Odio, poder y dinero

Hilda Molina concedió una extensa entrevista en la que desnudó la esencia, psique e intenciones de Fidel Castro, dictador de Cuba y mentor del continente

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Cuba
Ernesto Guevara y Fidel Castro jugando al golf. (Foto: Twitter)

Hilda Molina es cubana y neurocirujana. Fue la persona a quien Fidel Castro le confesó sus pensamientos más íntimos, la mujer a quien le propuso matrimonio. También fue quien lo rechazó, desafió sus órdenes y pudo vivir para contarlo. Fue simultáneamente admirada y torturada psicológicamente por Fidel. Por eso, ella se autodefine como “cómplice y víctima”. En pocas palabras, un ser excepcional.

Esa cercanía le permitió a Hilda conocer los planes ocultos del dictador, de conocerlo en profundidad y de analizar su perfil psiquiátrico con rigurosidad. Asimismo, es testigo directo de lo que era Cuba en la etapa precastrista y en lo que se convirtió después.

En Argentina donde se exilió, concedió una extensa entrevista a La Nación. Su móvil fue desenmascarar tanta mentira que se ha dicho sobre la Revolución cubana, precisamente, porque la conoce desde adentro. Recalca que “los que escriben la historia la han tergiversado. Reescriben y sepultan la verdadera historia”, mutándolo por un “relato”. En ese contexto, “Yo quería que el mundo supiera la verdad: gente tan despiada, tan irrespetuosa”.

Es enfática al afirmar que en Cuba había prostitución como ha habido en todas partes del mundo pero no era el prostíbulo que se dice ahora. Los servicios de salud “en realidad, eran de los más prósperos de América Latina”.

Lo cierto es que “no había razones que realmente justificaran la guerrilla. Ya se iba a sacar a (Fulgencio) Batista, los notables tenían un plan”. Por ejemplo, su familia paterna luchó contra Batista. “Lo que pasa es que Fidel sabía que si no recurría a la lucha armada, no iba a poder realizar su plan, el que siempre tuvo, que era el de perpetuarse en el poder.”

Antes del advenimiento de la Revolución, la sociedad cubana no estaba partida en dos. “Era un país de amor, de familias, de personas decentes”.

Fidel engañó a tantos, dentro y fuera de Cuba, porque era muy hábil hablando. En su discurso triunfal tras derrotar a Batista, “No habló de destruir las familias, ni de dividir a los cubanos, ni de odio. Habló del mérito y de que habría elecciones dentro de 18 meses, libres y democráticas”.

Con esa arenga logró cautivar a personas sensibles como Hilda (en ese entonces tenía 15 años). A ella le dolía el sufrimiento humano y por eso quería ser médico. No entendía por qué había cubanos que iban a la TV a pedir ayuda económica para tratarse alguna enfermedad. En consecuencia, le pareció muy humanitario el proyecto de Fidel de “salud gratuita para todos”.

La trayectoria vital de Hilda es una muestra de cómo “atrapan” a jóvenes bienintencionados -que por definición, tienen poca experiencia de vida- los aspirantes a “reyes absolutos”. Prometen erigir un “paraíso”, siempre y cuando se destruya al capitalismo.

Hilda, como tantos otros, cayó en ese engaño. En cambio su madre, desde el principio la tuvo clara: “Fidel habla con odio y nadie que hable con odio es bueno”.

Con la sabiduría que otorga el paso del tiempo, Hilda ahora se da cuenta que “si se analizan sus discursos desde el principio de su reinado, están llenas de consignas, de odio, de división. Dividió primero a los cubanos, que eso no existía en Cuba […]. El problema es que él llevaba un proyecto desde su juventud, no es que él cambió. Mientras él decía eso ya tenía un gobierno paralelo que no era el que impuso primero, que era de personas respetadas en el país. Con ese gobierno paralelo ya estaba llevando adelante su proyecto”.

Al ejercer como neurocirujana, Hilda se dio cuenta que “le estaban mintiendo a los enfermos y al mundo: era imposible que un país pequeño, aislado, tuviera la mejor ciencia del mundo”. “Era una mentira que Cuba tuviera la mejor medicina del mundo […] Era una mentira pero una muy eficaz”.

