¿Hay que Dolarizar Argentina?

Tras décadas de fallida lucha contra la inflación, la propuesta cobra nuevo vigor

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¿Hay que Dolarizar Argentina? (Cd)

Hace más o menos dos meses que el número más visto en el país es, una vez más, el precio del dólar.

Después de dos años y un poco más de tener un mercado cambiario tranquilo (tan tranquilo que ya los industriales y exportadores empezaban a quejarse) la devaluación se instaló en el país, en medio de una gran crisis de confianza que ha deteriorado todas las variables financieras.

La suba del dólar acumula más de un 50% en lo que va del año, y las expectativas de inflación pasaron de ubicarse en la zona del 20% a tocar el 30% anual en el último relevamiento de expectativas de mercado.

Para los argentinos, esta es una película que ya vimos muchas veces. Gobiernos que no cierran sus números fiscales y el resultado, tarde o temprano, termina siendo la inflación, la devaluación y la crisis.

Así que en este marco, volvió a cobrar relevancia la propuesta de dolarizar la economía.

¿En qué consiste una dolarización?

En términos concretos, dolarizar es adoptar como moneda de curso legal, la moneda legal de los Estados Unidos, que emite allí la Reserva Federal.

Para hacer esto no se necesita el permiso de ese país ni nada por el estilo. De hecho, así como hoy para intercambiar en el mercado inmobiliario los argentinos usan dólares, igual podrían hacerse todas las transacciones de la economía.

Ahora bien, para que el medio de intercambio de Argentina pase a ser el dólar estadounidense, los argentinos deberían poder cambiar todas sus tenencias de pesos por dólares.

Esto nos lleva a un primer problema operativo: ¿a qué tipo de cambio se debería hacer el cambio? Una posibilidad sería que el gobierno pusiera una fecha límite para “la muerte del peso”. En esa fecha, dejaría de tener curso legal la moneda emitida por el Banco Central y el único medio legal de pago sería el dólar.

Obviamente, eso generaría una estampida que podría hacer que el precio del billete verde salte.

Para evitar eso, lo que se hace es que el Banco Central vende todas sus reservas a cambio de pesos. Ahora bien, ¿contra qué habría que intercambiar las reservas? ¿Contra la base monetaria? ¿Contra todos los pasivos monetarios y no monetarios del BCRA?

Cada una de estas posibilidades arroja un tipo de cambio diferente. En el primer caso, el precio del dólar sería de $ 20,4, mientras que en el segundo sería de $ 45.

Como se ve, la implementación tendría alguna dificultad que afrontar.

Beneficios esperados

Al margen de estos detalles, lo cierto es que la dolarización de la economía aportaría algunos beneficios, siendo el primero, obviamente, que se terminaría con la inflación.

En el año 2000, Ecuador dolarizó su economía en medio de una inflación que llegaba a los tres dígitos anuales. Dos años después, la tasa de inflación era 9,4% anual.

Hoy es la más baja de toda América Latina.

Otro de los beneficios de terminar con la “soberanía monetaria” es que se derrumbaría la prima de riesgo país y, por tanto, la tasa de interés para que los negocios y empresas tomen crédito.

En Ecuador, el Riesgo País, que estaba en los 4.000 puntos en el año 2000, cayó a la mitad luego de la implementación de la medida.

Sin la posibilidad de devaluar y con una inflación baja, predecible y estable, se espera que los incentivos a la inversión y la producción crezcan, de manera que la dolarización no solo pueda terminar con la inflación, sino que además promueva el crecimiento económico.

Costos percibidos y punto débil

Por el lado de los costos, algunos economistas muestran reparos con la dolarización porque ésta implica la imposibilidad, para el Banco Central del país, de oficiar como “prestamista de última instancia”. O sea que, si hay una corrida bancaria, el Banco Central de Argentina no podría imprimir dólares, por lo que no podría rescatar a los bancos.

Sin embargo, de acuerdo con Myriam Quispe-Agnoli y Elena Whisler, quienes estudiaron los casos ecuatoriano y salvadoreño:

“… si bien  la dolarización limita la capacidad del Banco Central para operar como prestamista de última instancia, puede hacer que las corridas bancarias sean menos frecuentes, porque los consumidores y las empresas tienen mayor confianza en el sistema bancario local. El motivo es que la dolarización reduce el riesgo moral presente en sistemas bancarios muy dolarizados (…) Bajo la dolarización  y sin  riesgo de tipo de cambio, los bancos tendrían que manejar mejor sus riesgos de liquidez y solvencia, tomando medidas precautorias”.

Otro temor que aparece siempre es que con la misma moneda que los Estados Unidos, las empresas locales no podrían competir, todo se importaría del extranjero, y la economía dolarizada terminaría totalmente fundida producto de la competencia de extranjeros más eficientes.

Obviamente, esta crítica es infundada. Es que la competitividad no depende del tipo de cambio ni de la capacidad de devaluar de un Banco Central, sino de cuestiones estructurales, como la flexibilidad de los mercados, el peso del sector público, los impuestos, las regulaciones, el gasto público y el capital físico y humano que posea el país.

Y obviamente, aquí es donde aparece el punto más difícil sobre la dolarización.

Es que incluso cuando pueda ser totalmente eficiente como sistema para frenar la inflación, una regla monetaria como ésta no tiene efectos sobre el nivel de gasto público, el déficit fiscal y la carga tributaria de la economía.

Es decir que, en última instancia no blinda a la economía frente a las crisis.

Y esto lo puede decir muy bien la propia Argentina. Es que por una década nada menos tuvo un sistema bastante similar a la dolarización. Cuando Argentina tuvo su ley de convertibilidad, el tipo de cambio era fijo con el dólar y la inflación fue casi inexistente durante todo el período.

Sin embargo, eso no fue suficiente para atar las manos de los políticos gastoadictos nos llevaron a la crisis fiscal más demoledora de nuestra historia reciente.

Así que, para terminar: ¿sería una buena alternativa para eliminar la inflación dolarizar Argentina? Sí, sin dudas que sí.

¿Sería el fin de los problemas económicos argentinos? No, y de hecho, si atacáramos de una vez las verdaderas causas de éstos, el sistema monetario elegido no sería un tema prioritario.

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