“Los paraísos fiscales no son malos, es lo que te hicieron creer”: Martín Litwak

Hacia dónde va Argentina y el problema de los Estados grandes

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Martin Litwak, autor del libro “Paraísos fiscales e infiernos tributarios”. (Facebook)

Nada es más complejo y loable que poner el conocimiento al servicio del prójimo. Eso hizo Martín Litwak, abogado especializado en planificación patrimonial, fondos de inversión y WealthTech.

Litwak explica conceptos muy técnicos, al punto que hasta se vuelven tediosos en materia fiscal, mediante símiles y ejemplos simples de la vida diaria. Lo pone fácil, en un lenguaje accesible que le permite a los lectores al menos llevarse una noción básica sobre el tema.

El abogado argentino además desmonta mitos y leyendas inmersos en la prensa, Hollywood y la opinión pública, específicamente sobre los mal vistos paraísos fiscales. Un tabú que nuestras sociedades tendrán que romper para desarrollarse, pensar un poco fuera del molde para, a posteriori, poder dar un salto importante hacia el progreso. Pero primero habría que desmontar el relato impulsado por el gran mal del desconocimiento.

Su nuevo libro Paraísos fiscales e infiernos tributarios es todo un éxito en Amazon, ¿puede darnos una breve reseña de lo que podamos encontrar en dicha pieza?

Lo que quise hacer es darle al lector herramientas para que piense de forma independiente y pueda interpretar correctamente lo que se publica en los principales medios de comunicación en materia impositiva. Es decir, la gente cree que los impuestos existieron siempre, que son inamovibles, que no hay otras opciones, que es todo blanco o negro; y lo que intento demostrar a través de historias sencillas y/o contando los orígenes de varios de esos impuestos, es que existen otras posibilidades; que los países exitosos tienen impuestos bajos que favorecen a la competencia fiscal, que no gravan tanto el ahorro y la inversión sino, en todo caso, el consumo.

En alguna medida, es una suerte de profundización de mi primer libro, que tenía que ver más con el tema de la planificación patrimonial y en el cual el tema impositivo era un solo aspecto entre tantos otros. Esta vez, nos metemos un poco más de lleno en lo tributario. Hablamos sobre el impuesto a la riqueza que varios países quieren implementar ahora, hablamos inclusive de la pandemia, nos referimos a la presión tributaria y explicamos cómo, en muchos casos, aumentar los impuestos implica que la recaudación caiga y reducirlos, por el contrario, puede generar que la recaudación aumente. Entonces, la idea es que el lector que no tenga mucho conocimiento sobre estos temas, adquiera herramientas que le permitan pensar outside the box (fuera de la caja) y entender que otro modelo impositivo es posible.

Acá no se trata de discutir si el impuesto sobre la renta –que no es un impuesto que haya existido siempre ni mucho menos– deba ser 20 – 25% o 25 – 30%, sino de deducir que, quizás, haya otras posibilidades que no se están evaluando.

Hacemos un análisis de las jurisdicciones offshore, cuáles son más competitivas, cuál es mejor que otra y para qué se usa cada una de ellas. Hay un capítulo que se llama “Los diez mandamientos tributarios”, qué principios, en general, se toman como indiscutibles y no lo son tanto. Es un libro que está escrito en lenguaje llano, para que lo entienda cualquier persona, no apunta ni a abogados ni a contadores en particular, sino que apunta al público en general, al pagador de impuestos para que no sea víctima de su propia ignorancia por decirlo de alguna manera.

Analizamos también la polémica de los Panamá Papers, los impuestos a las criptomonedas, impuestos digitales, impuestos a los robots – uno de los favoritos de Bill Gates –, así que es un libro bastante amplio en materia de fiscalía internacional.

