La posible eliminación del efectivo añade un nuevo atentado contra la libertad

La bancarización completa y obligatoria, con su consiguiente eliminación del efectivo, corroe las pocas las libertades que nos quedan

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El uso de efectivo es sinónimo delibertad. (Foto: Flickr)

Por José Basagoiti

Las políticas encaminadas a acabar con el dinero en efectivo están cobrando cada día más fuerza, lo estamos viendo en las noticias y en los periódicos de, prácticamente, todo el mundo occidental. Las grandes naciones están preparando diferentes motivos y técnicas para lograr una bancarización completa de las relaciones económicas, algo, que como ahora veremos, puede ser un atentado definitivo a la libertad de sociedad tal y como la conocemos.

Esta tendencia se está impulsando desde diferentes colectivos, hasta el punto que algunos países como Dinamarca o Suecia ya están tomando nota de estas restricciones para el uso de efectivo. Pero no solo los nórdicos, naciones del sur de Europa o América también se están sumando al carro. Un ejemplo claro es el de España, donde recientemente el partido socialista, de la mano de Pedro Sánchez y con la excusa de la pandemia y su propagación, ha propuesto medidas para ir acabando con el efectivo. En este sentido, parece clara la mano de su socio de gobierno Pablo Iglesias, que representa a la clásica izquierda intervencionista y controladora.

El camino no es fácil, eliminar de un plumazo toda la masa monetaria en circulación de todos los países no es viable, pero sí se pueden establecer diferentes fórmulas para lograrlo en plazos de tiempo relativamente cortos. Y parece que ya hemos iniciado ese ciclo, un proceso que será silencioso y extenso para no levantar revueltas.

Con este cambio, es posible que lleguen algunas ventajas, como reducción de costes, aunque estos son muy residuales, o prevención de la evasión fiscal. Sin embargo, el pilar central del debate lo tenemos en la pérdida de privacidad y en el control directo que tendríamos a todos nuestros movimientos. No hablo solo del mercado negro o de actividades ilegales o «alegales», hablo que a lo largo de nuestra historia va a existir un registro financiero completo que va a permitir reproducir nuestra vida, nuestros hábitos de consumo y nuestra ubicación geográfica con bastante precisión.

Seguramente, alguno de los lectores pensará que esto no es algo negativo, sino todo lo contrario. De hecho, es entendible que los que vivimos en Occidente, en sociedades desarrolladas, podamos pensar que el control es bueno, no es mi opinión, pero en cierto ámbito puedo llegar a entender su justificación.

Sin embargo, imaginaros ese control en Siria, Venezuela o la India, ¿lo vemos positivo entonces? No, ¿verdad?

No creo que nadie pueda ver esa total vigilancia como algo deseable, ya que los gobiernos la podrían usar para toda clase de abusos, imposiciones o incluso castigos. Y no es que la puedan usar, es que lo más seguro es que lo hagan.

Es curioso cómo cambia el mundo, cuando hace poco se acusaba a la URSS y los países del este de Europa de controlar a sus ciudadanos y de falta de libertades y ahora es el mundo occidental de la Unión Europea, la OTAN, Japón y demás los que quiere imponer el Gran Hermano Total.

Esta pérdida de libertad, desde mi punto de vista, totalmente injustificada, creo que será rechazada por una gran mayoría de la población, a pesar de la discreción del proceso, ya que nadie querrá estar controlado y geolocalizado en todo momento.

Es que no solo se trata de una perdida de la libertad, sino también la privacidad. Por eso, otras vías para realizar pagos que no están nada controlados, podrían tener mucho auge si finalmente se lleva a cabo el proceso comentado. Hablo de criptomonedas, de medios de cobro y pago radicados en paraísos fiscales o en países con nulo intercambio de información. O quizá de nuevas formas de dinero descentralizadas.

Recordemos, que a diferencia de lo que sostienen los teóricos monetarios, el dinero es un invento de la sociedad, no del Estado. Es decir, es algo que se crea espontáneamente y que no debe ser monopolizado por él.

Sea como sea, en aras de la crisis y la mejora económica, los ciudadanos acabamos siempre perdiendo libertades. Soy un firme defensor de los pagos electrónicos, apenas uso el efectivo y me gustan sus ventajas. Pero aprecio más la capacidad que tenemos para decidir cómo organizamos financieramente nuestra vida que las hipotéticas ventajas que nos venden esta bancarización de la economía.


José Basagoiti, licenciado en economía, es empresario y trader profesional en Madrid (España). Es autor de dos libros y colaborador recurrente en medios de comunicación y portales financieros. También es cofundador de la firma TradingPro. Afiliado y colaborador del partido libertario, es seguidor de la escuela austriaca y la teoría de liquidez.

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