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La “Revolución Reaganiana” que Colombia necesita

By: Jorge Enrique Gómez Pardo - @jegomezpardo - May 3, 2017, 11:23 pm
La semana pasada el Banco de la República bajó una vez más las perspectivas de crecimiento al situarlas en el 1,8 % (en 2016 fue el crecimiento fue del 2 %, en 2015 fue 3,1 %, en 2014 fue 4,3 % y 2013 fue 4,8 %). (Calicultural)

A finales de la década de los 70 los Estados Unidos pasaban por uno de los momentos más difíciles de su historia. Vivían una situación económica muy delicada a la que no le veían salida y su liderazgo global estaba en duda frente al de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En consecuencia, pasaban por una crisis de autoconfianza y había quienes decían que habían llegado a un momento de “decline inevitable”.

Respecto a la economía, pasaban por una estanflación, es decir, que el país no crecía y la inflación aumentaba. La gente y los empresarios estaban asfixiados por los altos impuestos y las excesivas regulaciones.

Con relación a la paz y la seguridad, parecía que perdían la Guerra Fría frente al bloque soviético que buscaba implantar el comunismo alrededor del mundo. La Unión Soviética parecía invencible y estaba a la ofensiva política, ideológica y militar.

Dentro de ese contexto, llegó a la presidencia Ronald Reagan. El expresidente era un hombre de fuertes convicciones frente a la libertad, sentido común y valor personal e intelectual. También equilibraba ideología con pragmatismo. En consecuencia, llegó a la presidencia con unos principios, visión y hoja de ruta claras, con propuestas sencillas y específicas para sacar adelante a su país.

Como el mismo decía,

“hay quienes dicen que el mundo se ha vuelto demasiado complejo para respuestas sencillas. Están equivocados. No hay respuestas fáciles, pero hay respuestas sencillas. Debemos tener el coraje de hacer lo que sabemos que es moralmente correcto”.

Sus propuestas fueron entonces sencillas pero difíciles, las cuales conllevaron a la “Revolución Reaganiana”.

En lo económico, llevó a cabo la más fuerte reducción de impuestos de la historia de su país, puso en marcha duros recortes al gasto público no relacionado con lo militar y la seguridad social, eliminó numerosas regulaciones y apoyó la dolorosa política monetaria antinflacionaria de la FED. Lo anterior, procurando lograr equilibrio fiscal. Hubo quienes ridiculizaron su plan económico llamándolo Reaganomics.

En lo político, envió mensajes claros a los comunistas respecto a que no les tenía miedo y a la superioridad de la libertad sobre la opresión que, bajo la excusa de la igualdad, le imponían a sus habitantes y a buena parte del mundo.

Y, paralelamente, inició un rearme sin precedentes conocido como el Military Buildup. Así, y al devolverle la confianza a la fuerza pública, aumentó la capacidad de seguridad. De este modo, pudo implementar su exitosa política de “paz mediante de la fuerza”. A Reagan le decían “guerrerista”.

Después de 8 años los resultados fueron impresionantes.

Económicamente logró una prosperidad sin precedentes. Según un reciente artículo publicado en el The Wall Street Journal, mientras entre 1974 y 1980 el crecimiento del PIB creció en promedio un 2.5 %, durante la presidencia de Reagan el crecimiento promedio fue del 4.6 %, una vez sus políticas se implementaron. Asimismo, los ingresos para el Estado crecieron a tasas de doble dígito durante 4 de los últimos 6 años de su presidencia. Finalmente, la inflación pasó del 13,9 % al 4 %.

También dejó un mundo más libre, seguro, pacífico y respetuoso de los derechos humanos y la democracia. Según su Secretario de Estado, George Shultz, al dejar su presidencia la Guerra Fría básicamente había finalizado (con la victoria de su país y de la libertad). Asimismo, acordó con los soviéticos la reducción de armas nucleares más grande de la historia y creó las condiciones para su caída definitiva pocos años después. Y como lo recuerda Dinesh D´Souza, Latinoamérica se vio particularmente beneficiada durante su administración porque varias dictaduras dieron el paso hacia la democracia.