Con el pésimo contexto económico a causa de la pandemia, hubo gobiernos/administraciones que en vez de aliviar a los contribuyentes terminaron ahogándolos. Aumentando impuestos, por ejemplo, o, en su defecto, no queriendo reducir el gasto público obligando al contribuyente a mantener ese exceso en plena crisis económica. Es el caso de países como España o Argentina, ¿qué diagnóstico hace de esto? ¿cómo deben actuar los gobiernos?

Partamos de la base que el individuo otorga parte de su ingreso para mantener al Estado y que este pueda funcionar, y la crisis de la pandemia ataca al individuo no al Estado como tal. Entonces, el Estado lo que tuvo que haber hecho es: “Mira, vos que me das tanta plata para que yo funcione, ahora, que estás con problemas, no me des tanta plata o entregamela más tarde”, que fue lo que ocurrió en muchos países desarrollados; cuando la pandemia empezó, ellos redujeron impuestos – algunos –, y comenzaron a postergar pagos.

Es interesante la pandemia, porque es la primera vez que ocurre un fenómeno tan global. Fíjate que, en las guerras mundiales, si lo pensás bien, son fenómenos regionales. Es decir, Latinoamérica y África prácticamente no sufrieron por las guerras mundiales; incluso se beneficiaron hasta cierto punto. Pero esto fue un fenómeno que atacó a todo el mundo por igual y que dejó en evidencia qué hace un tipo de gobierno y qué hace otro.

Entonces vos tenías a países desarrollados que decían: “Vamos a postergar los pagos, impuestos y gasto público”, y otros países que vos muy bien mencionaste que no hacían una cosa ni la otra; de última hora alguna postergación, y que ya están con los rumores de subir impuestos. Entonces la pandemia deja en evidencia cómo actúan los diferentes gobiernos y mi miedo, que ya se está viendo, es que la pandemia va a dejar Estados más grandes; más ineficientes; con una presión fiscal más alta; y creo que en los próximos años va a haber un recrudecimiento en los prejuicios contra la gente rica, contra los paraísos fiscales, contra la planificación patrimonial, creo que ya lo que uno está acostumbrado a escuchar va a ser peor todavía.

Entonces vos mirás en Europa, que está empezando a volver a la normalidad, cómo Alemania está reduciendo el IVA a los alimentos, cómo Portugal elimina el IVA en materia de turismo, y notas que en Latinoamérica no se ve. Hay países que con la cuarentena han estado cerrados más de noventa días, algunos con medidas muy estrictas como Argentina, Chile o Perú; y estos países cuando salgan, como no tuvieron medidas para aliviar a la pequeña y mediana empresa, van a tener deuda de sueldos de meses y alquileres imposibles de manejar.

No nos olvidemos que se viene una crisis económica para los países que no pensaron muy bien esto. Hubo países que lo pensaron mejor, que tienen mayor flexibilidad laboral y por ende mejor adaptación. Por ejemplo, en Estados Unidos hubo récord de desempleo, ¿eso fue bueno o fue malo?  Si ves los números de marzo dirás “Che, pero esto es un desastre”. Ahora, ves que al poco tiempo de volver a reabrir la economía ese desempleo empieza a eliminarse, te das cuenta que tener flexibilización laboral implica que para el empresario – que es el que mueve la economía –, es necesario recurrir al desempleo por ese tiempo. Después lo contratará de vuelta si el local abre. Entonces, si los gobiernos bancaban esos dos meses o tres meses de desempleo, que es algo muy puntual y específico, después podían seguir adelante los individuos sin tanta ayuda del gobierno.

Ahora, si hace como Argentina, que últimamente es el ejemplo de todo lo que está mal desgraciadamente, donde te obligan a no echar y te ponen indemnización duplicada, es lógico que el empresario y la PyME terminen quebrando. La verdad es que una persona que es dueño de un cine, lo tuvo que cerrar y no sabe cuándo lo va a abrir, es ridículo que tenga que seguir pagando sueldos.

Lo más curioso en el caso argentino es que, como usted dice es el país que refleja todo lo malo a nivel administrativo, ni siquiera tuvo la decencia de recudir los salarios públicos de los políticos, cosa que sí hizo Uruguay.

