Guaidó miente, la reelección de Trump sí importa

El presidente interino, intolerablemente, planteó que no importa quién triunfe el 3 de noviembre porque "Venezuela será apoyada por EE. UU".

Guaidó olvidó quien le abrió las puertas de su casa a él y a los venezolanos. Un desagradecido. (Archivo)

Si algo he aprendido en mis pocos años de vida es que uno tiene que ser leal con sus aliados, siempre y cuando esto no atente contra nuestra integridad, por supuesto. El presidente Juan Guaidó, en un arrebato de sinceridad ante las cámaras de NTN24, mostró en dónde está su lealtad, y sin dudas no es en el lugar que más le conviene a la libertad de Venezuela.

El presidente dejó entrever que el apoyo a Venezuela – y a su oposición – en Estados Unidos es bipartidista, básicamente, que pase lo que pase el 3 de noviembre, EE. UU seguirá apoyando a Venezuela. Falso. Al presidente se le olvida lo desastroso que fue para los venezolanos la política exterior de la administración Obama, de la cual Biden formó parte activa. A Guaidó, insolentemente, se le olvida quién fue el primer presidente en legitimarlo, el que coordinó a todos los países para reconocer a sus enviados diplomáticos, parece querer obviar que gran parte de su irrupción política, por no decir toda, se la debe a Trump. No a Pelosi, no a Biden y no a los demócratas.

Al presidente Juan Guaidó yo no lo considero un iluso, a ningún político, de hecho, lo llamaría así. Cada paso que dan va en una dirección, cada frase previamente es estudiada y analizada, se asesora y luego se espeta; así es como funciona. Luego se puede discutir si está bien o mal asesorado, si sabe hablar o no; si es capaz de transmitir una idea convincente o congruente. Pero en este caso, debe decirse, lo de Guaidó es el enésimo traspié por el juego del camaleón, querer jugar a todos los bandos posibles; querer nadar entre dos ríos – el demócrata y el republicano –, sin pretender ahogarse. Está equivocado. No puedes quedar bien con Dios y el Diablo.

Elegir bandos

Uno de mis primeros artículos, lo recuerdo bien, fue No queremos líderes camaleónicos; que trataba, justamente, de las ambigüedades retóricas del presidente interino, un vicio mortal que no pretende dejar, por lo visto.

Lo que señaló ayer Guaidó no tiene otro nombre que quedarse entre la espada y el abismo. De un lado, tiene la espada que le cortará por no ir de frente con sus aliados, del otro, tiene el abismo que presenta irse con el bando enemigo. Porque no hay que engañarse, los demócratas, hoy, ya no son los de antes; no es el partido de Kennedy; es el partido de la izquierda más radical y recalcitrante de los Estados Unidos de América.

La fórmula Biden – Harris está apoyada por quiénes ven en EE. UU una nación opresora, con cimientos flojos, con problemas de sistema; cuando ha demostrado siempre ser todo lo contrario, el país que más ha evolucionado y siempre ha sido pionero en libertades, respeto a los derechos y fortaleza en sus instituciones. Y lo único que se necesita es aplicar la lógica: ¿quiénes ven a Estados Unidos una nación fracasada? Los que no creen en la libertad como el primer derecho para tener una vida con sentido; los que ven al capitalismo como un demonio; los que creen que el socialismo les solucionará los problemas que tanto ansían exterminar. Son esos los que hoy están detrás de Joe Biden. Un experimentado político que antes, ciertamente, era un moderado, pero que hoy representa a la izquierda de línea pura y dura estadounidense.

¿Parece imposible, no? ¿Izquierda norteamericana? ¿Socialismo en EE. UU? ¡Vaya que lo hay! No se equivoque en pensar lo contrario. Vean lo que pasó en Détroit, como las políticas socioeconómicas de corte socialistas destruyeron a esa ciudad por décadas. Las ideas siempre son y serán aplicables.

La esperanza para EE. UU, a diferencia de cualquier otro país latinoamericano, es que sus instituciones son sólidas y aún hay diversos muros de contención que impedirán que allí se aplique un socialismo destructivo, pero no evitarán que se cometan políticas económicas y sociales equivocadas, y menos impedirán que se implementen políticas exteriores a favor de tiranías socialistas. Ya pasó con Obama, puede ocurrir de nuevo.

Parece que muchos quieren pasarlo por alto: Guaidó tiene la osadía de comparar e igualar a Trump y los republicanos con los actuales demócratas. Es un descaro y una vil mentira. Quiénes sonreirán con un triunfo Biden-Harris son Castro, Ortega y Maduro junto a toda su cúpula; quiénes nos hundimos somos los venezolanos, los cubanos y los nicaragüenses. Al igual que toda la región. Que quede en constancia, esta es la elección más importante de la era moderna para nuestro hemisferio, en una esquina está un muro de contención – con todas las grietas que pueda tener Trump – y del otro está el socialismo enmascarado de “progresismo moderado”, y Juan Guaidó se puso en el medio creyendo que da igual.

A mí no me engaña, ayer la declaración de Guaidó fue clara, está más cerca de La Habana que de Washington. Trump abrió las puertas de la Casa Blanca para los venezolanos, Guaidó hace todo lo posible por cerrarlas.

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