La hora de los héroes argentinos

Los argentinos están siguiendo la advertencia de Ortega y Gasset. Han comprendido que si se quieren salvarse ellos, deben salvar a su circunstancia

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¿Qué quiso decir Ortega y Gasset y cómo lo implementa Argentina? (Foto: Flickr)

En Meditaciones del Quijote (1914) José Ortega y Gasset afirma que “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”.

Este pensamiento del filósofo español es muy conocido. No obstante, frecuentemente los que lo citan se quedan en la primera parte, sin darse cuenta que lo relevante es la segunda. Su significado cabal es que las personas suelen están inmersas en determinada situación que, aunque no fue producida por ellas, las afecta. Una realidad que escapa a su voluntad. Pero -he ahí lo esencial de lo que nos dice Ortega- eso no es excusa para quedarnos de brazos cruzados. Primero, debemos desentrañar el sentido de los que nos rodea. Y, si percibimos que es algo malo, debemos luchar para encauzar nuestra circunstancia hacia algo positivo porque es la única forma de que nos salvemos de sus efectos perniciosos. Es un llamado a la acción, al heroísmo.

Ortega afirma que “héroes” son aquellos que están decididos a no admitir que la dura realidad los gobierne; los que no se contentan ni buscan excusas para la inacción. Recalca que “héroe” consiste en ser uno mismo; el rebelarse contra lo circunstante, lo tradicional. Es aquel que busca asentar en él mismo el origen de sus actos.

Esta actitud, en los libros, despierta la admiración de los lectores, pero en la práctica conlleva mucho dolor porque el éxito no siempre está asegurado. Aunque eso es en cierto modo secundario porque lo valioso -desde el punto de vista moral- es la conducta asumida y no los resultados obtenidos.

Además, se siembra una semilla ética que en el futuro, más o menos cercano, será fructífera.

Argentina se encuentra en una de esas circunstancias que claman por la presencia de héroes, porque negros nubarrones políticos se ciernen sobre el horizonte. Afortunadamente, muchedumbres han respondido a ese llamado patriótico de salvar a la república, lo cual es muy alentador.

En estos momentos el presidente (¿nominal?) de Argentina es Alberto Fernández. Ganó las elecciones por la conjunción de dos factores: por un lado, la traición del expresidente Mauricio Macri a las esperanzas que se habían depositado en él, lo que repercutió en un desastroso gobierno. Y por el otro, a que Fernández durante la campaña electoral se mostró como alguien muy diferente a como se está revelando como mandatario.

Se lo ve timorato ante la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner (¿la presidente de facto?) y poniendo en práctica aquellas medidas que en el pasado tanto criticó.

El proceder ético y político que Fernández tendría como presidente era una incógnita. Pero de a poco el panorama se va despejando y no es nada halagüeño. De Cristina ya se sabía que su intención era arrasar a las instituciones republicanas e “ir por todo”, al estilo estalinista-castro-chavista.

Stalin, cuando quiso imponer la colectivización de las tierras de los campesinos, se encontró con la resistencia de los kulaks. Ese grupo social contaba con recursos económicos y sociales (eran queridos dentro de sus respectivas comunidades) como para oponerse y diseminar la resistencia hacia el déspota soviético en las demás capas de la sociedad. Por tanto, doblegar e incluso exterminar brutalmente a los kulaks, fue la meta prioritaria de Stalin en su camino hacia el totalitarismo.

En Venezuela, Hugo Chávez se topó con una situación análoga. Su primer paso dentro de su estrategia para adueñarse de la economía de su país -posiblemente sugerida por Fidel Castro- fue expropiar a Agroisleña -empresa proveedora de insumos agrícolas y fertilizantes a gran escala – con la excusa de “la soberanía alimentaria”. Le cambió el nombre por Agropatria. Mediante el control de esa empresa, Chávez se aseguró que para poder producir los campos había que ser clientes de esa firma, con lo cual quedó en sus manos la fijación de precios y todo los demás relacionado con el agro.