Sí, de hecho, que ni siquiera como un gesto digamos. Porque si empezaban a recortar los salarios más altos y a nivel medio-bajo de forma gradual, probablemente se iban a resolver muchos problemas. El otro día leí un par de tweets que decían, “alguien tiene el número de PyMES que quebraron durante esta pandemia”, y otro replicó, “alguien tiene el número de políticos que quebraron durante esta pandemia”; y la respuesta es cero. O sea, ningún político quebró, ningún empleado público perdió su trabajo, pero, sin embargo, las empresas privadas, que son los que pagan los impuestos para que ellos vivan, están todas quebradas o con un porcentaje muy alto.

Por lo tanto, tenemos una reducción del porcentaje de gente que va a mantener al sector público, entonces vamos a tener un problema que se verá al mediano plazo, de aquí a uno o dos años, que será el aumento de los impuestos en todo el mundo. 2+2 es 4, es evidente que eso va a generar una suba de impuestos. Por eso son importante los paraísos fiscales, porque estos países le ponen un límite de hasta dónde pueden cobrar impuestos a aquellos que no lo son, lastimosamente, esta situación va a significar un ataque mucho más grande contra los paraísos fiscales.

Si los paraísos fiscales desaparecieran por presiones, la consecuencia sería el aumento de la carga tributaria en los demás países.

Suele haber un prejuicio con respecto a los paraísos fiscales, en realidad, ¿los paraísos fiscales son tan dañinos para nuestras sociedades y economías? Porque lo primero que se te viene a la mente cuando te mencionan un paraíso fiscal es una imagen negativa.

Y sí, porque te lo metieron a presión a través de películas de Hollywood y a través de la prensa; te lo metieron en el subconsciente y es lo que pensás y está bien. No es culpa tuya, no te sientas mal, pero el punto acá es que, a los únicos que le hacen mal los paraísos fiscales, son a los países de alta tributación o de nula o baja seguridad jurídica.

Siempre digo, el problema no son los países de nula o baja tributación, son los países de nula o baja seguridad jurídica. Sino fuera por eso la gente no necesitaría de los paraísos fiscales. ¿Qué son los paraísos fiscales? Son jurisdicciones que tienen un alto respeto por la ley, tienen una gran seguridad jurídica, respetan la propiedad privada y la privacidad de las personas y también a la competencia fiscal; es decir, el derecho soberano de cada país a definir sus impuestos como quiere, sin presiones externas, entonces la verdad es que los acabo de describir y no dije nada negativo. ¿Qué es lo negativo? Que, gracias a estos paraísos fiscales, los países que no tienen estas características se ven en la obligación de bajar sus impuestos para competir. Entonces si vos le preguntas a la autoridad de otro país si le gustan los paraísos fiscales, obvio que te van a decir que no si son competencia.

Es importante el punto que no es solo un tema de carga impositiva. Un ejemplo, Paraguay es un país competitivo en materia de impuestos, pero es todo lo contrario en faceta de seguridad jurídica, a diferencia de los países nórdicos, que tendrán impuestos altos; pero tienen una gran seguridad y un respeto a las reglas del juego que no se tiene en Latinoamérica.

Yo siempre digo que el capital es adverso al riesgo. El capital es mimoso. El capital va hacia donde lo cuidan bien. ¿Y qué es cuidarlo bien? No cobrar impuestos de más y que haya seguridad jurídica. Si un país como México quisiera eliminar el uso por parte de los mexicanos de las jurisdicciones offshore lo que deben hacer es bajar los impuestos y potenciar la seguridad jurídica. Ahora, México tiene un presidente que está generando una inestabilidad política como muy pocas veces hubo, eso genera en cualquier país del mundo inseguridad jurídica, es una consecuencia directa de la inestabilidad política.