Por eso, desobedeciendo las leyes del país y a escondidas, se comunicó con especialistas extranjeros en neurocirugía para convencerlos de que financiaran un hospital de esa especialidad en Cuba para atender a los enfermos nativos. Esa decisión casi le cuesta la vida y le permitió ver muy de cerca al “monstruo” que era Fidel. El interrogatorio al que la sometió duró 14 horas. El miedo era tremendo, no tanto por su seguridad personal sino por la de su hijo (así funciona el régimen). No obstante, al explicarle Hilda su proyecto en detalle, Fidel -que era sumamente astuto- se dio cuenta de las posibilidades estratégicas que podrían derivar de ese hospital “para cubanos” y le dio su visto bueno.

A partir de entonces, estableció una relación muy estrecha con Hilda. La iba a visitar casi diariamente al centro donde trabajaba. Fue entonces que ella decidió en secreto estudiar científicamente a Fidel para construir su perfil. Ergo, anotaba en un cuaderno todo lo que hablaban. Fue así que pudo conocer tanto su auténtica personalidad como sus planes.

“Fidel era un psicópata. Él tenía los síntomas de la enfermedad esta… era narcisista, sociópata y psicópata […]. Era un alma absolutamente atormentada, incapaz de sentir empatía y cariño por nadie. Era el tipo de persona que usa a un ser humano como se usa algo desechable. Y después lo descarta, cuando digo descartar, digo que hasta podía ser quitarle la vida”.

Con respecto a sus planes, eran geopolíticos, basados en sembrar el odio y la división. Fidel decía que “los oligarcas son malos pero son bobos”. Y como mediante la guerrilla sus aliados políticos no iban a poder obtener el poder total (estaba demostrado que no funcionaba) había que usar el mecanismo de la “tonta democracia” para lograrlo.

Esa fue su estrategia y el sistema que impulsó para América Latina. Consta de lineamientos generales como cambiar las constituciones para perpetuarse en el poder, terminar con la separación de poderes, de una manera u otra liquidar las instituciones republicanas, monopolizar los medios de comunicación, y siempre señalar a un “enemigo poderoso”. Y también “el odio y la división”. “Terminar con los valores: familia, amor, convivencia, libertad […]. Sembrar el odio es muy importante”.

Una de las formas más eficaces de sembrar el odio es siguiendo las indicaciones de Antonio Gramsci (libro de cabecera de Fidel) y adueñarse de la educación popular y la cultura. “Trabajan el cerebro de la gente, las neuronas, la ideología y le capturan el alma a las personas y ya está todo hecho”.

“Vamos a cambiar el eje del mundo” -le dice Fidel a Hilda- “¿vos crees que el mundo debe seguir girando alrededor de los yanquees o de Europa?”

“¿Y cómo sería?”, le pregunta Hilda.

El centro quedaría instalado en “China, Rusia, Irán, Corea del Norte y Siria”, fue la respuesta.

Además, Fidel se dio cuenta de que había que mutar para perpetuarse. Hacer lo mismo que China: asociarse con los capitalistas inescrupulosos del mundo. “Implantar el socialismo pero vivir como millonarios y tener dinero para que la gente los respete”. Sostenía que “los chinos violan los derechos humanos pero los respetan porque tienen dinero”.

Hilda expresa que Cuba va por ese camino. Está aceptando inversiones extranjeras de la que se beneficia directamente la dictadura militar que es la que domina en Cuba. “La cúpula militar cubana es millonaria”.

Por otra parte, Hilda cuenta que Fidel siguió a Hugo Chávez desde que estaba en la cárcel y “fue muy feliz cuando fue amnistiado por Rafael Caldera. Le propone hacerle la campaña y pagársela. Y Chávez encantado”. Fidel fue quien escogió el nombre de “socialismo del siglo XXI”.

Chávez cumplió paso a paso la estrategia ideada por Castro, que es geopolítica y se basa en “el odio, el poder y el dinero”.

Hilda afirma que “los resentidos del mundo aportan a Cuba”. “A mí una vez un periodista muy inteligente me preguntó por qué tantas personas tan diferentes siguen a Fidel: modelos, artistas de Hollywood, (mandatarios, intelectuales), los pobres de la tierra. Y yo digo una cosa porque la estudié con mucha calma: todos son resentidos, todos, aunque tengan dinero son resentidos, hasta con ellos mismos, con la vida, con su país, con el dinero que tiene, son personas muy contradictorias en su personalidad. Todos los resentidos del mundo se han puesto en fila detrás de Fidel”.

Estas confesiones de Hilda Molina arrojan luz y permiten distinguir “el relato” de la verdad. Asimismo, son una advertencia para las sociedades y las personas bienintencionadas.

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