Los éxitos de Reagan ayudan a entender porque los mercados han respondido favorablemente a la presidencia de Donald Trump. Como lo resaltó la periodista Trish Regan, “bajar impuestos funciona”. Lo demostró Reagan, lo cual también se probó en los años 60 al implementarse la propuesta de Kenedy.

¿Cómo aplica esto a Colombia?

La semana pasada el Banco de la República bajó una vez más las perspectivas de crecimiento al situarlas en el 1,8 % (en 2016 fue el crecimiento fue del 2 %, en 2015 fue 3,1 %, en 2014 fue 4,3 % y 2013 fue 4,8 %).

Además, según el Foro Económico Mundial es el sexto país con impuestos más altos del mundo y estos son el principal obstáculo para hacer negocios en el país.

Igualmente, se han vuelto permanentes las quejas de los ciudadanos y los empresarios frente a la inseguridad, la inestabilidad jurídica y regulatorias, lo cual se ha reflejado en importantes indicadores económicos.

Asimismo, el déficit de pie de fuerza en las ciudades es grande, los narcocultivos -el combustible de la violencia en Colombia- se cuadruplicaron y las FARC siguen delinquiendo. El ELN, igualmente, continua con su accionar criminal, entre otros mediante asesinatos y ataques a la infraestructura.

Y, por si fuera poco, tenemos la Constitución de las FARC -arbitrariamente impuesta por Santos, sus aliados y las FARC- que amarra cualquier política de los próximos gobiernos al contenido del Acuerdo ilegítimo populista.

Por lo tanto, Colombia deberá, paralelamente, fortalecer su capacidad frente a la seguridad, bajar impuestos, dar estabilidad a la inversión, recortar el gasto público que no sea para la seguridad social, y eliminar las regulaciones innecesarias.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez, en cuyo gobierno se aplicaron exitosamente múltiples medidas bajo ese espíritu según las circunstancias colombianas y su propio estilo, esta semana comenzó a exponer propuestas económicas al señalar, por ejemplo, que:

“Colombia necesita apoyar al trabajador y al empresario. Ambos están frenados en sus potencialidades por los altos impuestos, el derroche y la corrupción. Lucharemos por una baja sustancial de impuestos y un aumento significativo de salarios”.

Pero para ello también deberemos derogar la Constitución de las FARC. Solo así los colombianos recobraremos plenamente nuestra libertad -usurpada- para escoger las políticas que consideremos nos convienen. Esto independientemente de si a las golpistas FARC con su Socialismo del Siglo XXI de Chávez y Maduro les parece o no.

Jorge Enrique Gómez Pardo Jorge Enrique Gómez Pardo

Jorge Enrique Gómez Pardo es colombiano, abogado con opción en administración de empresas de la Universidad de los Andes y LL.M. en derecho penal internacional de la Universidad de Utrecht, Holanda. Ha sido activista político desde hace más de 15 años, lo cual ha combinado con su ejercicio profesional. Síguelo en @jegomezpardo

¿Contra-Ilustración del siglo XXI? La nueva filosofía cultural de la política estadounidense

By: José Azel - May 3, 2017, 10:13 pm
(DicenPunto)