Adueñarse de Agroisleña fue la cabecera de puente que utilizó Chávez, para luego apoderarse del resto de los sectores económicos y de esa manera, convertirse en el “amo” de los venezolanos.

Por su parte Cristina, tiene al campo entre ojo y ojo por razones muy parecidas a Stalin. Los productores agropecuarios argentinos fueron los que en el pasado inspiraron a otros sectores sociales y políticos para ponerle coto a sus ambiciones dictatoriales. Eso, esta aspirante a autócrata no les perdona.

Es en ese marco que hay que interpretar -la mayoría de los argentinos lo hizo adecuadamente- al reciente intento del “presidente” Fernández de expropiar a Vicentin, el gigante agro-exportador de Santa Fe, principal exportador de harina y aceite de soja de Argentina. Dicha compañía estaba en la órbita judicial porque había ingresado a concurso de acreedores. Pero Fernández, ignorando tal circunstancia, decretó la intervención de Vicentin, algo que según los expertos es inconstitucional porque viola la separación de poderes.

Claudio Fantini considera que Cristina -la ideóloga de la expropiación de Vicentin- conoce los resultados calamitosos de las expropiaciones de Chávez. Pero recalca que eso no le importa porque su objetivo “es lo que el chavismo logró al apropiarse de la empresa que proveía insumos imprescindibles a los productores rurales venezolanos: ponerlos bajo control del régimen.”

“Ese es el plan oculto de Cristina. Con una empresa de tanta incidencia en el mercado y, por ende, en las ganancias, pérdidas y producción agrícola, el sector que la derrotó en la batalla de las retenciones, ahora quedaría bajo control y terminaría de rodillas”, afirma Fantini.

Pero en la Argentina aparecieron los héroes que la hora reclama.

Uno de ellos es el juez Fabián Lorenzini -a cargo del concurso de acreedores- quien dispuso que el directorio de la cerealera vuelva a ocupar sus funciones y desplazó a los interventores dispuestos por Fernández a ser simples veedores de la firma. Mediante ese fallo, el magistrado frenó la intervención kirchnerista.

Asimismo, fueron miles los héroes que manifestaron en el evento denominado “Banderazo nacional en defensa de la propiedad”, bajo el lema «Hoy es Vicentin, mañana sos vos”. Esas multitudes rechazaron públicamente la expropiación.

Comunicadores y dirigentes convocaron a la resistencia, presentando el caso Vicentin como “la madre de todas las batallas” para impedir que Argentina se convierta en otra Venezuela. Por ejemplo, el intendente de Avellaneda, Dionisio Scarpin, expresó que “Los argentinos estamos cansado de la grieta, que tanto daño nos hizo, hace y hará en el futuro si sigue. Tenemos que seguir juntos, más que nunca, defendiendo la institucionalidad del país, la división de poderes. No nos van a vencer tan fácilmente”.

En la misma línea de pensamiento Marcelo Banchi -vicepresidente segundo de la Federación Agraria Argentina- afirmó que es del interés de todos que se encuentre una solución para que Vicentin siga funcionando. Sin embargo, “no debe haber avances sobre el Poder Judicial. Que no vamos a avalar si ese es el camino”. También les dejó claro a los gobernantes que “la empresa se debe defender en la Justicia”.

Ganar la pulseada no será fácil porque los héroes tienen ante así a un monstruo sediento de poder, venganza y sangre.

No obstante, cuentan con la ventaja de haber reaccionado a tiempo porque la experiencia venezolana les puso sobre aviso sobre las siniestras intenciones que se ocultan tras sofismas edulcoraros al estilo Chávez.

Implícitamente, los argentinos están siguiendo la advertencia de Ortega. Han comprendido que si se quieren salvarse ellos, deben salvar a su circunstancia.

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