Empresa mexicana, Venezuela gasolina, PDVSA Jomadi
López obrador, presidente de México. (Efe)

Entonces, AMLO genera inestabilidad política e inseguridad jurídica, por un lado. Por el otro, tenemos a uno de los países con cargas más altas en materia de impuestos en Latinoamérica y una de las autoridades fiscales más acosadoras del mundo; una autoridad que está constantemente molestando y sacándole un montón de tiempo al pagador de impuestos con las declaraciones. Y encima de eso, es uno de los países en Latinoamérica con mayor inseguridad junto con Brasil. De las 50 ciudades más peligrosas del mundo, 43 son latinoamericanas y de esas la mitad se las dividen entre México y Brasil; entonces, cuando la gente planifica su patrimonio y lo pone afuera, no es tanto porque no quieren pagar tantos impuestos, sino porque quieren resguardarlo manteniendo la privacidad para no ser secuestrados y no ser asesinados. Eso es lo que la gente busca en América Latina y eso es lo que la OCDE debería entender. No se trata de gente con el objetivo de evadir impuestos, para nada, es gente que quiere protegerse de situaciones de inseguridad física o jurídica.

La principal razón por la que la gente planifica su patrimonio y lo pone afuera es por su seguridad física o jurídica. Una vez resuelto eso, sí evalúan si pueden resolver su problema de línea sucesoria o si tienen alguna ventaja fiscal. pero yo me dedico a esto hace veinte años y es muy raro que alguien planifique su patrimonio con el único objetivo de evadir impuestos.

Hay un debate latente, y tú escribiste sobre las nuevas medidas del Gobierno uruguayo que, básicamente, quiere atraer inversión extranjera realizando acciones puntuales para captar capital humano y económico de Argentina. Leí un artículo en donde se aborda la polémica de Uruguay como un paraíso fiscal y que este va a perjudicar a Argentina. ¿Cuál sería su visión acerca de esto?

Yo lo pongo de esta manera: dijimos hace rato las razones por las cuales la gente planifica su patrimonio, depende del país donde uno viva, del activo que uno tenga, la edad que tenga y la actividad que uno realiza si esto se puede ganar más fácilmente o es más complicado de conseguir. Entonces, para conseguir los objetivos de planificación uno tiene herramientas muy simples como un testamento, una sociedad, fundación, un fondo de inversión, hay muchas estructuras para ello. Después viene una situación donde a la familia, desgraciadamente, si con todas estas herramientas no puede lograr la planificación, solo le queda una opción: la mudanza internacional. Agarrar tus cosas e irte a otro país.

Existen en el mundo un montón de países que fomentan la migración, les interesa no solo el dinero sino también la capacidad de la gente que se puede instalar. Uruguay no es el primero ni será el último, tenemos otro ejemplo claro en Panamá, hay mucha gente que se fue a Paraguay porque tiene un buen sistema tributario. Están las Bahamas, un par de islas en el Caribe, mismo EE.UU. y cruzando el atlántico tenemos Portugal, España, Italia, Andorra, Malta y un largo etcétera.

Ahora, Uruguay está flexibilizando sus reglas que está bien, está perfecto, no tengo nada en contra de eso; pero en algún caso está pasando la raya de lo que es aceptable internacionalmente. Y eso puede ser un problema para Uruguay.

Ejemplo, el gobierno uruguayo estableció que, para obtener tu figura fiscal en Uruguay debes pasar 60 días en el país, yo creo que mínimamente debieron dejarlo en 90. ¿Por qué esto? Porque para lograr tu mudanza internacional necesitas dos cosas: darse de alta en el país que llegas, y darse de baja en tu país de origen. Y para darse de baja en Argentina, que es a lo que apunta Uruguay principalmente junto a Brasil, debes pasar más de 180 días fuera del país de origen. Es decir, así sean 60 lo que te pide el gobierno uruguayo, tenes que pasar 180 días en Uruguay si procedes de Argentina. Cambiar eso no era muy relevante, es un error del gobierno uruguayo que asumo lo cometen por desconocimiento y por el que se pueden poner al mundo en contra.

