Como faraones: lujosos mausoleos de narcos en México llegan a costar casi USD$ 300 mil

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narcos en México
Expertos estiman que algunas de estas tumbas de narcos en México podrían tener un costo de hasta USD$ 290.000. (La Nación)

Los narcos mexicanos se llevan su ostentosa vida literalmente hasta la tumba y es que muestra de ello son las lujosas tumbas que se pueden observar en un cementerio localizado en la ciudad de Culiacán, al norte de México, donde las últimas moradas de los capos constan hasta de dos pisos, sala de estar, aire acondicionados y protección a prueba de balas.

Jardines de Humaya, se llama el campo santo en donde se encuentran las extravagantes tumbas que podrían parecer incluso modernos apartamentos. Algunas tienen columnas blancas, vitrales con ángeles y figuras religiosas como una efigie de Jesucristo e incluso pueden verse árboles de navidad en por lo menos dos de estos espacios.

En una de las criptas se albergan los restos de un sicario del cártel de Sinaloa, dicha cripta tiene puerta de vidrio a prueba de balas, en lo alto una cruz que brilla en la oscuridad así como cámaras de seguridad.

Algunas tumbas tienen luces que se encienden automáticamente al anochecer, sistemas de alarma. Un detalle curioso es que en la mayoría de estas tumbas reposan personas entre los 20 y 30 años sin un nombre que les identifique por seguridad de sus familias y de los restos mismos.

 

“Es una expresión de poder del cual han sido ellos ostentosos y creo que también es una manifestación de su ánimo de eternidad, que eso es muy natural en cualquier ser humano” indica Juan Carlos Ayala, catedrático de filosofía y especialista en “narcocultura” en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Por otro lado hay mausoleos que se encuentran en construcción a la espera de que reposen en ellos otros líderes del narco. El especialista estima que algunas de estas construcciones podrían tener un costo de hasta USD$ 290.000.

“El narcotráfico va permeándose con una comunidad, con una cultura tradicional estamos prácticamente con dificultades de apreciar dónde termina una y dónde comienza la otra” dice Ayala.

Fuente: La Nación

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