No vamos bien, señor presidente

El apoyo a Juan Guaidó no es el mismo de enero. Los venezolanos, no obstante, necesitamos más que nunca el cese a la usurpación

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Guaidó ha declinado en apoyo ciudadano efectivo, aunque aún se mantiene en buena posición. (Foto: Mario Abdo Benítez)

Por Elías Tovar

Debemos ser sinceros y reconocer la realidad. Sí, han existido avances en la lucha, pero a estas alturas, no vamos tan bien y la ventana de oportunidad podría estar cerrándose. No digo esto regocijándome o con pesimismo de trinchera, lo digo con preocupación, y mucha. La preocupación del joven que quiere seguir en su país para reconstruirlo, con la preocupación puesta en los enfermos que sucumben ante la tragedia del socialismo, con la preocupación puesta en el hambre de la gente y en los signos que demuestran que aunque no vamos tan bien, aún puede existir una salida.

¿Por qué digo que no vamos bien? Bueno, las señales están ahí. Desde principios de año se han enfrentado dos unidades políticas. Una, encabezada por Nicolás Maduro, que carecía de apoyo popular pero conservaba el control sobre las armas de la nación (las oficiales, propias de nuestras Fuerzas Armadas, y quizás también las de los criminales que se sostienen al régimen simbióticamente), y otra dirigida por Juan Guaidó, que contaba con una amplia base de apoyo popular y de la comunidad internacional democrática.

Es entendible que, en este juego, ganaría quien lograra hacerse con los recursos del otro, o quien, en su defecto, mantuviese por un tiempo mayor sus recursos frente a los del otro. Así, para alcanzar control sobre parte de las Fuerzas Armadas, Guaidó intentó provocar quiebres en su estructura con 1), razones éticas, como el 23 de febrero y la ayuda humanitaria, y 2), apostando a los intereses de algunos miembros de la clase dirigente, como el 30 de abril y la «operación libertad». No se logró en ninguna de esas oportunidades.

Con el paso del tiempo, la popularidad comenzó a mermar y así se demostró con la pobre convocatoria del 24 de agosto, de la que en Valencia, donde fue el presidente, pocos se enteraron. Además, el presidente encargado empieza a asomar la idea de que aunque se le venza el período como presidente de la Asamblea Nacional, él seguiría siendo presidente hasta que se logren elecciones limpias: es decir, el mensaje que envía es que, probablemente, debamos prepararnos para que la usurpación continúe en 2020.

En estos meses, Maduro, que se mantiene usurpando las funciones de presidente, siendo ilegítimo e impopular, también ha logrado mantener en orden al estamento militar. Con el tiempo, también, puede ir cambiando el panorama internacional y aunque el abanico de aliados internacionales de Maduro no ha aumentado, podría hacerlo.

Así, vemos cómo en Argentina es posible que retorne el kirchnerismo, cómplice natural del chavismo, y ocurra como con México, que pasó de ser un aliado de los venezolanos a serlo de la mafia que ha secuestrado al país. También observamos como una voz tan alta y clara en favor de la causa de la libertad de Venezuela, como la de Beatriz Becerra en el Parlamento Europeo, queda sin ser, todavía, reemplazada; y recordamos que a Luis Almagro se le vence el período en 2020 (y que, por el bien de Venezuela, la región y la democracia, espero que repita, pero existe el riesgo). Todo esto sin hablar de las próximas elecciones en Estados Unidos y el continente.

Alguien podría objetar que dada la crisis de migrantes y refugiados, la presión internacional no se vería afectada: le digo, ante ello, que la estrategia podría cambiar de ser pro-democracia a ser pro-estabilidad. Que los agentes internacionales podrían tirar la toalla y actuar solo para contener y mitigar la crisis sin solucionar la situación de fondo.

Entonces Maduro permanece en Miraflores y Guaidó ha declinado en apoyo ciudadano efectivo, aunque aún se mantiene en buena posición. Hay que hacer algo para frenar esa caída y actuar mientras la comunidad internacional aun nos acompaña.

¿Cómo remontar? Pues, la pregunta adecuada sería ¿por qué se da este fenómeno? Creo que hay varios factores, como un desgaste natural por expectativas muy altas, y  además, el acompañamiento de «líderes» que generan rechazo (o al menos dudas). Estas dos situaciones constituyen dos yunques que se dejarán atrás solo si 1), se nos habla con sinceridad (reconociendo los fallos de la propia gestión y actuando en consecuencia) y 2), Guaidó se deslinda del grupo dudoso.

Otro factor que sin duda refuerza esta caída es insistir en mecanismos inútiles, como el diálogo de Oslo-Barbados. Para que una negociación funcione, deben estar presentes varios elementos, pero lo primordial es que quienes dialogan por parte de la coalición gobernante deben representar al segmento moderado de la misma. En este sentido, ¿en serio son los hermanos Rodríguez, aquellos que han asumido a la revolución como su venganza personal, muestras de una élite moderada?

Venezuela y los venezolanos necesitamos el cese de la usurpación. Necesitamos que Guaidó triunfe en ese cometido, pero la realidad pesa y el tiempo pasa. Y esto tiene que darse ahora, que todavía hay un amplio apoyo internacional, cuando no es muy tarde para remontar, cuando la ventada de oportunidad sigue abierta y es momento de aprovecharla. Ojalá así lo haga el presidente.


Elías Tovar es estudiante de Ciencias Políticas, coordinador de Vente Joven Carabobo y miembro de Cedice Joven.

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