Ministro de Salud Pública, Daniel Salinas; presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou; Leonardo Cipriani, presidente de ASSE y Robert Silva, presidente de ANEP. (Presidencia de Uruguay).

Uruguay está trabajando bien en querer atraer gente, creo que tiene que mantenerse en los límites aceptados internacionalmente, para evitarse algún tipo de sanción, y además Uruguay tiene que modificar sus procesos para que sean menos burocráticos. Fuera de eso, me parece espectacular que quieran captar argentinos, brasileros, activos y mano de obra calificada que va a ampliar mucho el mercado de consumo y terminará beneficiando a todos los uruguayos. Pero, debe ser muy cauto con lo que hace  como punto uno, tiene que mejorar los procesos como puntos dos, y, además, yo creo que debería de mejorar la competitividad fiscal para los uruguayos. Uruguay ha aumentado mucho sus impuestos, los uruguayos están pagando muchos impuestos y en algún punto creo que les puede pesar que venga un argentino y no pague impuestos por diez años y ellos estén pagando impuestos más altos que hace diez o quince años atrás.

Son detalles a mejorar, para mí es una muy buena decisión lo que hacen, yo creo que el gobierno uruguayo debería también a promover la industria financiera, Uruguay fue un centro financiero muy importante internacionalmente y creo que es un país que tiene la seguridad jurídica necesaria para volver a serlo. Y me parece espectacular que lo vuelva a ser. Te resalto esto último, por qué la seguridad jurídica es el componente más importante de todos; hay gente que me pregunta: “¿Che, Argentina si mañana elimina los impuestos se transforma en un paraíso fiscal?” No. Porque Argentina es de los países más inseguros, jurídicamente hablando, del mundo, por lejos. Nueve defaults, cinco confiscaciones de los ahorros de la gente, mayor cantidad de tiempo en default para un país desde la segunda guerra mundial; mayor cantidad de juicios en entidades internacionales, confiscaciones de empresa; es un país muy inseguro. Tienen que pasar décadas para que alguien considere que Argentina es un país seguro. Por eso, jamás podría ser considerada un paraíso fiscal así ponga impuestos cero.

En Argentina y en América Latina en general hay un problema muy gordo en materia de déficit fiscal, la corrupción, las malversaciones, el altísimo gasto público. Todo eso combinado con las malas políticas fiscales ha provocado este gran inconveniente para nuestra región. ¿Hacia dónde debe girar Latinoamérica para mejorar esto?

Mira, y la respuesta no es la misma para todos países. Por ejemplo, mencionamos que Paraguay tiene una buena competitividad en materia de tributación, además tiene algo importante, solo dos brackets en el impuesto a la ganancia, que es lo que yo pregono, un sistema con un único bracket, que pague más el que tenga mayor ganancia por el porcentaje y no porque simplemente tenga más. O sea que, a Paraguay, desde lo fiscal, no se le puede pedir que baje los impuestos. Sí a Argentina, Bolivia, México; hay países que tienen que ir a una reducción muy sustancial de impuestos y esos cambios van a llevar a un aumento de la recaudación que es el caso paradigmático en esto.

A países como Paraguay, el problema del déficit evidentemente es por el lado del gasto público. En el fondo esto es como cuando medís una empresa, vos decís “Che, estas dos empresas pierden plata, con una se puede aumentar el flujo de ventas y con los mismos gastos ganar plata. En la otra, ya se frenaron sustancialmente las ventas, más no puede vender, entonces hay que reducir los costos”. Para los países es lo mismo, es muy difícil decir “esta es la solución para América Latina”.

Quizás gasto público puede ser la regla común, ¿no?

