su aplicación, sino que por el contrario, es nefasta en la teoría y por ello sangrienta en su implementación. Cualquiera sea el camino elegido para su puesta en práctica, el resultado final será la miseria, la muerte, la destrucción y la negación de la esencia del ser humano. Esperemos que durante este ciclo electoral que está viviendo Uruguay surjan más declaraciones como la de Martínez para debatir en profundidad el peligro que implicaría un cuarto gobierno de la coalición de izquierda.

Cristián Correa Crego es estudiante de Derecho y columnista de “Libertad Uruguay”.

 

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