La filosofía cultural de una nación determina su reacción a los retos que enfrenta. Los cursos de acciones políticas que una nación elige fluyen de las ideas dominantes que sostiene, lo que significa que la relación entre filosofía y políticas es directa y práctica. Estados Unidos se fundó bajo la filosofía del siglo 18 de la Ilustración o Edad de la Razón, que abarcaba un conjunto de ideas estableciendo la razón como fuente primaria de autoridad y legitimidad. Esas ideas fijaron el rumbo de las revoluciones políticas de los siglos 18 y 19 que concentraron el objetivo del Gobierno en la protección de los derechos individuales. Lea más: Donald Trump considera sacar a Estados Unidos de tratado de libre comercio NAFTA Lea más: Trump promete obtener fondos para muro en 2018 mientras gasta USD 1.200 millones en seguridad fronteriza Nuestra Declaración de Independencia descansa en las ideas políticas del precursor filósofo de la Ilustración John Locke. Nuestros conceptos de gobierno limitado y la requerida separación de poderes vienen de El Espíritu de las Leyes (1748), de Montesqieu, y Adam Smith nos dio la lógica del libre mercado en La Riqueza de las Naciones (1776). La genialidad de los Padres Fundadores fue convertir esas filosofías de la Ilustración en acciones para crear una nación-Estado. En el siglo 19 y comienzos del 20 los filósofos europeos, en un movimiento conocido en inglés como Contra-Ilustración, abandonaron los ideales de la Edad de la Razón por la creencia de que la intuición y los sentimientos eran más importantes que la razón. Los principios de los derechos individuales y gobierno limitado fueron reemplazados por el colectivismo y por Estados todopoderosos, en varias manifestaciones de nacionalismo cultural. Los filósofos de la Contra-Ilustración reemplazaron los derechos individuales por la “voluntad general” del colectivo. La glorificación nacionalista de la nación-Estado, que acompaña al colectivismo, avivó la hostilidad entre naciones, pavimentando el camino para dos Guerras Mundiales, que, a su vez, fueron seguidas por la propagación de dictaduras comunistas a través del mundo. En EE.UU., como señaló Michael Dahlen en Las Raíces del Capitalismo y el Estalinismo en Occidente, las ideas de la Contra-Ilustración “minaron el compromiso de los americanos con los principios fundacionales de la nación sobre derechos individuales y Gobierno limitado”. Prominentes izquierdistas americanos postrados ante la planificación centralizada soviética, aduladores del experimento socialista en Cuba, China y Vietnam, y de déspotas como Mao Tse-Tung, Fidel Castro y Che Guevara, impregnaron la cultura americana con las ideas de la Contra-Ilustración, mientras se expandía el rol del Gobierno menoscabando nuestros valores y nuestros derechos individuales. Al comienzo del siglo 21 la cultura política americana vive más bien un estado de confusión filosófica. Las versiones actuales de las ideas filosóficas de la Ilustración y la Contra-Ilustración son los movimientos de globalización y contra-globalización. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); }); La globalización, supuestamente un movimiento amistoso con los negocios, favorece movimientos más fáciles de bienes, capital y personas a través de las fronteras. Conceptualmente, la globalización reduce la importancia de fronteras y naciones-Estado. Del otro lado, la contra-globalización es una idea anti-negocios y anti-consumismo, opuesta a la integración de mercados y generadora de gran antipatía hacia las corporaciones multinacionales. Conceptualmente, la contra-globalización incrementa la importancia de las naciones-Estado. Si tratamos de descifrar filosóficamente esas posiciones, sorpresivamente encontramos que los jóvenes protestando contra la globalización caen dentro del campo nacionalista de la Contra-Ilustración basados en su rechazo a la globalización. De hecho están diciendo que la nación-Estado y las fronteras importan, y proponen recuperar de las malvadas corporaciones multinacionales la soberanía nacional sobre el comercio internacional. De hecho están citando, imagino que para su propio espanto, la visión del Presidente Trump de que “…no existe algo como un himno global, una moneda global o una bandera global. Yo represento a Estados Unidos de América”. Estamos siendo testigos en Estados Unidos de un contragolpe populista a la globalización donde las tradicionales Izquierda y Derecha se alinean incoherentemente sin darse cuenta. En esta crisis de identidad, la premisa no identificada del alineamiento parece ser el reconocimiento implícito  que en el siglo 21 nuestros intereses geopolíticos y económicos son inseparables. La creciente relación entre filosofía y política todavía no está clara, pero apunta a una filosofía cultural consistente en una alternativa democrática secular a la globalización. Es una peculiar filosofía cultural EE.UU.-céntrica que, como la Ilustración, se fundamenta en libertades individuales, pero como la Contra-Ilustración, exalta los valores nacionales.

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