¿Puede mejorarse la democracia?

El sorteo es más democrático que las elecciones porque una muestra seleccionada al azar refleja más acertadamente la composición de la población.

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Sortear es un proceso de selección menos corrompible porque no es fácilmente manipulable por dinero, poder o estatus. (Flickr)

A la mayoría nos alegra vivir en democracia. Sin embargo, podemos pensar que nuestra democracia no nos representa o no funciona. Entonces, ¿podría mejorarse la democracia?

La “Ley de Hierro de la Oligarquía” es una teoría política desarrollada por el sociólogo alemán Robert Michels para explicar cómo organizaciones complejas, independientemente de cuan democráticas hayan comenzado, evolucionan inevitablemente hacia oligarquías. Las democracias representativas se degradan en élites reguladoras producto de esta “ley de hierro”.

Según Michels, las necesidades tácticas y técnicas de las organizaciones requieren que sean dirigidas por una casta de líderes. Estas castas de líderes terminan dominando la estructura de poder de la organización. Las democracias representativas no pueden evitar regirse por élites.

Hemos llegado a creer que elegir representantes por voto popular es elemento sacrosanto para gobernar democráticamente, pero varias incitantes ideas proponen reimaginar la democracia reemplazando el tradicional proceso de votación. Una propuesta interesante para una democracia futura es seleccionar por “sorteo”.

“Sorteo”, “asignación” o “lotería” es una forma democrática de selección donde los representantes del Gobierno son escogidos al azar. Este concepto de seleccionar al azar dentro de una bolsa mayor de candidatos cuenta con un distinguido linaje que inició en la democracia ateniense (507-232 AC), Venecia (1697-1797), Florencia (1328-1434 y 1494-1512) y Suiza (1640-1837).

Ejemplos modernos se encuentran mayormente en la selección de jurados, donde los potenciales miembros se deciden al azar entre una población calificada y entonces son escrutados para determinar sus capacidades e imparcialidad (voir dire). También se han utilizado selecciones al azar para crear asambleas ciudadanas para asesorar sobre propuestas políticas.

El sorteo es más democrático que las elecciones porque una muestra seleccionada al azar refleja más acertadamente la composición de la población sobre características personales, preferencias políticas y circunstancias económicas. Consecuentemente, la legislación de un parlamento seleccionado al azar es más probable que refleje los puntos de vista de la población en su conjunto.

Sortear es un proceso de selección menos corrompible porque no es fácilmente manipulable por dinero, poder o estatus. Los atenienses consideraban las elecciones aristocráticas y corruptas. Como expresó Aristóteles: “Son democráticos los funcionarios públicos seleccionados por sorteo; y oligárquicos cuando son escogidos por elecciones”.

Los defensores modernos del sorteo también señalan el fenómeno de la diversidad cognitiva. Los estudios muestran que la diversidad cognitiva es más importante para desarrollar ideas exitosas que el nivel de habilidad de un grupo. Dicho simplemente, personas de inteligencia promedio seleccionadas al azar a menudo logran más que un grupo de los más talentosos solucionadores de problemas.

La mayoría de las asambleas legislativas electas muestran diversas inclinaciones sobre raza, religión, sexo, etc. Bajo un amplio esquema de sorteo ciudadano para cargos públicos, las personas comunes no tendrían que competir contra poderosos adversarios favorecidos por ventajas socioeconómicas o políticas. El sorteo es inherentemente más igualitario que las elecciones y ofrece a todos los ciudadanos una oportunidad igual de servir en cargos públicos. Supera inclinaciones sociales y el problema de la sobrerrepresentación en elecciones de los grupos más políticamente activos.

Bajo la mayoría de los sistemas electorales los funcionarios electos dependen de partidos políticos para ganar sus cargos y tienden a emitir sus votos dentro de líneas partidistas. Su lealtad se divide entre su partido y sus criterios personales. Un funcionario seleccionado por sorteo no tiene que agradecer su cargo a nadie. Es leal a su conciencia exclusivamente.

Por supuesto, antes de una selección al azar, la bolsa de candidatos debe definirse. Muchos métodos se han propuesto para seleccionar entre toda la población o entre subgrupos definidos por educación, experiencia, pruebas, etc. Modernas tecnologías de computación posibilitan tales sistemas de calificación, haciendo el sorteo técnicamente viable. Si esos sistemas de computación hubieran existido cuando los Padres Fundadores diseñaron nuestra democracia, sospecho que Thomas Jefferson hubiera defendido el sorteo.

La democracia progresó cuando abandonamos la noción de que los reyes habían sido ungidos por Dios. Similarmente, el sorteo es una modernización de la democracia que nos resulta incómodo porque requiere repensar el concepto de votación. Pero recordemos que utilizamos sorteos para seleccionar jurados con poderes para decidir sobre la vida o la muerte. Y, además, el sorteo implica una característica extremadamente atractiva: no necesita políticos.

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