Sí claro, coincido contigo. Pero lo voy a explicar con un ejemplo claro: si vos tenés a una persona gorda con quince kilos de más, y va al médico y le dice: “Mirá, estoy preocupado por mi salud, estoy con quince kilos sobrepeso, no sé qué hacer para tener un cuerpo más sano”, el médico lo que le va decir es: “Mire, coma poco, distribúyalo en el día y haga gimnasia. Con eso irá bajando un kilo por mes y dentro de un año va a estar bien”. Ahora, va una persona obesa mórbida con doscientos kilos de más, el médico no le va a decir lo mismo, ¿qué le dice?: “Mire, vamos al quirófano, le vamos a poner un bypass gástrico y vamos a solucionar el tema de la gordura. Después vemos qué hacemos, pero por ahora, es eso”.

Si lo miramos desde el punto de vista del déficit fiscal, Paraguay es una persona con 10 o 15 kilos de más, se puede resolver con dieta y ejercicio, Argentina sería el obeso mórbido, no le podemos hacer caminar la calle y que baje de peso. Hay que bajar los impuestos de forma drástica ya, y después vemos cómo se acomodan los melones del canasto.

Lastimosamente Argentina ha tomado la vía socialista, un Estado gigante, que busca resolver los problemas, pero los termina acrecentando. La respuesta a la inminente debacle económica viene con la receta de subsidios y expropiaciones. La ayuda a las pymes no está alcanzando, los números son categóricos, un desastre. ¿Hay alguna esperanza para Argentina o ya está condenada a ser una Venezuela 2.0?

Yo la verdad no soy optimista. Creo que Argentina tiene un problema similar al de Venezuela que es una gran proporción de gente pobre vive del Estado, recibe planes o son empleados públicos; y lo otro es que o no hay oposición o la oposición ha sido funcional al régimen.

Ahora el expresidente Mauricio Macri decidió básicamente salirse de la política, escribe tweets que parece el de un vecino y no de una persona que fue presidente hace seis meses y que su partido sacó el 41% de los votos. Es decir, él no está asumiendo la responsabilidad histórica y política que tiene. Y eso generó que la oposición en Argentina sea el ciudadano común, que es el que organizó un banderazo hace dos días, pero esa persona no es el que va a cambiar el rumbo de un país.

Si hubiera una elección ahora, seguramente Alberto Fernández ganaría incluso con más votos de los que ganó hace seis meses porque infunde miedo y sabe para dónde disparar. No hay un liderazgo político como pasa en Venezuela, México y España; yo la verdad que no soy para nada optimista y ojalá me recontra equivoque y sería el hombre más feliz del mundo si estuviera equivocado en esto. Además, así como la pandemia obligó a miles de empresas a modernizarse y desarrollarse, a mí me parece que lo mismo ocurrió con el plan hacia la castrochavización de Argentina. Ellos pensaron que lo iban a lograr en dos o tres mandatos y lo están logrando seis meses.

Digamos que Fernández tuvo la suerte que no tuvo Cristina Kirchner, que intentó hacer lo mismo, pero en el medio se encontró con un pueblo cansado de la corrupción y muy ajustadamente Macri logró ganar por dos o tres puntos. Después Macri no estuvo a la altura, fue un gobierno muy tibio, intentó gobernar para los que no le votaron, no construyó poder, no puso a los gobernadores de su lado y realmente nunca pudo imponer un programa de gobierno. Así que en algún momento empeoró el país, logró lo imposible: empeorar el país que dejó el gobierno de Cristina Fernández Kirchner.

Yo a Argentina ahora la veo muy parecida a la Venezuela entre los años 2002-2005, Buenos Aires está muy parecida a Caracas; donde la gente se iba de forma ordenada, vendía sus cosas por el 80% de valor y no había una desesperación como ahora. Espero que Argentina no llegue a eso pero, la verdad es que uno lo que ve desde afuera y va por ese camino. Es lo que digo siempre: Argentina, México, España, Cuba y Venezuela; están en la misma ruta, solo que algunos están más avanzados que otros.

 

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